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La tragedia del vuelo de la empresa SOL y la muerte de Juan Carlos Begovic

Por: Gustavo Burgardt

El miércoles 18 de mayo de 2011 a las 21,20 se precipitó a tierra el vuelo 5428 de la empresa Sol, un avión Saab 340, matricula LV-CEJ, a hélices, que transportaba a 22 personas, 19 pasajeros (18 mayores y un menor) y tres tripulantes: el piloto Juan Raffo, el copiloto Adriano Bolatti y la azafata Jesica Fontán.

La aeronave cubría el trayecto Córdoba – Comodoro Rivadavia, con escalas en Mendoza y Neuquen.

El impacto de la aeronave envuelta en fuego fue en el paraje Prahuaniyeu, 40 kilometros al sur de Los Menucos, en la provincia de Rio Negro. Los rescatistas llegaron al sitio tres horas después pero no hallaron otra cosa que un gran pozo y restos del avión y humanos esparcidos en un área de 200 metros.

Pese a que se comprobó que no poseía el equipo de navegación correspondiente a esa zona y se cayó por acumulación de hielo en su fuselaje, el juez federal de Bariloche, Leónidas Moldes, benefició con la medida absolutoria a los tres máximos directivos de Sol Líneas Aéreas en la causa penal que investigaba la caída del avión.

El juez consideró que «el cúmulo de evidencias y, en especial, la peritación no han aportado razones para incrementar el grado de sospecha» sobre los ejecutivos, aunque aún continúan dentro de la investigación.

Anteriormente, el juez de la causa había rechazado un pedido de indagatoria sobre Danilo Alberto Pojmaevich, Horacio Gabriel Angeli y Juan Alberto Nyffenegger, gerente, presidente y vicepresidente de Sol Líneas Aéreas, respectivamente. La querella había pedido que declaren acusados del delito previsto en el artículo 190 del Código Penal, que reprime al que «a sabiendas ejecutare cualquier acto que ponga en peligro la seguridad de una nave, construcción flotante o aeronave» a su vez calificado por el resultado muerte.

Según la «caja negra» analizada por la Junta de Investigaciones de Accidentes de la Aviación Civil, los pilotos comentaron minutos antes de la tragedia que la pérdida de altura se debía a que el avión no servía para la ruta que recorría y lamentaron que los dueños de Sol Líneas Aéreas «no lo quieren entender». «Es como que está pegando hielazos por todas partes», «Carga mucho. Carga más de lo que desprende», «Yo tengo abajo en el medio, viste. No lo desprendió bien», se escuchaba decir a Juan Raffo y Adriano Bolatti al comentar el hielo formado sobre la máquina.

La pericia reveló que su compañero sostuvo 10 minutos después: «Estos no saben lo que es volar en esta zona con estos aviones, te estoy hablando de estos aviones».

Juan Carlos Begovic era ejecutivo del grupo Indalo y olavarriense por adopción

Entre los 19 pasajeros del avión siniestrado estaba el ingeniero Juan Carlos Begovic.

Habia llegado a Olavarria en 1991, como gerente de la Empresa Clear, que por una década tuvo la concesión en nuestra ciudad para la recolección, transporte y tratamiento de residuos domiciliarios.

Cuando fue la crisis de 2001 el entonces intendente municipal Helios Eseverri rescindio el contrato con Clear e hizo uno con Transporte Malvinas, actual concesión y que operaba en Azul.

No obstante, el ingeniero Juan Carlos Begovic siguió residiendo en Olavarria junto a su esposa y sus dos hijos, un joven de por entonces 20 años y una nena de diez.

Begoviv, de 54 años, tenia 20 años trabajando en el Grupo Indalo, presidido por el comodorense Cristobal Lopez, quien tras la tragedia viajo a Olavarria.

Habia ido a Mendoza a firmar un convenio y regresaba a Comodoro Rivadavia a una reunión de Directorio.

Quien mejor describió a Begovic fue Gustavo Lupiano, gerente general, socio del Grupo Indalo y amigo del extinto ingeniero:

“Era una persona excepcional que hace 20 años estaba en la empresa. Decidimos recordarlo como un maestro porque enseñó a todos quienes trabajaron con él. Se merece ser destacado y no ser un número más entre las estadísticas”.

Comenzó con su actividad siendo muy joven tras graduarse como ingeniero en la Facultad de La Plata, de donde era originario.

“Fue un hombre muy importante para la empresa”, dijo Lupiano, quien además recordó su participación en el desarrollo de Clear en Mendoza, en La Pampa y en la organización del servicio de transporte urbano en Neuquén. Además, diseñó el emprendimiento de los cultivos de olivos en Catamarca. “Era un trabajador incansable; especialista en los temas de medio ambiente y organización. De hecho, las normas de seguridad y calidad que se alcanzaron fueron en parte promovidas por él. Por eso para nosotros era un ejemplo a seguir porque además fue un maestro. Quienes trabajaron con él valoraban esto; era didáctico pero además se caracterizaba por tener siempre buen humor “, recordó Lupiano.

Por todo esto, Lupiano indicó que en la empresa Clear y en el Grupo Indalo “en general estamos destruidos. Era una persona excepcional que hace 20 años estaba en la empresa. Para mí se murió más que un amigo, un hermano. Es padrino de mi hija y fue testigo de mi casamiento. Lo conozco desde que era estudiante. A mí me toca muy de cerca. Se murió más que un amigo, casi un hermano”.

El periodista Daniel Alonso fue su compañero de trabajo y así lo recordó. “Era un tipo que cuando más laburo había, más contento estaba. El armaba los pliegos, grandes biblioratos de documentación técnica. Compartíamos jornadas de trabajo cuando armábamos juntos el plan de concientización que se desarrollaba en las escuelas. Realmente era alguien que vivía en los aviones”.

Ayer llegaron correos de condolencia para la familia y de sus compañeros de trabajo de diferentes puntos del mundo: Estados Unidos, Brasil, España, lugares donde dejó algo más que conocimiento técnico.

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