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Gastón Barreto: “Esto es algo así como primer mundo, pero sigo eligiendo Argentina”

El Dr. Gastón Barreto, reconocido investigador de la Facultad de Ingeniería de Olavarría, se encuentra desde agosto en España, realizando trabajos vinculados con su especialidad, el cannabis con fines terapéuticos.
Desde allí, reflexiona sobre su entorno y dispara miradas sobre el lugar del mundo que sigue eligiendo: Argentina.

¿En qué consiste el proyecto sobre el que estás trabajando en España?

Estoy trabajando en el desarrollo de ciertos sistemas materiales usando biopolímeros sintéticos y otros extraídos del medio natural, para poder mejorar la disponibilidad de cannabis cuando se usa con fines terapéuticos. Se trata de hacer más eficiente la llegada de biomoléculas activas de cannabis a los receptores que tenemos en el cuerpo, protegiéndolos a lo largo de su recorrido en el tracto metabólico. El foco pasa por necesitar una administración de menor dosis de cannabis manteniendo la eficiencia terapéutica que tiene.

¿Dónde desarrollás esa actividad?

En la Facultad de Ciencia y Tecnología de la Universidad del País Vasco, ahí es donde estoy el 90% del tiempo. Después el proyecto articula con una empresa privada que tiene una licencia para provisión de material vegetal para desarrollo científico tecnológico. Esa empresa produce el cannabis, llega a una plataforma marítima de investigación, ahí hacemos las extracciones para traerlas a la Facultad.

¿Cómo accediste a esta estancia?

¡Por inquieto! Por estar buscando siempre alguna articulación, fijate que estos temas son contemporáneos en su desarrollo en el sistema científico, así que buscaba coordinar con otros grupos. Hace poco más de dos años me contacté con autores de unos trabajos científicos que encontré por acá, que trabajaban mucho en lo que es la determinación analítica de componentes del cannabis. En medio de la pandemia, en 2020, apareció una convocatoria para quienes somos investigadores del CONICET. Me presenté, les interesó el plan de trabajo en esto del diseño de desarrollo de materiales, también tuvo que ver mi categoría de investigador adjunto del CONICET. Y creo que jugó este espíritu que solemos tener los investigadores, medio emprendedor, de andar buscando alternativas y cómo fortalecer cosas que están sucediendo por allá en Argentina o que se están iniciando y hay que darle un empujón con alguien que haya tenido algún recorrido, como es la gente de la Facultad de acá.

¿Estás pudiendo llevar adelante tu plan de trabajo?

El plan de trabajo va avanzando. Como suele sucede la mayoría de las veces –en mi caso, todas las veces-, con una velocidad que no es la planificada. Siempre suceden algunas cuestiones que a uno lo exceden. Usualmente son temas técnicos o tecnológicos que hay que ir adaptando en el momento. Pero si todo va saliendo más o menos según lo planeado, en estos dos meses de estancia que me quedan, habremos avanzado casi completamente en el plan de trabajo propuesto.

¿Qué te ha sorprendido?

Desde el lado del sistema académico científico, varias cosas. Una y muy interesante es la abundancia en recursos. Hay mucho financiamiento, mucha abundancia en insumos que nosotros allá no solemos tener. Acá el concepto de materiales descartables es real, sucede. En Argentina todo se lava, se reutiliza. Esa es una cuestión central: lo de la disponibilidad de equipamiento, la facilidad de tener insumos y de comprar repuestos y consumibles ante una falla, la verdad es que son condiciones ideales de trabajo frente a nuestra realidad.
Otras cosas que me han sorprendido, por ahí menos gratamente, es la forma de conducción de las instituciones públicas. Hay una democratización de la cosa pero no es tan real. Hay gobiernos de las universidades que, en definitiva, no permiten una candidatura abierta de quienes lleven adelante la conducción sino que son, al menos en esta región, de alguna manera seleccionados por el Gobierno vasco. Hay varias cosas de ese tipo que están lejos de mi posicionamiento, de mis ideales, de mis formas.

