El Covid, con los ojos del personal de salud de Terapia Intensiva

El miedo por lo desconocido. El dolor de la enfermedad y la muerte en soledad. La escasez de recursos y la tranquilidad de que con la llegada de la vacuna empiece el final. El alerta permanente y la falta de empatía. Cómo se vivió el 2020 puertas adentro de la Terapia Intensiva.


Fernanda Alvarez – Agencia Comunica

Los años de experiencia y las pandemias previas, como la gripe A (H1N1), no alcanzaron para imaginar el desembarco de un virus como este. El Covid 19 generó en Olavarria 96 muertes y “cualquiera que minimice eso, es un irresponsable”, dispara el Jefe de Terapia Intensiva, Dr. Iván Recabarren.
De la puerta de Terapia para adentro, el reloj corre diferente. Las horas se convirtieron en días, no hay mañana ni tarde ni noche y los turnos se extendieron cuando los propios compañeros comenzaron a enfermarse. Un médico, enfermeras y enfermeros, un kinesiólogo y una kinesióloga contaron cómo se vivió el 2020 cuando la muerte, que la viven de cerca cada día de sus carreras profesionales, se les presentó con una incertidumbre desconocida y con un dolor lacerante, porque los pacientes se murieron en soledad.

“Si pasamos los 100 fallecimientos (hoy son 96) no podríamos decir que fue un éxito la forma en la que atravesamos la pandemia”, asegura el médico que transita pasillos y habla con familiares y autoridades casi a diario.
Entre aquel 20 de marzo y los últimos días del año en que se realizó esta nota, pasaron capacitaciones, temores, angustias, tensiones y -como valora la kinesióloga Carolina Alanis- también “mucho compañerismo y un trabajo en equipo muy fuerte”. ¿Aprendizaje? Podría decir con acierto que aún falta mucho. Los aplausos se quedaron en marzo, cuando buscábamos algo positivo a lo que sucedía en el mundo entero.

Nueva realidad

Son las 6 de la mañana y el sol ya pega fuerte de uno de los costados de Terapia. El ritual de la vestimenta al ingresar y al salir se tornó reiterativo y extenso. También el tiempo de estudio se profundizó.
El comienzo de la pandemia fue con charlas, capacitaciones, espera y entrega de material de protección (barbijos, camisolines), algo a lo que el personal de salud de áreas como terapias estaba acostumbrado pero que reforzó notablemente desde marzo. Lo mas problemático fue el “cansancio físico y mental”, define Verónica, una de las enfermeras del sector. “Estamos mucho tiempo con cada paciente y por eso necesitábamos más personal y también por eso es necesario estar bien mentalmente porque si no el estrés te destruye o te hace cometer errores”.

Sobre todo en momentos en que “muchos compañeros se enfermaron y teníamos temor por ellos y que cubrir esas horas”, agrega Adela Cerrudo, una de las enfermeras. “Eso nos shockeaba porque es nuestra colega, estuvo haciendo lo mismo que nosotros y sentís que te puede pasar. Incluso cuando se enferma un colega, ya sabe lo que le puede suceder, no hay que explicarle demasiado. Nosotras le hablábamos igual, y le decíamos “hacemos lo que vos harías”, incluso aunque estén sedados”.
El contraste entre el adentro y el afuera también los golpeaba emocionalmente. En septiembre y octubre los casos treparon y se superaron los mil contagios, además de ampliarse horarios de circulación y actividades. De ahí a la falta de cuidados, había un solo paso. Por eso el enfermero Juan Pablo Fernandez habla de un sentimiento de “tristeza. Salíamos con cansancio y te cruzabas con alguien que no precisaba salir o veías que se juntaba y te da tristeza”. Adela prefiere hablar de “impotencia. Si tuvieran idea de lo que es estar acá 10 minutos, o compartir con un paciente que pelea por su vida, el deterioro que produce la enfermedad y lo difícil que es atravesarla y para nosotros acompañarlo…”
Las manifestaciones en contra de la cuarentena, otro de los fogoneos mediáticos, también se sufrieron puertas adentro del hospital. “Cómo será que se tardó en evolucionar que se permitieron ciertas cosas acá, como el sepelio de un olavarriense, lo que fue una actitud ignorante y de poner en riesgo la salud de la población de manera irresponsable”, opina el Dr. Recabarren.
Para el terapista, hubo “medidas contradictorias que hicieron que no fuera el manejo ideal de la gestión de la crisis”. Es que la terapia debía seguir recibiendo pacientes más allá del Covid y eso dificultó las atenciones. Porque “el sistema estaba al borde del colapso. Por eso no hay que minimizar”.

