Estudio de Conicet: comieron solo la canasta básica y su salud se deterioró

La Plata, dic 27 (DIB).- Un experimento inédito realizado por expertos del Conicet y llevado adelante por voluntarios comprobó las consecuencias de alimentarse solo con la canasta básica del Indec. Quienes se sometieron al estudio, bajaron de peso y subieron el colesterol y los triglicéridos, y se sintieron sin energía.

Según la estadística oficial, para no caer en la indigencia, basta con que un varón adulto cuente con $ 4.886 al mes (o $ 163 al día) para gastar en la llamada Canasta Básica de Alimentos (CBA), y $ 124 diarios para una mujer. La “línea de pobreza”, a su vez, se calcula a partir de esos números. Ahora, ¿es en verdad posible comer con tan poca plata? ¿Y si así fuera, qué efectos causa sobre la salud seguir esa “dieta” llena de harinas, papa y arroz, con pocos vegetales y cortes de carne de los más grasientos?

En más de tres décadas de uso de la CBA en el país, nunca nadie había hecho la prueba de comerla. Desde septiembre, eso es lo que están haciendo científicos del Conicet y de la Escuela de Nutrición de la Universidad Nacional de Córdoba. En un experimento inédito, al que bautizaron “Proyecto Czekalinski” en homenaje a una tapa histórica de la revista Times, tres voluntarios pasaron a comer sólo la CBA, otros tres empezaron a comer según las guías de alimentación sana del Ministerio de Salud y un tercer grupo “de control” siguió como antes.

La prueba es por seis meses, con chequeos médicos constantes, y se repetirá en marzo con otras nueve personas. Falta bastante para que termine, pero a tres meses y medio del inicio, ya arrojó claros resultados.

“Yo bajé casi casi 6 kilos. Las otras dos chicas bajaron 5 y 3 kilos. En los análisis, nos dieron altos los colesteroles, los triglicéridos y el azúcar en sangre. El magnesio y la vitamina B12, en cambio, nos bajó. Y tuvimos síntomas de deshidratación: nos sentimos embotados”, contó al diario Clarín Martín Maldonado (45), el investigador del Conicet experto en Pobreza e Inclusión Social que coordina el proyecto y además “puso el cuerpo”.

A otra de las voluntarias, en tanto, se le alteró el ciclo menstrual. Decaimiento crónico y alteraciones del sueño fueron otros signos de alerta. Pero también la decisión de decir “basta” se debió al fuerte malestar psicológico que arrastraban, expresado en síntomas como mal humor, irritabilidad y desgano.

Según Maldonado, la prueba lleva a cuestionar que la canasta básica siga siendo la única herramienta en uso para medir oficialmente la pobreza y la indigencia.

“La canasta básica se conformó en 1985 preguntándole a gente del segundo y tercer decil más pobre del GBA qué comía cotidianamente. Tomaron eso como las pautas de consumo cultural de la población argentina, y ahí quedó. Se implementó en 1988 y desde entonces sólo tuvo actualizaciones mínimas. Pasaron gobiernos de todo el arco ideológico, y ninguno cambió eso”, criticó Maldonado. Y opinó que lo que debería tomarse es el costo de una canasta saludable.

En octubre, la Escuela de Nutrición de la UBA calculó que llevar una dieta sana costó un 68% más que comprar una canasta básica. Según otros relevamientos, esa brecha incluso supera el 70%. Si el parámetro fuera ese, según Maldonado, la pobreza no le daría al Indec 35,4%, sino más del 50%. Y la indigencia, en vez del 7,7% informado para el primer semestre, superaría el 10%. (DIB) MCH

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