Libros / Ficción y política en Rodolfo Walsh

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Ediciones de la flor acaba de reeditar los cuentos completos de Rodolfo Walsh, publicados originalmente entre 1953 y 1968.

Carlos Verucchi / En Línea Noticias ([email protected])

Recorrer cronológicamente la literatura de Rodolfo Walsh implica recorrer su vida y, con ella, esos pocos años que necesitó la Argentina para retroceder desde la prosperidad y la indolencia al terror y la locura.

 
Ediciones de la flor acaba de reeditar los cuentos completos del escritor muerto en los años de la última dictadura militar, con un esclarecedor prólogo a cargo de Ricardo Piglia y con la transcripción de dos reportajes efectuados al autor por el propio Piglia y por Rosalba Campra.

 
Hoy, visto a la distancia, no es sencillo convencernos de que todo haya empezado con unos tímidos cuentos policiales publicados durante los años del primer peronismo (Variaciones en rojo, 1953). En ellos, su ya mítico personaje Daniel Hernández, corrector de pruebas de imprenta en una editorial de Av. de Mayo, resuelve a fuerza de rigor deductivo los diversos asesinatos que el comisario Jiménez no logra esclarecer.

 
A esos textos iniciales le sigue Cuento para Tahúres, de 1962, en el que el comisario Laurenzi se muestra como el policía eficiente y lúcido capaz de resolver, ya no sólo con recursos lógicos sino también con agudas observaciones psicológicas, los casos policiales más enigmáticos.

 
Pero estos ejercicios de lógica, que pueden resultar tan atractivos como una partida de ajedrez o un buen libro de álgebra, van dejando paso, lentamente, a construcciones narrativas más elaboradas en las que el ingrediente social y la metáfora política empiezan a surgir con la fuerza de un huracán.

 
El tercer libro que conforma esta compilación es Los oficios terrestres, publicado originalmente en 1965, y que inicia nada menos que con Esa mujer, cuento que alguna vez fue elegido por un grupo de escritores argentinos como el mejor de toda la literatura nacional y en el que la política ya está ahí, inevitablemente.

 
Los cuentos completos finalizan con Un kilo de oro, de 1967, en el que se destaca la serie de los cuentos de irlandeses. En ella, el autor narra, no sin cierto y para nada inocente espíritu metafórico, anécdotas de su paso por un internado para irlandeses en Capilla del Señor durante sus años de infancia.

 
Y así termina la obra puramente ficcional de este escritor que, como Borges en su famoso cuento donde es él mismo un personaje, se siente provocado y tiene que dejarse de juegos para asumir la obligación que la Historia le asigna y, simplemente, salir a pelear.

 
Como cuenta el propio autor en el prólogo de Operación Masacre, a él, a quien sólo le interesaba jugar al ajedrez con sus amigos en los bares y escribir literatura policial, la realidad y la situación social del tiempo que le tocó vivir lo fueron a buscar, lo tomaron de los hombros y le mostraron la injusticia y el sufrimiento que estaban ahí afuera, y entonces ya no pudo desentenderse y se dejó llevar por el camino que lo perdería para siempre.

 
Porque después de los cuentos vendrán las denuncias políticas de Operación Masacre y ¿Quién mató a Rosendo? Y más tarde toda la obra periodística publicada en el periódico de la CGT o en la revista Panorama y recopilada en el El violento oficio de escribir, de 1995, publicado por Editorial Planeta.

 
Piglia coloca a Walsh en la línea de Sarmiento en el sentido de considerar a la literatura como una herramienta política. No hay textos inocentes por lo tanto desde ese punto de vista, aunque, como vimos, sus primeros cuentos parecen desmentirlo.

 
Al igual que el país, Walsh se sintió arrastrado a una vorágine de violencia que terminó con su muerte. ¿Y ahora quién va a escribir nuestro Quijote? Se preguntó Osvaldo Bayer cuando se supo de su muerte en manos de una patrulla del ejército comanda por Alfredo Astiz y el “Tigre” Acosta en marzo del 77.

 
Pero tal vez nuestro Quijote ya había sido escrito. Porque ¿qué es Operación Masacre sino un texto que lleva la misma fuerza y tiene la misma trascendencia que el Facundo o el Martín Fierro?

 
La importancia de la obra periodística de Walsh, junto con su actividad en la resistencia a la dictadura, dejan en segundo plano a esta serie de cuentos que hoy rescata Ediciones de la flor. Su propuesta literaria, tal como muestra Piglia en el prólogo de sus Cuentos Completos, constituye una de las vanguardias de la literatura argentina del siglo pasado.

 
Llama agradablemente la atención la originalidad con la Walsh hace uso de la adjetivación en sus relatos. La adjetivación incesante, lejos de resultar anacrónica o tediosa, le confiere a sus cuentos una retórica particular y muy poderosa. Y en este sentido, es posible encontrar un punto de comunión con la obra de Borges, ambos cultivados en el uso de la lengua inglesa desde sus primeros años de vida.

 
Recorrer los cuentos de Walsh, de un tirón, resultará seguramente para cualquier lector una experiencia incomparable. En ellos está todo, el policial y el relato psicológico, experimentos de vanguardia y relatos vinculados a la tradición de nuestra literatura, el humor y la crueldad, los años felices y la política, y, sobre todo, los preludios de la tragedia que acechaba. Por eso resultan imperdibles.

 

 

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