Del Zotto entrevista a Maupassant: “Soy un industrial de la literatura”

Las entrevistas se realizaron en la época de los entrevistados. El entrevistador, el escritor Guillermo Del Zotto, no revelará el secreto de viajar en el tiempo porque entrevistador que lo haga mal entrevistador será.

René Guy de Maupassant  eligió definirse como un minero de palabras, como un boxeador intentando dar el golpe de efecto adecuado. O como le gusta decir “soy un industrial de la literatura”. Y en su provinciana contextura física está reflejada en gran parte esta posición que adopta  frente a las letras. Maupassant llegó a París y con su tozudez unida a las lecciones de Flaubert, logró imponerse.

Maupassant, con su creatividad libre de burocracias laborales y fantasmas familiares, logró escribir mas de trescientos imperdibles cuentos (imperdibles tanto para lectores como para escritores), seis novelas y numerosas crónicas, prólogos y artículos críticos en sólo diez años (1880-1890). Hoy, promediando el año 1893, se encuentra a punto de ingresar a un manicomio al que lo arrastran la sífilis y una herencia nerviosa. Antes de eso, pudo contestar algunas preguntas:

-¿Cómo conoció a su maestro Gustave Flaubert?

-Fue mi madre quien me animó a aprender literatura con él. Ella se encargó al principio de mi educación y, un poco contra sus convicciones, hizo que recibiera educación religiosa.

-Usted realizó un significativo paso de la vida en la campiña a la de la deslumbrante París. ¿Cómo resultó?

-Fue un duro golpe. Recuerdo que en los primeros años sólo contaba con dos mil francos, mas una pensión que me pasaba mi padre. Pensión que fue suprimida cuando él dejó su puesto. Apenas podía vivir. Después de pagar el alquiler, el sastre, el zapatero, la mucama, la lavandera y la comida: de mis 216 francos mensuales no me quedaban mas que doce o quince para divertirme.

-¿Y su estado de ánimo para escribir?

-Yo estaba moralmente aniquilado, completamente. Pasaba tres semanas intentando trabajar todas las noches sin lograr una sola página. Nada. Nada. Entonces descendía poco a poco a negros abismos de tristeza y descorazonamiento. De los que daba mucho trabajo salir. El trabajo en el Ministerio me destruía poco a poco. Después de siete horas de trabajos administrativos no me podía recuperar lo suficiente como para librarme de todas las cargas que me agobiaban. Intentaba escribir algunas crónicas para Le Gaulois, con el fin de procurarme unos pesos. Pero había veces que no encontraba una sola línea y me daban ganas de llorar sobre mi papel.

-Sin embargo el éxito llegó con Bola de Sebo…

-Sí, fue considerado el mejor relato de las Veladas de Medan, lo que me permitió abandonar por fin el Ministerio. Empecé a vivir de lo que escribía, abandoné los ensayos de poesía y drama histórico y me concentré en la narrativa y en las crónicas.

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