En soledad

El ruido de los monitores, las puertas con un vidrio -especialmente colocado para que se pueda ver al familiar que está dentro de la habitación-, el ir y venir de camillas y diálogos se suceden mientras del otro lado, alguien espera noticias. Puede ser alguien cercano del paciente con Covid o del que llegó a Terapia por un accidente. Ni uno ni otro pudo recibir visitas durante la pandemia.

La muerte por Covid tuvo un impacto diferente porque “es la muerte en soledad, aunque nosotros los acompañemos. Tenemos la cultura de despedirnos de nuestro ser querido y el coronavirus no lo permitió”, describe Verónica. Por eso las puertas ahora tienen vidrio, la única ventaja que se pudo poner para que el familiar pueda ver a su ser querido y no contagiarse.
“Ya la muerte es triste, estar solo es peor aún”, sintetiza una de las enfermeras, aun con el recuerdo de un paciente que estuvo internado casi un mes con coronavirus. Falleció solo y no hubo velorio. ¿Cómo no se van a enojar cuando escuchan a quienes se quejan porque les restringen la “libertad” de reunirse? El reclamo frívolo tiene otra dimensión del lado de adentro de la terapia.
Carolina Alanis, kinesióloga, recuerda los días en que los casos sumaban de a decenas. “Me parece que desde el punto de vista social, nos falta empatía. Me ha pasado que muchos se dan cuenta de lo importante del coronavirus cuando se muere un familiar y me pregunto por qué esperar que suceda eso para darte cuenta que esto no puede ser de otra manera que así, como es. Nadie dice que no te vayas de vacaciones, ni dejes de trabajar, acá hablamos de cuidados personales, para los seres queridos y el entorno”.
“No tuvimos más problemas y dos o tres veces se estuvo al borde del colapso. Como se dijo desde el principio de la pandemia, siempre hay que prepararse para una posibilidad de máxima. Decenas de veces los jefes de los servicios dijimos que había que cambiar el modo de transmitir el mensaje y de actuar. Si la Guardia, Terapia y Clínica Covid pensaban en algún moento que había que cerrar actividades, a quién más hay que preguntarle qué hay que hacer?”, cuestionó el Dr. Recabarren.

Vacuna, de la esperanza a la tristeza

Con la llegada de la Sputnik V comienza el final de un año que quedará marcado en cada una de las historias individuales y que, en algunos casos, modificó hábitos colectivos y profesionales. “En nuestro caso se conoció más la especialidad y creo que hay que destacar y valorar el factor humano de la salud. Más allá de tener 20 respiradores o más, de qué servirían si no hay gente capacitada para manejarlos”, agrega José Elztein, kinesiólogo de terapia.

“Esta pandemia nos debería dar una enseñanza de responsabilidad civil y social”, asegura su colega Carolina Alanis. “Tenemos que aprenderlo con o sin vacuna porque nadie nos garantiza que venga otra cosa peor. Más allá de las vacunas, el cuidado es personal y con el entorno”.

La vacuna llegaba mientras los profesionales de la salud narraban su experiencia del año. La vacuna se desechaba, cuatro días después, mientras se quedaban esperando que llegara la inmunidad. Antes de la “irregularidad” que dejó sin 400 dosis a Olavarría, el Dr. Recabarren decía que “la mayor esperanza es que las gestores políticos del país, la Provincia y la ciudad no la utilicen como arma política. Acá en el centro de vacunación hay enfermeros, un sistema entrenado y debería distribuirse desde esa experiencia”.

Por otro lado, sentenció que “ser antivacuna es ser ignorante y tener una mirada maliciosa. Las vacunas son eficaces, necesarias y hay que hacer lo que el plan dispone, nada de caprichos personales. Acá no se juega la opinión sobre el tema sino la red de contención contra la transmisión del virus. Con el 30 o 40 por ciento de la población vacunada se genera la inmunidad de rebaño”. No antes. No con la cantidad de contagiados locales. (Agencia Comunica – Facso)

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