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El que espera, desespera

Escribe: Carlos Paladino.


Escribe Carlos Paladino

No se trata solo de ser caprichoso.  ¡No! El embrollado complejo que el país conserva acerca de las transacciones de las carnes con los compradores externos, es señora – evasivas argumentadas de por medio – de una historia regular, afín a la de cualquier otra nación: pero, con la ostensible realidad de que para el gobierno argentino se ha consagrado en un trauma y una ideología cerrada, que no pretende ni prevé abrir al mundo. En una de esas es, simplemente, un afán de no querer dar el brazo a torcer, pese a los efectos perjudiciales que van a caer sobre los restantes. La lógica de disminuir los gastos públicos en vez de aumentar las exportaciones, no figura en el libreto de las medidas económicas. Es tan fuerte el sentimiento anti aristocrático, que no se repara en el beneficio de las divisas y en las relaciones internacionales, ineludibles en las proyecciones del mundo reinante. El gobierno todavía está parado en la refriega del pacto Roca – Runciman, del año 1933, cuando las causas eran producto de una corrupción interna que favorecía al intercambio mercantil del Imperio Británico. A consecuencia de esa reyerta de la “Década Infame”, el Senado de la Nación fue espectador silencioso del crimen del senador Enzo Bordabehere, en 1945. El ministro Julián Domínguez, tiene su opinión formada; ha estimado que la carne argentina es un “bien cultural” (bienes de valores estéticos, históricos, intelectuales, nacidos de la creatividad humaba) y, tal vez por eso, “no hay razón para que suba el asado” Como si la carne argentina fuera un monumento, una obra de arte, una muralla defensiva, etc.). Es el bien de una sociedad, de una congregación; del mundo entero, que no se vende en mostradores ni sufre variante de precio todos los días.  A lo sumo (según nuestra humilde interpretación), la carne es un bien creado por la naturaleza y del cual los humanos sacamos tajada.  Si el asado, alimento para llenar la panza de los argentinos, es el bien cultural que el gobierno debe resguardar como premisa patrimonial, entonces, sí, ayuda a entender el mísero concepto que envuelve a los gobernantes respecto del individuo nacido en nuestra nación.

Ojalá el espacio nos abriera la ocasión de pasar, detenidamente, por los fragosos desenlaces que ha marcado la historia de las carnes argentinas, perspectiva que facilitaría entender y comprender mejor, el estado de situación.  Viene al caso, el reglar la continuación de prohibir la exportación de determinados (siete) cortes de carne; suspendidos hasta el 31 de diciembre de 2023, “la exportación definitiva y/o suspensiva, con destino al exterior del país…” La prevención del gobierno es garantizar el consumo interno. Vestigios, impresiones, que puedan justificar y/o advertir respecto de los alcances de esta política agropecuaria, los podemos hallar en el 2ª Plan Quinquenal del año 1953, páginas escritas por distintos intelectuales políticos que tradujeron y especularon de este modo, con la tendencia filosófica del presidente Juan D. Perón y, de esa manera, lo documentaron. Dictámenes divulgados a través de publicaciones, medios y discursos. Copiaremos unos cortos ejemplos que, creemos, bastan para ilustrar los “Objetivos Generales” que perseguía el Partido Justicialista, en cuanto a la tierra de la patria.  En la Función Social: “La Tierra es un bien individual en función social” y, dice: “Sobre este principio de la Doctrina Peronista serán reglados: su propiedad, su distribución y su uso” Está claro. Referido a la Propiedad de la Tierra, se lee: “La tierra es un bien de trabajo y no de renta o especulación. El Estado promoverá el acceso de los arrendatarios a la propiedad de la tierra que trabajan” Propio de concepciones socialistas de ese momento.  Sobre la Distribución de la Tierra, la doctrina peronista pensaba: “La tierra fiscal y las de propiedad privada que no cumplan con su función social serán progresivamente redistribuidas en unidades económicas indivisibles, de acuerdo con los objetivos concurrentes del siguiente plan” Uno de los objetivos del Plan, hablaba del Uso de la Tierra: “El uso y el destino de la tierra agraria serán determinados en función de las necesidades del país de acuerdo con los objetivos del presente Plan” Se destaca  entre  los  propósitos afines a estos objetivos,  que una vez cerrado el ciclo distributivo y comercial  de estos bienes: “no tendremos necesidad  de mendigar a estados extranjeros, porque tendremos el mercado dentro de nuestro país y habremos solucionado con ello una de las cuestiones más importantes: la estabilidad social, porque el hambre es muy mala consejera de las masas”

Vistas a la distancia, es viable poner reparos a la orientación y tutela que se le otorgaba al Estado, entre otras cosas, para paliar la alimentación de un pueblo desgraciado; pero, estamos mostrando las necesidades primarias de una sociedad de hace setenta años. Hoy, al margen de alguna discordancia, el mismo argumento esgrimen Juan Grabois, Emilio Pérsico, Luis D’Elia, como cabezas visibles de un comando piquetero que reclama por el hambre de los barrios pobres. Barrios pobres que podrían salir de esa situación si la apertura a rehacer la economía y dar trabajo a la gente, no contara con tantas trabas impositivas, sindicales, etc.   De qué nos quieren convencer: ¿Qué desde el primer Perón, los dirigentes argentinos no han sido capaces de sofocar el hambre? ¿Hay que seguir racionando la comercialización de la carne que trae dólares a la nación? No es chicana, pero la mayoría de este espacio de espera ha sido gobernado por los que enarbolan la doctrina peronista. ¿Para qué pueblo estuvieron trabajando mientras tanto? La pobreza alcanza límites increíbles, difíciles de asimilar en un país agrícola ganadero. La sensación que el gobierno nos hace ver fundado en la suerte del asado, afín al apremio por desagraviar a la gente con tan sólo esta demanda; nos ubica en el siglo XIX, época convulsionada de Estados Unidos, en que los patrones pagaban cuantiosos pesos, con tal que a los esclavos de las plantaciones no les faltase el tasajo argentino. Argentina vivió de este recurso durante largo tiempo. Acá no existen esclavos a los que se le deba matar la hambruna y obligarlos a trabajar. ¿O, estamos equivocados?