Y otro punto es la distancia y la frialdad que hay desde lo social, y también en el seno de lo profesional. Se ve que el norte de España es bastante frío, distante. Gente muy amable, pero amable a demanda, no es gente muy amable espontáneamente. Si necesitás algo está muy atenta y te ayuda a resolver, pero siempre y cuando lo demandes y lo necesites, y explicites que tenés esa necesidad.

¿Cuál es tu mayor aprendizaje en estos días desde que estás en España?
El aprendizaje es múltiple, al tener la posibilidad de haber venido con mi familia, hay un aprendizaje de todo el grupo familiar también. Esto de estar adaptándose a culturas, a distintas formas, me parece que es de las cosas más enriquecedoras.


Pero los aprendizajes, y lo mismo me pasó cuando estuve en México, me parece que están muy ligados a valorizar muchas cuestiones que naturalizamos en Argentina, que no nos damos cuenta que tenemos y que hay que defenderlas. Como esto de tener un sistema científico académico cogobernado, totalmente abierto, democráticamente. Y llevamos adelante un montón de cuestiones sin tanta abundancia en el financiamiento, cuando mirás las diferencias decís ¿cómo hacemos? Y bueno, lo hacemos porque sobrevivimos, y porque tenemos un espíritu también de no aflojar y de ir para adelante y no quedarnos en la fácil, en general. Eso es algo que siempre valorizo de la fauna de nuestro sistema científico académico. Son cuestiones centrales.


Y siempre valorar algunas cuestiones bien sociales de Argentina, de contención, de ser atentos, de estar dispuestos a abrirnos con la gente que llega. Creo que somos muy buenos anfitriones, al menos comparativamente con lo que sucede acá.


Todas esas cosas me parece que fueron aprendizajes súper interesantes. Más allá de los técnicos, claro. Por supuesto que desde lo técnico y habiendo tanta abundancia, tanto acceso a instrumentos, la verdad es que hay un enriquecimiento desde el lado disciplinar que está muy interesante. La verdad es que estamos lejos tecnológicamente, pero no estamos tan lejos en lo que proyectamos y cómo lo resolvemos teniendo bastante menos.

¿Cómo te llevás con la cultura bilbaína, con sus comidas, con sus costumbres?
Me llevo bien, me gusta, la disfruto, pero porque sé que tengo una fecha de retorno certera que es el 31 de enero y vuelvo a mi lugar, a mis costumbres, a mis cosas. No podría proyectar mi vida en este marco, es demasiado distinto en lo social. No podría vivir en un departamento, por ejemplo, hablo de esas cuestiones básicas y acá no hay Plan B. No sé si podría desarrollar mi vida desde los vínculos sociales, donde todo ronda en la calle. Ronda en los bares, en el afuera, y en una ciudad donde, de los 365 días, llueve 363, es bastante raro. Están muy acostumbrados a vivir en la calle bajo la lluvia. Pero más que nada desde lo vincular, es bien distinto. Es impensado que se haga un encuentro en una casa, porque son casas de dimensiones mucho más pequeñas, que no permiten el desarrollo de lo social ahí. Así que desde lugar no me adaptaría, creo.


Y después es una sociedad bastante “derechosa”, y ahí es donde tampoco ideológicamente estoy muy cerca.


Después, lo que han transitado mis hijas respecto a la educación, otra vez, es lo mismo que me pasó en México. Pese a todas las deficiencias que tenemos y un montón de cosas por mejorar en la Argentina, muchísimas, otra vez vuelvo a poner a nuestra educación por encima. Al menos, en las dos escuelas que han transitado mis hijas: un modelo de educación enfocado solamente en la instancia de educación que sigue, no en una formación integral, crítica, ciudadana. Un modelo arcaico, desde mi visión, con las dos nenas me pasó lo mismo. Sí me parece genial todo lo que tienen de valorización de la cultura, del País Vasco.

El euskera como idioma está muy valorizado. En las escuelas, de hecho, fue muy difícil encontrar alguna que tuviera, como dicen acá, un modelo A, es decir que el idioma vehículo que tuviera para el aprendizaje fuera el castellano. En la mayoría ampliamente el idioma es el euskera y se valoriza mucho eso.

