El ruido y la furia

Libros / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (Twitter: @carlos_verucchi)

“La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada”, escribió William Shakespeare en Macbeth. Macbeth, tragedia que extrañamente resulta un best seller que nadie lee, que se compra en ediciones de lujo con el único propósito de rellenar una biblioteca o adornar ese estante que al arquitecto le pareció oportuno.


Lo que no resulta para nada extraño es que esta frase haya sido tomada al pie de la letra por Faulkner, pesimista por naturaleza y precursor del existencialismo, quien puso como título “El ruido y la furia” a una novela en la que uno de los capítulos es contado justamente por un personaje con discapacidad mental.


Estamos hechos de furia y nos movemos en un ambiente lleno de ruido, podríamos agregar si me permiten una reinterpretación libre de la frase de Shakespeare. La furia es la que nos empuja a la ambición material y a la reproducción. Esa necesidad de tener más y más y de ganar poder. La ambición es el motor del mundo, lo que impulsa a hombres y mujeres a hacer cosas, a proponerse objetivos. La otra furia, la de la reproducción, es el mecanismo con el que la naturaleza nos trajo hasta aquí. Borges dice que la vejez tiene el encanto de ser una etapa, en la vida de una persona, en la que el animal interior ya murió, y entonces quedamos solos y posemos disfrutar de la compañía de nosotros mismos. Ese animal que un día muere es el que nos impone nuestro costado instintivo, esa molestia permanente con la que tenemos que lidiar.


Y el ruido, probablemente sea para Shakespeare ese barullo que confunde y ensucia todo y que por lo tanto es ruido blanco, es decir sin resultante, con valor final nulo. Puro azar que no tiene una dirección definida, va y viene, se compensa, no hace ni mal ni bien, hoy te ayuda y mañana te hunde. Esa pelota que pega en el palo y sale, y la otra que entra.


Lo de “…no significa nada…” es más fácil de comprender, obedece a una concepción nihilista de la existencia. Nada tiene sentido, toda vida es igual de innecesaria.


Ahora, ¿por qué esa historia llena de ruido y furia tiene que ser contada por un idiota? Borges, otra vez Borges, decía que es peor la idiotez que la maldad. Porque el que actúa impulsado por la maldad, generalmente tiene una directriz que le confiere cierta previsibilidad, si alguien nos quiere hacer daño podemos intuir o estimar desde dónde vendrá el golpe. El idiota, en cambio, es impredecible, no tiene ninguna motivación en su accionar, pega de repente y sin premeditación, y a veces hace doler. Por eso la vida es un cuento contado por un idiota, porque no tiene una traza que nos permita saber hacia dónde vamos.


Menos mal que está también la poesía, que nos justifica y nos hace olvidar la sentencia de Shakespeare. En caso contrario no podríamos vivir.

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