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Cada vez mayor impunidad

Por Carlos Paladino

Y entonces Pilatos preguntó a la multitud – ¿A quien suelto? El pueblo clamaba ¡A Barrabás el ladrón!¿Tanto daño hacemos los habitantes de este bendito país para ser castigados del modo en que lo somos? 

¿Son el montón de faltas acumuladas durante décadas, siglos? Somos un país creyente – mayoritariamente – de la  Iglesia Católica a la cual sostenemos; el vicario de Dios en la tierra es argentino. Y, con todo eso a favor, no conseguimos disfrutar de una semana, en donde se perciba un clima de calma ciudadana, sin expectación, sin que la congoja interior nos atosigue; en fin, un poco de tranquilidad. ¿Es mucho pedir gozar de unos días como tienen los  “países aburridos”?  ¡¿PERO,NO?!. Estamos cubiertos por gobernantes y cierta oposición que no le va en zaga en ineficacia e irresponsabilidad, que se han empeñado en convencernos de que la ansiedad y la incertidumbre son los mejores remedios para conservar el cerebro ágil y activo. No se confundan, no lo hacen de malos que son, los inspira aquello de “Mens sana in corpore sano” . .


Creíamos que la trifulca desatada por la nómina de vacunados privilegiados de la clase política generalizada comenzaba a esclarecer el panorama pandémico, cuando nos dimos cuenta que el desorden recién comenzaba, Algunos nombres de agraciados se sumaron a los ya conocidos y, muchos estamos esperando que una lista pormenorizada de inoculados se difunda. Es importante conocer quiénes la integran. El bullicio de las elecciones se hace más grande y, de seguro, algunos vacunados a dedo estarán a la espera de ser votados o reelegidos. Sería bueno recurrir a la vieja práctica de escribir esos nombres en un cuaderno para no olvidarnos, ¿vio?. Asimismo, sería bueno castigarlos porque sin ser esenciales, pusieron el brazo que le correspondía poner a un trabajador de la salud, a un maestro, o peor, a un anciano que se murió. ¿Parece trágico?. ¡Es una tragedia!. Para ellos sería una sanción  ejemplar, una condena para no olvidar y sentar precedentes. El informe de Noticias ONU, fue explícito: “No podemos permitirnos que las vacunas del COVID 19 tarden 10 años en llegar a los países pobres” Si bien estamos comprendidos en la América Latina pobre, la recomendación no evidencia prioridad para los funcionarios acomodados.


Lo que definimos como clase (privilegiada) política es ahora un estamento caduco, reemplazado por la casta política. Para formar una casta, es necesario reunir en una especie animal determinadas características de una progenie heredada. Una casta en la India es una clase social en la que vive una persona sin posibilidades de escalar en el rango social o de salir de ella. En cierto modo, hay cierto vínculo con la casta política; ésta, no pretende salir nunca de ella. Sobre lo que atañe a la “casta privilegiada” algunos ensayos nos enseñan que este estamento provoca la ruptura con las normas de igualdad y equidad de una sociedad democrática. Se hace hincapié en los miembros del Congreso que gozan, dentro del marco constitucional, de privilegios que equiparan y hasta sobrepasan los del Presidente, Ministros, etc. Esta nueva casta avanza sobre los altos mandatarios con la complicidad y a expensas de decisiones inconsultas con el soberano (nosotros). Fijación de sueldos, fueros, prebendas especiales, sujeción laboral a pautas arbitrarias, etc. Carlos Salvador La Rosa, (Diario Los Andes) se interesó por el tema, y dijo  que los periodistas Antonio Stella y Sergio Rizz son autores de un libro llamado “La Casta, Así se han convertido en  intocables los políticos italianos” (2008) que hizo furor de ventas.  Del mismo se desprende la siguiente frase: “Cuando los partidos políticos se convierten en castas de profesionales, la principal campaña antipartidos sale de los mismos partidos” Abreviado: los abusos incontrolados de los partidos políticos surgidos del sistema democrático, son los causantes de su propio desprestigio y posterior caída. Es un ALERTA a tener en cuenta.


El régimen político argentino no necesita aprender de maestros ciruelas. Ya se trate de legisladores de la mejor prosapia o de concejales circunstanciales, todos conocen de la importancia de pertenecer a una casta política que no se detendrá en chequear su curriculum vitae, ni tampoco los méritos conseguidos antes de saciar su pretensión de dirigirnos. La casta privilegiada del partido gobernante va por algo más que un simple mejoramiento estamental; sus desvelos atienden al albedrío de la Dinastía iniciada por el ex presidente Néstor Kircher y que hoy incluye a su hijo Máximo, aspirante al sillón presidencial y sucesor dinástico. 


En conclusión: la “casta privilegiada” parece fuerte y con voluntad propia, sin embargo está supeditada a la  Dinatia Kirchner (Cristina) y a La Cámpora (Máximo) principal cuadro estratégico del kirchnerismo militante. Coalición peronista que se ha apropiado del gobierno argentino. La presidencia de Alberto Fernández se reduce a esperar y cumplir las órdenes de la familia Kirchner. No es un artilugio ocasional del gobierno, así fue concebido por la señora Kirchner y así se está llevando a cabo, con un presidente estoico que pone su integridad buscando defender las macanas propias y ajenas, como en el reciente escándalo de las vacunas camporistas, los abusos legislativos y el asalto, por ahora contenido, al Poder Judicial. Pero, lo más importante de toda esta maquinación, es el dinero o los bienes de los cuales pueden disponer para comprar adictos inescrupulosos y votos imprescindibles puestos al servicio de la impunidad peronista.
    Observamos gente cada vez menos complacida, lo cual no significa un cambio de situación         . 

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