Con la comidas bien, súper bien. Con mucha variedad, toda esta región tiene una excelente gastronomía. Está muy bien valorizada me parece que en el mundo la gastronomía del País Vasco, todo muy gourmet, con mucha variedad y mucha calidad. La calidad se da en todo, eso sí me llama la atención y muy gratamente, todos los productos a los uno puede acceder en cualquier rubro, son de buena calidad. Estoy sorprendido con la “marca blanca”, como la llaman acá, que es la marca genérica o la que producen las propias cadenas de supermercados. Son excelentes y producen todo, desde yogures hasta productos de limpieza, comprás esos productos y, al menos los que yo compro, me resultan hasta de mejor calidad que las primeras marcas. Eso me parece genial, y a un precio realmente mucho más barato. Hay cosas que salen un tercio de lo que sale una marca de referencia. Hay muchísima variedad en la alimentación. Ahí nos ha faltado un poco de mamar la cultura, por esta cuestión social que contaba antes. Ha faltado la reunión en la casa donde compartís esto de cocinar, de las recetas, de la construcción del producto que vas a compartir ahí. Vas directo al producto final, por fuera. Nos va a faltar eso, a mí particularmente que me gusta cocinar. Pero todo muy rico y de muy buena calidad, hay mucho producto del mar, se come mucho pavo, mucho cerdo, pollo; poca carne de vaca, no tiene gusto. Extrañamos la parte de pastas, no hay mucha pasta fresca, casi nada. Y estamos limitados con los utensilios para poder generarla nosotros. Pero la verdad es que es todo excelente, hemos probado cantidad de cosas todas muy ricas.

¿Qué esperás aportar a la FIO y a tu país al regreso?
Creo que estas estancias son enriquecedoras desde una visión integral, y lo que fuertemente pretendo aportar es fomentar y auspiciar que toda la gente con la que hable genere estos intercambios. Que se animen a mover, a poder disfrutar de otra cultura, a poder hacer un análisis crítico del lugar a donde uno se va, y hacer una mirada correlacionada con lo que hacemos y tenemos allá en Argentina.


Me parece que ese es un aprendizaje central: cambiar el foco de mirada de lo que sucede en nuestro país, la verdad es que se hace posible estando lejos. A mí me ha pasado muchas veces, estando lejos y mirando desde otra perspectiva. Tanto como para criticar una sociedad distinta donde todo funciona, yo digo absolutamente acá todo, todo funciona y funciona bien, hay infraestructura, muchísima inversión, es sorprendente desde ese lugar. Pero hay problemas sociales, hay críticas a algunas acciones de gobierno, bastante fuertes, sobre todo acá en el norte. Hay un espíritu independentista, pero se ve una inversión y un orden que, la verdad, hay que decir que todo funciona. Ahora, si para que todo funcione la condición según este modelo es el nivel en los vínculos, en las formas de militancia, en las estrategias de control, en no avanzar en un par de cuestiones para trabajar cerca de la gente en algunos medios como es el medio científico académico, otra vez: me llevo eso, la visión de la necesidad de equilibrios. No me quedo ni con el desorden nuestro en Argentina, ni el extremo orden despreocupándonos de muchas cosas que hay que construir desde lo social y que no tiene que ver con guita, no tienen que ver con financiamiento. Eso me lo llevo fuertemente para allá. Pero sobre todo en la cabeza para compartir con la gente con la que trabaje, para estar siempre fomentando que se hagan estos intercambios.


Y desde lo técnico, lo disciplinar, me llevo cosas, aprendizajes, que cambian la visión de algunas cosas que veníamos haciendo pero no creo que sean tan importantes. Y muchas de estas cosas a veces tienen una realidad, en este ámbito, y tal vez hasta sea difícil pensar que pueda suceder desde aquel lugar, desde Argentina, con una realidad integral, completamente distinta, con formas distintas de laburo.
Eso es lo que me llevo fuertemente para ver allá: esto es algo así como primer mundo, pero sigo eligiendo Argentina, lejos

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