Ganar 100 lucas en el Casino, no cobrarlas y morirse al día siguiente

Tandil
Foto: EL EDITOR

Al frondoso catálogo de hechos inefables ocurridos en la sociedad tandilense donde irrumpe el destino trágico como una burla cruel, se le debe sumar el episodio en el que un vecino ganó 100 mil pesos en las máquinas tragamonedas del Casino, no pudo cobrar el premio porque carecía de su DNI y falleció al día siguiente.


 

Escribe: Elias El Hage

Después de un trámite farragoso, sus familiares habrían podido hacerse del premio. En ciertas ocasiones la muerte, uno de los temas más propios del existencialismo y de toda la filosofía, ha ocurrido en Tandil a lo largo de su historia moderna en la modalidad de situaciones inesperadas que con el correr de los años se hicieron leyenda debido al efecto de la tradición oral. Por caso, el vecino que murió al lado de su amante en el albergue transitorio, una desangelada noche de 1971, y la epopeya literaria, cual tributo a la amistad, que debieron hacer sus dos amigos para rescatarlo de tan inoportuno accidente y construir un montaje para salvarlo del oprobio social; o la historia del anciano feliz que falleció de un síncope mientras bailaba en la ex tanguería Elena C frente a la patética e hilarante desesperación del concesionario del lugar para que el hecho irreversible pasara inadvertido entre los parroquianos y prosiguiera la tertulia como si nada, son algunas de las historias donde a la carga trágica que per se lleva la muerte, se le debe sumar el tinte de lo inefable. La irreverente fatalidad con trazos irreales que sucede para romper la estadística: una en un millón.

En estas horas trascendió que el frío hocico de la muerte se posó de forma completamente inesperada en un hombre que de vez en cuando solía visitar el Casino. Sólo que la parca se reveló en la dinámica de una secuencia que nadie pudo prever. A tal punto que el hecho no tendría antecedentes en la casa de juegos que se levanta sobre la Avenida Buzón y que busca su ubicación final -según el anuncio del gobierno municipal- a metros del cementerio municipal, cuando en el espacioso predio de Vialidad se construya el Centro de Convenciones y Hotel Casino al que aspira la empresa Boldt. Una mega obra que fue presentada la semana pasada en el Municipio y que está a la firma de una concesión de la licencia entre la Unión Transitoria de Empresas que contiene a Boldt -por un plazo de diez años- con el gobierno de la provincia de Buenos Aires representado en la gobernadora María Eugenia Vidal. Si ello finalmente ocurre, el actual mobiliario del Casino inscribirá en su biografía institucional un hecho literal, único y de casi imposible repetición.

El martes pasado un hombre probó fortuna en las clásicas máquinas tragamonedas. Y la buena estrella estaba con él pues en apenas unos minutos ganó una cifra de dinero superior a los 100 mil pesos. El episodio, desde ese mismísimo instante de alegría y sorpresa, habría de tomar un cariz imprevisto y sombrío. El hombre no pudo cobrar esa misma noche la suma de dinero que había ganado porque carecía del DNI entre sus pertenencias; según la normativa del Casino cuando una persona gana más de 50 mil pesos, la empresa necesita que el afortunado se identifique con su documento de identidad. Sin el DNI en el portadocumentos, el hombre salió esa noche del Casino imbuido de una felicidad modesta pero potente: las estrellas del cielo diáfano que lo condujeron hasta su casa se habían alineado a su favor. Cien mil pesos no le arreglan la vida a nadie, pero a su vez siempre sirven como un reparador alivio para cancelar deudas, hacer un viaje, refaccionar un sector de la casa, comprar dólares o lo que fuera. Al cabo eran cien mil pesos provistos por un giro de la fortuna que le hizo un guiño cómplice en medio del, a menudo, sinsentido de la existencia. Es cierto que había olvidado de llevar el documento, pero tenía consigo los tickets con la suma ganada y al otro día pasaría por la ventanilla a retirar el dinero. Cuando llegó al hogar, su familia recibió la novedad como un soplo de felicidad doméstica, y nadie en ese mismo instante sintió que la burla de un destino cruel, cual pájaro negro del presagio, se había posado sobre el feliz ganador. Porque esa noche hombre se fue a dormir y al otro día, sin más, se murió.

Tras el sepelio y los tres días de duelo, los familiares del óbito se presentaron en el Casino para reclamar por lo que era suyo, aunque en el registro post mortem o por herencia: los cien mil y pico de pesos. Pero a partir de ese momento la situación entró en un sinuoso y complejo laberinto legal habida cuenta de que el Casino tenía identificado a un solo ganador: el muerto. Ese mismo viernes entonces comenzó un entuerto de naturaleza jurídica inédita. En Brasil 23, entonces, la familia recibió otra noticia infortunada: por cuestiones legales, quien debía cobrar la suma era el ya irremediable difunto. Finalmente se cree que el gerente del Casino, un hombre reputado por su amabilidad y finísimo timming para las relaciones públicas, quien ya desde hace años y por su propia dinámica de vecino que llegando de otras latitudes se arraigó afectivamente a Tandil, debió enmendar una significativa cantidad de papeles (el típico y farragoso papeleo) para que la empresa pudiera pagar el premio a los familiares del muerto sin apartarse de la normativa vigente. El episodio, que trascendió la intimidad de las paredes de la histórica casa de juegos, entró frontalmente en la semblanza de los casos sombríos y delicados, donde un destino macabramente cósmico, construido por la pluma de una burla dramática, rompió la lógica dinámica de los hechos propios de un lugar destinado al entretenimiento de centenares de personas.

Un número que se supo intramuros y que hoy comentan los febriles mentideros del empedrado dejaría pasmado a más de uno: en el Casino local, por día, la masa crítica de dinero que suman la ruleta y las máquinas tragamonedas es de 1 millón de pesos, cifra impensada y astronómica. El diez por ciento de ese dinero se acercó al bolsillo de un vecino sin que él pudiera imaginar ninguna de estas dos cuestiones: que esa noche las maquinitas que se tragan las monedas, en un soplo mágico de suerte a favor, le iban a regalar una yapa de cien lucas para la economía familiar. Y que al día siguiente el feliz ganador habría de morirse acaso con la misma perplejidad pintada en su rostro.

Comentarios
Cargando...