                                                     …ooo…

La planificación no tuvo ninguna repercusión que fuera favorable a la misma idea creída y tantas veces fracasada de la regencia en el poder.  Los cortes de carne sacrificados puestos en ejecución para no rendir beneficios a las arcas nacionales; tampoco sirvieron para que la gente accediera a comprarlos a precio reducido. Algo salió muy mal, porque las carnicerías los vendieron a costos más elevados que el habitual. Es indiscutible que el ministerio a cargo de implementar estas prácticas anda un tanto desorientado. ¿Quiénes se terminaron jodiendo con esta estrategia ¿innovadora?, quiénes si no, que los propios consumidores. Bueno, los consumidores usuales y con menos poder adquisitivo; porque los encuadrados en el sistema privilegiado, hicieron desbordar los chinchulines y las tripas gordas de las parrillas. No importa, seguiremos insistiendo con este Plan que no tiene éxito por culpa de los anti patrias, los antinacionalistas, los antis todo.  Al castigado hombre de la nación, no se lo compra con un poco de carne más barata, mientras está impedido de costearle una mejor vida a su familia y no encuentra un camino que lo conduzca a no sentirse un malogrado ser, ante la sociedad que lo rodea.                                                                                                                                                      

Miren si habrá resultado pésima la política de restricciones que se impuso a las carnes, que nuestro “hermano menor” Uruguay, concluyó el año 2021, “con una marca histórica de exportaciones” (Infobae). Se sirvió de nuestra inutilidad.  ¿Cómo puede ser?, se pregunta uno, atendiendo a la extensión territorial, a las cifras y volúmenes comparativos. Simple, Uruguay no copia a sus hermanos mayores. Es un pueblo libre e inteligente que aprende de todos y no cree tener todas las respuestas.

Acudamos a un recuerdo, que los jóvenes –pensamos – ni siquiera hayan oído hablar. En el año 1949, una tremenda sequía desarticuló los proyectos del gobierno del General Perón, lo cual significaba alterar la producción de los bienes de consumo derivados del campo. La situación obligó a Perón a elaborar un “Plan de Emergencia Económica”, donde lógicamente, la falta de trigo afectaría la fabricación del “pan blanco”, alimento fundamental para la población. Antonio Cafiero propuso la fabricación de un pan de harina de trigo, mezclado con mijo. El resultado fue “el “pan negro”, una ofensa para el público argentino. Justamente en el “granero del mundo”. La oposición lo comió y también lo usó con detracción política. Se encolunnó al amparo de la consigna que recriminaba que en la mesa de los argentinos se comía el “pan cabecita”. En ese año 1952, Eva Duarte, siempre pronta a respaldar a su marido, divulgó un librito de “recetas peronistas”, económicas, por cierto. Antonio Cafiero, a raíz de este invento se convirtió en “el arquitecto” del pan negro peronista. El final de la historia, señala el inicio del “pan integral”. Un pan que hoy, sí, es caro.

En esos tiempos la población, comprendió y acepto las condiciones establecidas por el gobierno. Esa crisis se superó y volvimos a la normalidad (en cuanto al pan se refiere). Los argentinos no precisan de engaños y subterfugios improductivas, que ya saben de antemano que van a la frustración.  Hay que proporcionarles mejor vida, progreso, trabajo; con medidas coherentes y racionales. La obligación moral es no mentirles con proyectos conocidos, experimentados y caducos. Lo que todos esperan y nadie de la clase política explica es, cuál es el proyecto para salir del barro en que nos empantanamos, sin bueyes de carne y hueso que tiren hasta sacarnos. De este tema nadie habla; nadie se quiere sincerar; claro sería un suicidio colectivo del parlamento. Explicar lo que hay que hacer con la corrupción, las injusticias, la plata tirada en miles de acomodos, privilegios y, abusos sin ponerse colorados; dejar de mentir, mentir y mentir día tras día, año tras año; terminar con una lata que está colmando la paciencia, el aguante de la ciudadanía.

Es de incumbencia ética contarnos que ninguna salida de la crisis, será refinada y sin un esfuerzo a prueba de coraje y privaciones personales. Al decir personales ya imaginan los receptores a los que nos referimos.  La crisis impone un sacrificio, donde, de una manera u otra, perderemos todos. Sacrificio que los tenga a ellos como protagonistas principales de las penurias por venir. Qué sea una carencia pareja. ¿Se mantendrán pusilánimes ante lo dicho por el Presidente Alberto Fernández?: “La fórmula de movilidad de Macri es impagable. Los jubilados no van a cobrar nunca ese dinero” Bien, si es imposible de hacerse cargo de esa fórmula, inventen otra receta. Tal vez, una similar de la que se valen ustedes para ajustarse los sueldos. Ese procedimiento es confiable, ya que suscita consensos inmediatos.       

Empiecen a hablarnos claro, la gente podrida de esta dirigencia perversa, es mucha más, que las privilegiadas y ocultas bajo la larga y ancha cobija de sus injustos e indignos sueldos.  ¡¡ LOS QUE ESPERAN EMPIEZAN A DESESPERARSE!!

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