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Del potrero a la gestora de proyectos para insertar jóvenes

Myriam Ayalef es una referente del barrio Lourdes. Hace 20 años comenzó a movilizarse para que chicos y chicas tengan una canchita donde jugar al fútbol. Después, todo se fue expandiendo de acuerdo a las necesidades que se manifestaban. Hoy, su labor en el barrio es fundamental.


Santiago Garralda- Agencia Comunica

Myriam tiene 52 años y ocho hijos. Es la referente y líder social de un barrio que históricamente estuvo muy marginado y estigmatizado. Ella hace pasteles, roscas y tortas fritas para vender.  Es artesana y participa de actividades culturales. Le encanta transmitir sus conocimientos a los chicos para que puedan aprender a realizar distintas actividades. Así, trata de generar espacios de encuentro, de contención.  En esta nota, un recorrido por su camino de lucha, impulsado por sus sueños y el deseo de ayudar.

-¿Por qué empezaste a ayudar? ¿Qué te motivó?

-Empezamos con una vecina, que en ese entonces mi ex marido y ella integraban la junta vecinal. Esta se interesaba por otras prioridades para el barrio, pero yo tenía mis hijos -dos varones de 12 y 14 en ese entonces- y no había un espacio donde jugar al fútbol. Jugaban en la calle y los vecinos se molestaban. Eran muchos chicos en el barrio  y no había tampoco una placita. Si había un espacio que era un terreno fiscal, dónde alguien colocó dos arcos. Pero nadie lo limpiaba, estaba abandonado. Entonces, nos dirigimos a la municipalidad a hablar con el intendente Helios Eseverri y le planteamos la necesidad de un espacio para una canchita y de una plaza.  Nos mandó a limpiar el terreno, nos cedió el espacio en forma provisoria para que empezáramos. Estaba el pasto alto y como los adultos no se engancharon, de a poco,  limpiamos el terreno con los chicos. Ellos estaban entusiasmados y eso me daba más ganas de lograr ese espacio. Igualmente, ya teníamos un potrero que estaba ubicado en calle 15 entre Fassina y Trabajadores, pero ese lugar estaba rodeado de eucaliptos y ocupaban mucho espacio. Le volvimos a pedir al intendente si nos podían limpiar el espacio, sacar aquellas plantas y cercar el lugar. No lo cercó pero un día aparecieron las máquinas, sacaron los árboles y rellenaron el lugar. Quedó una cancha grande, que se llenaba de chicos de todas las edades.

-Después comenzaste a acompañarlos vos a torneos de fútbol. ¿Cómo fue ese proceso? 

-Con los chicos hicimos una carta y la llevamos a la Dirección de Deportes. Pedimos un profesor y poder participar en los torneos barriales. El director de deportes, Gabriel Rosato, nos atendió, vino al barrio  y conseguimos que mandaran un profesor.  Pero nos pedían una persona para que fuera el líder barrial, tenía que trabajar ad honorem . Y se consiguió una persona. Pero después se cansó, los chicos no le hacían caso. Y sin líder que los acompañara no podían participar. Yo igual siempre los acompañaba. Empezaron a participar en los torneos que en aquel entonces se hacían en las canchas del Acofao.Cómo no conseguimos otro líder, yo seguí acompañando. Ellos me seguían a mi, yo no sabía nada de fútbol. Ellos me enseñaban todo. También les hice las primeras camisetas. Eran más de 20 camisetas confeccionadas por mi, con la inscripción “Defensores de Lourdes». Y así comenzamos a recorrer barrios donde se hacían encuentros de fútbol. Íbamos a barrios vecinos como el Progreso,12 de Octubre, el Provincial.

-En ese contexto, empezas a ofrecerle una merienda a los pibes en tu casa, ¿verdad?

-Si, los chicos iban a mi casa. Se juntaban y hacíamos tortas fritas, mate cocido, a veces pizzas. Las puertas de mi casa se abrieron para ellos. Incluso, cuando íbamos a los torneos pasaba el colectivo a buscarlos a las 9 de la mañana y algunos chicos dormían en mi casa, se tiraban colchones y se quedaban.

-¿Hacían alguna otra actividad?

– Conseguí un grabador y les ponía música y los fin de semana se juntaban a bailar, siempre sanamente. También organizamos fogatas de San Juan y San Pedro; íbamos al parque, los llevaba en verano a la pileta de “La Máxima”. Les conseguía ropa ,zapatillas. Durante casi 8 años fue así, pero después se enfermó mi madre de cáncer, tuve un hijo con problemas de salud y tuve que dejarlos.

-En su momento, hubo una suerte de emprendimiento para buscarle una salida laboral a los pibes. ¿De qué se trataba?

