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Adviento: espera y esperanza.

  Escribe: Angélica  Diez, Misionera  de la  Inmaculada  Padre  Kolbe, Olavarría.


Hoy en la Iglesia se inicia un nuevo año litúrgico, es decir, un nuevo camino de fe del pueblo de Dios; es  el  tiempo de  Adviento de  cuatro semanas en preparación a celebrar la Navidad. Adviento viene del latín “ad-venio”, que quiere decir “venir, llegar.  Está dividido en dos partes: en  las primeras dos semanas meditamos  sobre la venida final del Señor, cuando ocurra el fin del mundo; mientras que las dos siguientes nos vamos  adentrando sobre el nacimiento de Jesús, en  Belén.

            Adviento;  podríamos   decir,  se    desarrolla  entre espera  y esperanza. Es tiempo de preparación para la celebrar “al  Emmanuel,  al  “ Dios  con  nosotros”, centrando nuestra contemplación en Él, así como también en María, su madre, que en obediencia libre llevó en sus entrañas a la segunda Persona trinitaria hecha hombre. Una preparación que nos lleva a dejar las obras del pecado y a vivir la luz del Evangelio.

            La primera visita  se produjo con la Encarnación, el nacimiento de Jesús en la gruta de Belén; la segunda la  vamos  descubriendo en el presente: el Señor nos visita continuamente cada día, camina a nuestro lado y es una presencia de consolación; y habrá  una tercera y última visita, que  mencionamos  y profesamos cada vez que recitamos el Credo: «De nuevo vendrá en la gloria para juzgar a vivos y a muertos».

             Entre  espera y  esperanza, “danza”  la  alegría de  celebrar el  8  de  Diciembre  la  Solemnidad   de la  Inmaculada  Concepción de María, la criatura preciosa  que  Dios  se eligió  por  Madre. Si, el  Adviento, “estalla  en  gracia  y  en  luces ”  cuando  celebramos  a María. En  Ella  se  da plenamente la espera  y  la  esperanza .¿Quién  es  Ella? Nos  lo  dice  el  padre  Kolbe: “Por sí misma María no es nada, como las otras criaturas; pero por obra de Dios es la más perfecta entre las criaturas. La más perfecta semejanza del ser divino en una criatura puramente humana. (…) Su unión de amor con Dios llega a tal punto que Ella llega a ser Madre de Dios. (Agosto de 1940).

            Entre  espera  y  esperanza se  necesita  un  refuerzo: “la  vigilancia”. “ Ese estar vigilantes, atentos a nuestro prójimo en dificultad, a   vencer  la  indiferencia, a dejarnos interpelar por sus necesidades, sin esperar que él o ella nos pida ayuda, sino aprendiendo a prevenir, a anticipar, como Dios siempre hace con nosotros”.(Papa  Francisco).

¡Buen   camino,  entre   espera  y  esperanza!

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