Adviento, hacer memoria

(*) Angélica Diez, Misionera de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.

La liturgia católica designa el periodo de cuatro semanas que antecede a la Navidad con el nombre de “Adviento” (Venida). Es un tiempo en que nos preparamos espiritualmente para rememorar y celebrar Navidad, la llegada del Hijo de Dios, como un niño pequeño, humilde… “un niño que nace en la dura pobreza de un pesebre y es visto en pañales y rodeado de pastores: “Allí está Dios, en la pequeñez”. (Papa Francisco).


Adviento es tiempo de espera de Alguien que está por llegar, por lo mismo es también un tiempo de preparación para recibir a Quien se espera. Dios esperó muchos siglos el encuentro pleno con la humanidad, su creación, a través de su Hijo Jesús. Esperó guiando a su pueblo, educándolo, animándolo, dirigiéndolo para que pudiera recibir al Prometido desde el principio. María esperó nueve meses el nacimiento de su Hijo, que es el Hijo de Dios y el Salvador. Mientras esperaba se preparó para recibirlo.
Adviento, es el tiempo reservado en nuestras vidas para reflexionar y meditar; vivir y recordar la historia del Nacimiento de Jesús. Un tiempo especial para pensar sobre el sentido de nuestra vida personal, familiar y social. Es memoria de la Encarnación, de las maravillas de Dios, tiempo privilegiado para los cristianos que nos invita a recordar el pasado, a vivir el presente y preparar el futuro. Nos interpela a vivir vigilantes, caminando en la justicia y en el amor por los caminos del Señor. Es tiempo de ofrecer hospitalidad recibiendo a las personas en nuestra casa, en nuestra comunidad, pero sobre todo en nuestro corazón. Es presencia encarnada del cristiano que cada vez que hace el bien, reactualiza la
Encarnación y la Natividad de Jesucristo.


  “El Adviento es el tiempo para hacer memoria de la cercanía de Dios, que ha descendido hasta nosotros”. Por ello, el primer paso de la fe es decirle al Señor que lo necesitamos, necesitamos su cercanía. «Es también el primer mensaje del Adviento y del Año Litúrgico, reconocer que Dios está cerca, y decirle: “¡Acércate más!”. Él quiere acercarse a nosotros, pero se ofrece, no se impone». El Adviento nos recuerda que Jesús vino a nosotros y volverá al final de los tiempos, pero nos preguntamos: ¿De qué sirven estas venidas si no viene hoy a nuestra vida? Invitémoslo. Hagamos nuestra la invocación
propia del Adviento: «Ven, Señor Jesús» (Ap. 22,20). (Papa Francisco). Sea el Adviento, un tiempo propicio para hacer memoria ejercitándonos en lo cotidiano de nuestros encuentros, en un diálogo, en un abrazo, en el compartir lo mejor de cada uno . ¿Qué necesitamos para ello ?“Respirar la verdad de las buenas historias: historias que construyan, no que destruyan; historias que ayuden a reencontrar las raíces y
la fuerza para avanzar juntos y la verdadera historia, para nosotros es la Buena Noticia: ¡Jesús viene en Belén como uno de nosotros! ¡Ven, Señor, Jesús! Tócanos el corazón, para salvarnos y reconducirnos hacia lo que es realmente importante”. (Papa Francisco).

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