“La violación es un crimen de poder vinculado a la idea de masculinidad”

Carolina Planes, integrante del Programa de Estudios Permanentes de la Mujer (PPEM) de la Facultad de Ciencias Sociales, remarcó la importancia de entender que los violadores no son personas anómalas sino que imponen de manera violenta valores que ya están presentes en la sociedad.

Una denuncia por abuso sexual a dos chicas en Olavarría movilizó a la ciudad. Dos hombres están imputados en la causa, uno de ellos fue detenido y trasladado a la Comisaría de Las Flores, mientras que el otro está prófugo. El caso se difundió a través de las redes sociales y una gran cantidad de personas se manifestaron el 2 de mayo en el Paseo Jesús Mendía para reclamar justicia. Esta denuncia pone de manifiesto la necesidad de repensar el contexto en que los hombres ejercen violencia (física, simbólica, psicológica, entre otras) sobre las mujeres.

“No podemos analizar la violación como una cuestión individual”, expresó Carolina Planes en la columna “Feminismo para armar” en el programa “No todo está perdido” de Radio Universidad. La licenciada en Antropología Social que integra el Programa de Estudios Permanentes de la Mujer (PPEM) explicó que los abusos sexuales dan cuenta de una situación social de fondo que es necesario abordar. “La masculinidad, el conjunto de actos o prácticas orientadas socialmente y vinculadas con la virilidad, con lo que consideramos que es masculino. El ejercicio de esa masculinidad hegemónica de manera violenta o en detrimento de otras subjetividades puede conllevar a estos actos”, subrayó. Asimismo, destacó la necesidad de asumir cierta responsabilidad como sociedad para transformar el sistema patriarcal del que formamos parte. “El machismo enseña a los hombres a imponerse y ser el género dominante. Los abusos tienen que ver con el ejercicio del poder sobre el otro. Un ejercicio de instaurar mediante la fuerza una determinada norma” señaló.

¿Qué piensan acerca de los casos de abuso sexual que se dieron a conocer en Olavarría?

En este caso hay una denuncia contra dos personas por abuso sexual en un local de una agencia de viajes. Nosotras decidimos abordar a partir de estos casos la relevancia que ha tenido en los medios y en las redes sociales la idea de la violencia sexual como una de las violencias de género. Y profundizar en esta situación y no tanto en el caso puntual porque no tenemos más datos que esto. Lo que sí es cierto es que esas denuncias se suman a otras denuncias que han cobrado visibilidad en el último tiempo.

Los casos, a diferencia de años anteriores, cobraron mucha relevancia en torno a la denuncia social. Esto es importante a la hora de visibilizar lo que es la violencia de género. Pero además otro dato importante en el caso de Olavarría es que tanto la agencia de viajes como el club al que estaba vinculado uno de los acusados repudiaron públicamente los hechos y desvincularon a estas personas de las instituciones. Algo que antes no era común que sucediera ante una situación de denuncia donde no había aún una sentencia judicial.

¿Cómo analizan los casos?

Desde el PPEM nos parece importante tomar, para analizar esta situación, a Rita Segato, una antropóloga feminista que ha cobrado mucha visibilidad y que trabajó entrevistando a violadores que cumplían condena en una prisión de Brasilia. Eso le permitió hacer un análisis desde la mirada antropológica que es interesante abordar. Nosotras consideramos, al igual que lo plantea Segato, que la violación no es un acto meramente sexual sino que es un crimen de poder y tiene que ver con la masculinidad.

Lo que hay que destacar es que en los casos que mencionamos participa más de un hombre en la misma situación de violación. Los violadores no son personas anómalas sino que lo que hacen es imponer de manera violenta determinados valores que ya están presentes en toda la sociedad. Entonces el abuso sexual es una consumación particular de un montón de otras determinaciones que ya están formando parte de la sociedad.

¿Cómo creen que hay que actuar frente a este tipo de casos?

La gran pregunta es qué hacemos ante esto. Los desvinculamos de las instituciones en las que participan y se inicia un juicio pero no podemos tomarlo como una cuestión individual. La persona que viola es el chivo expiatorio de una situación mayor. Si nos reducimos a tratar de abordar simplemente a esa persona no vamos a estar abordando el problema de fondo, va a seguir sucediendo. Esto tampoco quiere decir que es una práctica común de todos los hombres.

Por masculinidad entendemos el conjunto de actos o prácticas orientadas socialmente que tienen que ver con la virilidad y con lo que consideramos que es masculino. El ejercicio de esa masculinidad hegemónica de manera violenta o en detrimento de otras subjetividades puede conllevar a estos actos. Generalmente las violaciones son perpetradas por hombres hacia mujeres, otros géneros u otras personas que no entran en la norma de la masculinidad. Estas acciones tienen que ver con el ejercicio del poder sobre el otro. Un ejercicio de instaurar mediante la fuerza una determinada norma. Para Rita Segato, quien comete un abuso sexual está “ordenando” a alguien que está “desviado”. Por eso es que tiene aceptación social y que no podemos hablar únicamente del individuo que comete la violación,  porque esas violaciones generalmente están apoyadas por el conjunto social. Por ejemplo, cuando se culpa a la víctima por haber consumido alcohol.

¿De qué manera la sociedad da lugar a este tipo de prácticas violentas?

Todas estas prácticas tienen una base patriarcal y machista que establece estereotipos y roles de género. Cuando consideramos que las mujeres están destinadas al ámbito doméstico y a ser puras hasta el matrimonio, aunque en la práctica ya no sea así, permanece la idea de que esa es la norma o la moral. Se sigue creyendo que si cumplís con esas reglas, te va a ir bien en la vida. Eso es también lo que piensan quienes ejercen la violencia contra las mujeres, porque están dentro del machismo y de la masculinidad hegemónica. Que en algún punto les define a los hombres que deben ser viriles, fuertes, que deben imponerse y ser el género dominante. Cuando una persona no puede llegar a concretar eso, lo resuelve mediante la violencia a sus pares o hacia las mujeres. Esta es la razón por la que es necesario entender que tenemos que cambiar otras prácticas cotidianas que nos parecen mucho más insignificantes pero sientan las bases para que se justifiquen y se sigan desarrollando este tipo de situaciones violentas. No es que todos seamos culpables de esto pero tenemos que asumir cierta responsabilidad para transformar ese concepto  en el que se desarrollan.

Este ejercicio de la masculinidad hegemónica y de las relaciones de género en un sistema patriarcal también hacen a estas prácticas de la violación en grupo. Por eso también la violación se vincula con una cuestión de exhibicionismo. En términos sociales, es algo complejo que si lo limitamos a quien cometió el delito no vamos a estar tocando el tema de fondo.

¿Qué opinas con respecto a la rápida respuesta de las mujeres que salieron a movilizarse y reclamar en Olavarría?

Lo que viene pasando es que no se dejan pasar las situaciones de denuncia y se visibilizan en las redes sociales. Esto hace que cuando un caso toma estado público no pueda dejarse de lado. Ya es más difícil desentenderse por parte de la Justicia o llegar a un dictamen no satisfactorio para alcanzar un sistema un poco más equitativo entre hombres y mujeres. En ese sentido, es positivo. Por ejemplo, el hashtag #Cuéntalo en Twitter es una campaña que intenta visibilizar estas prácticas. De hecho, algunas pueden ser denuncias pero otras no, no están dentro de un marco punitivo pero sí dan cuenta de situaciones de inequidad y de violencia. Salir a decirlo es importante y cuestionar cosas que antes se tomaban como naturales también lo es.

Entrevista realizada en el programa “No todo está perdido” de Radio Universidad FM 90.1

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