Cuando el tercer tiempo es asesino

El asesinato de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell desnuda una trama de violencia y machismo desmedido. El análisis de especialistas sobre la violencia que mata.

Fernanda Alvarez – Luciana Pedernera / Agencia Comunica

Madrugada de verano, fría. En pocas horas los primeros rayos de sol darán comienzo a un nuevo día que perderá sentido para quienes fueron parte de esa vida que se está yendo en una vereda de Villa Gesell. Una vida arrebatada por una patota que, con golpes de puños y patadas a traición, golpean a un cuerpo sin fortaleza y lucidez para defenderse.


Son dos o tres los que ejercen esa brutalidad. Es uno el que no se defiende. Otros seis o siete no permiten que algunos intenten frenar la situación. Otros, más lejos, filman y no saben que su video se convertirá en prueba definitoria. Es verano, son vacaciones y lo que empezó en una salida nocturna terminó en una familia (o quizás más de una) quebrada por el dolor, y una vida de 18 años fulminada en apenas unos minutos. Y en manos de otros jóvenes, de la misma edad, que apenas si salieron de su nido materno. No para crecer, sino para matar. Y, quizás, terminar de “madurar” en la cárcel.

Hace una semana la historia del asesinato de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell, en manos de deportistas -¿deportistas?- conmocionó y hoy sigue estremeciendo. ¿Que despierta una violencia tan brutal como para llegar a matar? ¿Es posible ejecutar a otro impunemente, a los golpes, en la calle, frente a cientos de personas que se detienen a filmar como si fuera una escena de película? ¿Por qué los rugbiers, que se ocupan de que su tercer tiempo sea de compañerismo, generan peleas grupales fuera de los clubes que no protagonizan otros deportistas? Fuerza, masculinidades hegemónicas y violencia, un combo que mata.

Al extremo

El Doctor en Antropología Juan Pablo Matta diferencia el conflicto de la violencia extrema: “el conflicto hasta puede ser constructivo. La violencia está en otro lugar. La violencia nunca se da en el vacío social. A veces se piensa como un hecho de irracionalidad, pero tiene racionalidad en un contexto determinado”.

La psicóloga Valeria Di Giano coincide: “estos chicos tienen una crianza y un modo de actuar tanto en su casa como en la sociedad donde ser violento parece ser que está permitido, que se puede. Pero estos chicos estando solos, cada uno por su lado caminando por Gesell, ¿hubiesen matado otro chico? No, es muy probable que solos no puedan y es más: lo repudiarían”. Pero el grupo y el consumo de alcohol o drogas “genera una liberación y hacen levantar la inhibición, entonces no ayuda en nada”.

Lejos de una sociedad empática, estos episodios se sufren en contextos individualistas y competitivos. El hecho que generó tanto dolor sucede “en una sociedad que reemplaza la cooperación por la competencia, el individualismo por la solidaridad, cuando no se trabaja desde pequeños los compromisos éticos con el otro, cuando el mundo adulto tiene dificultades múltiples para cuidar, proteger, establecer límites y decir que no en la paternidad y maternidad. Todos estos son aspectos que colaboran para que un chico de 20 años entienda su condición de construir su identidad varonil a partir de la violencia”, establece el Dr. Matta, especialista en estudios de mediación de conflictos.

Esa identidad es la que está en crisis. Porque la subjetividad se construye a partir del vínculo con otros. “Y el vínculo primario se edifica con los primero afectos, los primeros círculos mamá/papá. Ahí es donde nosotros tenemos que preguntarnos qué pasa con la amorosidad, que pasa con el ser amoroso. Porque nosotros hoy vemos papas que cada vez quieren poner menos límites, las cosas no suceden porque suceden. Hoy el psiquismo colectivo se basa en la anomia, en un tipo de vínculo donde vos podes tirar botellas al aire y la gente sigue pasando música y festejando. ¿Cuál es la explicación de esto? ¿cualquier persona en manada es violenta? No, para nada. Para mí el punto más importante es responsabilizar a los adultos que criamos chicos. Porque los adultos cada vez nos corremos más de las escenas hasta desaparecer ¿en dónde? En nuestro propio teléfono, en nuestras relaciones sexuales, en nuestros consumos, los adultos estamos cada vez más pensando “hay tenemos 50 años somos jóvenes”. Y con 50 años no solo que no sos joven, sino que además sos responsable de lo que el otro ve y de lo que el otro hace”.

Como una cuestión territorial y de poder, la masculinidad se ha construido históricamente a partir de peleas, conflictos, fuerza física. Por eso la licenciada en Comunicación Social Florencia Caro, feminista, asegura que “los varones comienzan a lidiar las primeras instancias de su vida con la idea del macho. Hay un fuerte estereotipo asociado a la potencia física, a pelear, a resolver las cosas a las trompadas para reforzar que sos varón. El rugby tiene el tercer tiempo que favorece espacios de amistad pero cuando empezás a indagar hay cuestiones vinculadas a las masculinidades hegemónicas”.

Y entiende que los clubes “tienen una gran responsabilidad para habilitar espacios y protocolos para las nuevas masculinidades. El varón no nace violento”. Pero hay deportes ejercido por varones donde hay un culto del uso de fuerza física ¿como manejar eso en adolescentes y jóvenes?
“Todos los seres humanos necesitamos construir seguridad. Esa seguridad se construye de muchas maneras y a veces a partir de la violencia.

Pareciera que ser hombre se asocia a poder establecer posiciones de manera violenta”, agrega el Dr. Matta.

A eso se suma el comportamiento grupal, el ser parte de la agresión o ser parte de la observación sin hacer nada. O peor aún, haciendo a partir de la grabación de esa pelea.

En uno de los videos que se viralizaron se escuchan risas y comentarios como “uhh, lo están cagando a palos”. Y ahí quedó, sin pensar siquiera que Fernando podría haber sido cualquiera de los que estaban filmando.

“Miramos el dolor ajeno, miramos lo que le sucede a otro con indiferencia. Ojalá que con la muerte de Fernando empecemos a pensar de otra manera. A mí me da un poco de miedo a veces porque en realidad esto ya ha pasado en otras circunstancias. No sé si aprendimos”, dice la psicóloga Di Giano.
Porque ¿y ahora qué? ¿Que sucede más allá de los análisis? ¿Cómo se evitan situaciones como estas? Como cientista social, el Dr. Juan Pablo Matta analiza que “ la modificación de la sociedad puede producir cambios aunque sea difícil. Lo que sí me queda claro es que para trabajar sobre la violencia se debe hacer en múltiples planos, si solo se va a hacer previniendo el alcohol no tiene alcance. Pienso que estos chicos han crecido en los últimos años en Argentina en procesos políticos que reactivaron lo que se llama ´la grieta´ y con 20 años han estado escuchando mucho odio que ha penetrado en Argentina tremendamente y que pueden derivar en acciones como estas. Hoy se necesitan políticas públicas que se basen en cosas serias y no en coyunturas”.

Y se necesita entender, con urgencia, que la vida del otro es también la propia.

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