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Epifanía de Señor

Escribe: Horacio Robirosa


Cuando Isaías uno de los profetas más relevantes de la historia cristiana y judía –  contempla, radiante de alegría, el regreso de los hijos desterrados de Israel a la ciudad luminosa, proclama en una de las más altas cimas de la poesía hebrea: el Cántico de gloria a la Jerusalén de los tiempos mesiánicos, que describe la presencia del Señor en medio de su pueblo, llenándolo de luz.

Pero los que hoy vienen, al resplandor de la aurora que inunda Jerusalén, son también los magos, con la ofrenda de sus productos preciosos de oro incienso y mirra, productos de las distintas latitudes, cantando las glorias del Señor. (Is 60,1ss)

El Profeta no ha querido hacer un relato histórico, sino anunciar con poesía esplendorosa, el triunfo del Señor y de su Mesías, que se ha manifestado también a los gentiles.

Mateo utiliza el episodio de los Magos, para narrar la manifestación extraordinaria que guía a los Magos a descubrir al Rey de los judíos. Ellos son paganos, y desconocen la Escritura. Y Mateo introduce un argumento que estará presente en todo su evangelio: que mientras los doctores de la Ley, expertos en las escrituras, no reconocen al Mesías, lo buscan los paganos. Y Jesús, rechazado por el pueblo de Dios, es adorado por los gentiles. Y Dios, que busca a todos, los acepta y se les manifiesta. El nacionalismo judío cede el paso a la salvación que se ofrece a todos, universal. Primero a los pastores, los incultos, después a los sabios, los magos. La fe y la razón son los caminos: Uno es sencillo, basta con que hable Dios. El otro es búsqueda constante y sincera. La Verdad está en su sitio. La sencillez es condición necesaria y los pastores la aprehenden y los sabios la descubren y los dos la sirven.

 Jesús satisface todas las esperanzas de todos los hombres: los marginados, y los pobres, socialmente despreciados y amados especialmente por Él, y los cultos y poderosos. Jesús es el rey que todos esperan, pero un rey humilde y oculto. Quien lo encuentra se llena de alegría, lo adora como rey de su vida y se entrega a Él, como los magos. Ellos «se llenaron de gozo», como quien ha encontrado la perla y el tesoro. Nosotros, en Belén, adoramos también llenos de gozo y ofrecemos a Cristo nuestra vida, unidos a su Sacrificio.

Los Magos «se marcharon a su tierra por otro camino». Nosotros también hemos de tomar otro camino. Al descubrirlo ya no podemos vivir como antes. El nuevo camino es el del amor y de la fidelidad, del sacrificio y de la abnegación. El camino de la compasión activa con todos los que sufren.  ¡El   desafío  es: convertirnos en Epifanía para nuestros hermanos!

     (*) Voluntario de la Inmaculada Padre Kolbe, Olavarría.

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