-Solicité un subsidio para comprar herramientas para los pibes de 18 años, para que pudieran tener una salida laboral. Les compré una desmalezadora y algunos cortaban pasto. Después con el subsidio compré un compresor, una hidrolavadora, una aspiradora y otras herramientas. Les conseguí a través del Centro Laboral 403 un profesor que venía al Territorial 1, que les enseña a soldar. Yo también los acompañaba haciendo pizzas, tortas fritas y les cebaba mate, mientras ellos aprendían a soldar. Hicieron parrillas y varias cosas más. En la Facultad de Ingeniería daban un curso sobre cómo armar un microemprendimiento. Fui a hacer el curso por ellos,pero como dejé de acompañarlos, no fueron más. Después,  uno de los muchachos ofreció su casa para trabajar lavando autos y llevé las herramientas, pero alguien se robó algunas de ellas. Como yo siempre tuve pibes y niños de todas edades, decidí vender las herramientas y seguir con los más chiquitos. Después de cuatro años así  no seguí, o sea durante cuatro años dejé los deportes, seguían los chicos viniendo a mi casa, pero no iba a entrenar ni participaba en los torneos. Pero hace ocho años que volví de nuevo a pedido de los mismos pibes, esta vez con más ganas todavía.

-Te nominaron al Premio Dina Pontoni… y lo ganaste

-Si, hace tres años la directora  de la Escuela N° 6,  Gabriela Alvarez,  me nominó para el premio Dina Pontoni por mi trabajo como líder barrial y nos dieron el premio. Con este reconocimiento, se me abrieron nuevas puertas: la sociedad de fomento Provincias Unidas me ayudó con un evento, una Varieté, donde se recaudó bastante dinero con lo que pude comprar las chapas, bloques y fierros de construcción. También muchos artistas que ni los conocía se sumaron para que yo  pudiera realizar mi sueño, el de tener un lugar, la sede de la casa de Myrian, mi casa. Este año con esfuerzo logré poder techar el espacio. Me faltaban las aberturas y a través de Diego Robbiani y Silvana Rosales las conseguimos y solo falta la mano de obra.

-Contame más de ese sueño que tenés-

-Durante 20 años, soñé con un lugar donde poder brindar talleres de arte,  música, manualidades, talleres para chicas, para mujeres grandes, para adolescentes. Estoy vendiendo tortas fritas y plantas para poder juntar dinero para pagarle al albañil. Mi idea es que esta casa sea un lugar de encuentro, donde los chicos aprendan a cocinar y a compartir.

 -¿Cómo te adaptaste con la pandemia?

-El año pasado no pudimos juntarnos con los chicos, igual  entregamos regalos para el día del niño y Reyes.

-¿Recibís alguna ayuda?

-De UNICEN, la Escuela de Enape, me han colaborado un montón desde hace tres años. Ellos me acompañan, tanto  alumnos como profes juntan ropa y juguetes, también me han ayudado con víveres. El año pasado estuve más con adolecentes.  Estuve con un proyecto de contención para ellos pero sola no he podido sostener nada . Por otra parte, he tenido compañeros y compañeras que me han ayudado mucho, pero después se han ido alejando por trabajo, porque todos tienen otra ocupación. Tengo algunas amigas ya mayores que están solas y con ellas vamos a trabajar. También me ha ayudado el Municipio, la Dirección de Deportes y de Cultura. Pocas veces recibí un no.

-¿Qué te hace feliz?

-Estar con los chicos, tener 52 años y estar rodeada de niños, adolescentes, gente joven. Ya no tengo esa juventud y las mismas ganas. Antes jugaba al fútbol con ellos, ahora es llevar la pelota y mirar como juegan, charlar con ellos.  Ahora que me falta tan poco para mí lugar, tengo muchas ideas.

-¿Qué ideas tenés?

-Enseñarles a cocinar, hacer manualidades, darles la merienda, sacarlos a pasear, conseguir un tele y pasarles películas, tener una biblioteca. Tengo libros que de Enape me han donado. Además, un taller de mujeres donde se arme un roperito, taller de juguetes,  de reciclado de plantas, de tejido. Yo sé hacer de todo, soy artesana y me gusta enseñar. También,  poder conseguir talleristas para los adolescentes y seguir insistiendo en lograr que ellos tengan una salida laboral.

-¿Qué fue lo más difícil en estos años?

-Ver con que facilidad la droga llega al barrio, es una verdad. Pero por otro lado, otra realidad es que los pibes esperan y sueñan con oportunidades para llegar a un club grande de fútbol. 

-Por último, si te animas Myriam, ¿cómo te definirías?

-No soy de bajar los brazos,  a veces me han decepcionado y otras veces me he sentido feliz por los logros de otros. Tengo varios pibes que estuvieron o están presos, pero también otros que son trabajadores, buenos padres, que llegaron a jugar en un club. Uno de mis pibes una vez quedó en una prueba en River, otro llegó a la primera de Estudiantes. Ahora estoy a punto de concretar mi sueño. Poder poner en práctica mis ideas si resulta bien. Supongo que la vida no es fácil para nadie, siempre hay que pelearla .

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