¿Existe un bronceado saludable?

Cuidados necesarios a la hora de exponerse al sol y el uso de los protectores solares para prevenir el cáncer de piel. Consejos de la dermatóloga Patricia Green 

Sol Sraiber * Agencia Comunica

Llegan las vacaciones, el verano, la pileta y la playa. Todo parece un paraíso, pero no debemos olvidar que durante estos meses los rayos UV del sol pueden provocar grandes daños en nuestra piel y hay que tomar todos los recaudos necesarios para prevenirlos. El sol tiene sus beneficios pero si nos exponemos sin protección genera muchos riesgos.

Los protectores solares son un factor fundamental en la prevención de manchas, arrugas, aparición de lunares, pero lo más importante: el cáncer de piel. La dermatóloga Patricia Green explica que el FPS (factor de protección solar) “es una proporción de la protección que uno necesita para evitar ponerse colorado”, y agrega que “la Sociedad Argentina de Dermatología aconseja que el FPS sea a partir de 30 para arriba”. Por otro lado, la dermatóloga aconseja reponer el protector cada 2 horas y media porque con el tiempo se va perdiendo la protección y más aún si uno se mete al agua. Por esto siempre hay que aplicarlo sobre el cuerpo seco. Otra de las funciones de los protectores solares son hidratar la piel y prevenir el envejecimiento, entonces se recomienda usarlo durante todo el año.

Hay dos tipos de protectores solares, la línea americana y la línea europea. En la línea europea entran productos de las marcas como La Roche-Posay, Avene, y a ellos no les permiten poner FPS más de 50. En sus productos tienen el 50+ que es como si fuera una protección más alta, similar a una FPS 99 en los americanos. Estos últimos, como Dermaglós tienen FPS 45, 60, 70, 80, etc.

Otra de las cuestiones en las que Green hace hincapié es en el horario de exposición al sol. “No se recomienda exponerse al sol entre las 11 de la mañana y las 16hs, incluso teniendo protector solar, porque los rayos caen de forma vertical”. La hidratación también es un factor fundamental y la protección física de la ropa. “Se recomienda usar sombrero, manga corta, colores claros porque los negros absorben más la luz, anteojos con filtro UV”. También se debe usar protector solar cuando hay sombra, la arena, el agua y la nieve reflejan el sol y aumentan la exposición a él.

En cuanto a los bebés, la dermatóloga advierte que “hasta el año no hay que exponerlos directamente al sol, siempre se aconseja gorrito, remera larga y sombra. A partir de los 6 meses se pueden utilizar los protectores solares”.

Una de las luchas sociales por cumplir es lograr que los protectores solares sean cubiertos por las obras sociales ya que en la actualidad aún son considerados un producto cosmético, y esto sumado al precio de ellos, que va entre los $500 y los $1200. En diciembre la diputada Marcela Campagnoli presentó un proyecto de ley para que, tanto las obras sociales como los sectores públicos de la salud incorporen la cobertura de protectores solares con FPS 30 o superior. También solicitó su inclusión en el Programa Médico Obligatorio (PMO).

Patricia Green opina sobre la cobertura de protectores solares. “Sería bárbaro que las obras sociales los cubran porque son un método preventivo, fundamentalmente del cáncer de piel y más que nada en algunos pacientes, por ejemplo los inmunodeprimidos que son personas con disminución de la capacidad para combatir infecciones y enfermedades, por ejemplo pacientes trasplantados, o quienes hayan recibido quimioterapia o radioterapia, deben aumentar el cuidado porque se sabe que en ellos hay un aumento en el riesgo de cáncer de piel”. A pesar de eso agrega que “también hay que poner los pies en la tierra de en qué país vivimos, que no vivimos en Suiza, y hay un montón de cosas quizás más importantes que no cubren, entonces las obras sociales no se pueden mantener, es una realidad. Lo ideal sería que la obra social los cubra, sería totalmente acertado”.

Cáncer de piel: ¿Qué es y cuál es la causa?

Como el daño solar es acumulable e irreversible, las exposiciones reiteradas producen a largo plazo un envejecimiento prematuro, lesiones precancerosa y cáncer de piel.

El cáncer de piel es el tipo más común de los cánceres en el ser humano. En los últimos 30 años más gente ha desarrollado un cáncer de piel que cualquier otro tipo de cáncer. Una de sus causas más importantes es la exposición a la radiación ultravioleta (RUV) proveniente del sol y otras fuentes artificiales, como las camas solares. Otras causas menos frecuentes son la exposición repetida a rayos X, la presencia de cicatrices importantes y crónicas por quemaduras severas, la exposición ambiental al arsénico y algunas enfermedades genéticas. La historia familiar de cáncer de piel también aumenta el riesgo de padecerlo.

El cáncer de piel es curable en la mayoría de los casos, por eso es importante hacer un “autoexamen” frecuente, observarnos para reconocer que tenemos y notar cambios, visitar al dermatólogo para saber cuál es nuestro riesgo y cuál es la frecuencia necesaria de control con el especialista.

Signos habituales que hacen sospechar de un cáncer de piel:

– Mancha rosada o rojiza, áspera al tacto y que se vuelve cada vez más rugosas o escamosas. Se ve especialmente en las zonas de mayor exposición al sol: cara, dorso de las manos, labio inferior, cuello y orejas.
– Aparición de bultos en la piel que crecen en forma sostenida en el tiempo.
– Lastimaduras en la piel que no cicatrizan a pesar de un tratamiento correcto.
– Herida en la piel, sangrante, costrosa, sin trauma previo evidente, que no cicatriza a pesar de un tratamiento médico adecuado.
– Lunar que cambia su coloración (tiene varios colores), sus bordes se vuelven irregulares, es asimétrico y crece (generalmente de tamaño superior a 6 mm), pica o se inflama.

Especialistas hoy afirman que el bronceado sano no existe, por el contrario, aunque conocemos los riesgos que corremos al exponernos al sol, pocas personas se cuidan como realmente deberían. Y aunque lo hagan, nunca estaremos completamente protegidos de los rayos solares. No hay bronceado saludable porque al quemarnos y ponernos “morenos” no le estamos haciendo un bien a nuestra piel sino un daño.

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