Libros / El origen de todos nuestros males

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Sin Rumbo publicada en 1885


Carlos Verucchi / En Línea Noticias ([email protected])

Influenciado por la nueva corriente literaria impulsada en Francia por Émile Zola, Eugenio Cambaceres publicó en Buenos Aires “Sin rumbo” en 1885. La vinculación con la obra del francés, conocida como Naturalismo, es innegable. Tanto Zola como Cambaceres promueven textos realistas que intentan plasmar las contradicciones sociales de la época.
Sin rumbo es la historia de Andrés, un terrateniente que no tiene otra ocupación que dilapidar la fortuna heredada de su padre y que se debate entre un desinterés cercano al nihilismo y su única pasión: las mujeres.
Lector voraz de Schopenhauer, Andrés, se dedica a conquistar mujeres en los teatros de Buenos Aires mientras sus estancias navegan, a la deriva, y se mantienen a flote gracias a los vientos favorables que soplaban a fines de siglo XIX para la agricultura pampeana.
Aunque todo cambiará, repentinamente, cuando conozca a su pequeña hija (fruto de una relación intempestiva con la hija de uno de sus peones) y decida dedicarse de entero a su educación.
Sin rumbo es uno de los primeros grandes éxitos de la novela argentina. Varias ediciones se agotaron en pocos meses y despertaron el interés del público en igual medida que la crítica de la Iglesia a raíz de cierta crudeza en la forma de narrar las relaciones íntimas.
La novela de Cambaceres presenta un trasfondo filosófico que sigue resultando interesante y podría resumirse en el famoso “ser o no ser” de Shakespeare. Sin embargo, y tal vez sin que el autor lo haya buscado deliberadamente, la novela deja en evidencia el germen de la decadencia de toda la nación, paradójicamente, durante sus años más pujantes.
Es que nada bueno podía sobrevenir a la cultura de la ganancia fácil surgida de la llanura más fértil del mundo. Los dueños de la tierra ―extasiados en su buenaventura― se sentían en la obligación de viajar a Francia para poder gastar, más refinadamente, los dividendos extraordinarios obtenidos del suelo virgen, del clima ideal y de la reciente organización política que sobrevino a la Generación del ‘80.
Alberdi lo había intuido antes. La Pampa será para el país ―observó―, más que un motivo de crecimiento, un gran estorbo para su desarrollo. El éxito viene de la mano del sacrificio, nunca de la ganancia fácil y sin riesgo.
Sin rumbo, como toda la obra de Cambaceres, nos ofrece un acercamiento a aquellos años en los que se fundó nuestro país. La mirada del autor ―conspicuo miembro de la oligarquía terrateniente pampeana―, por momentos ingenua, deja a trasluz la trama del futuro que hoy es nuestro pasado. Los dados se agitan en el cubilete, pero basta un poco de atención por parte del lector para imaginar, que cuando rueden sobre el paño, difícilmente se conviertan en un tiro ganador.

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