Libros / La recuperación semanal de la infancia

Valdano

Jorge Valdano, ex-jugador de la selección argentina, presenta una serie de ensayos sobre el fútbol de todos los tiempos.


 

Carlos Verucchi / En Línea Noticias ([email protected])

 

Todos tenemos más o menos en claro que el fútbol, con el paso de los años, se ha ido convirtiendo en un negocio. Jorge Valdano va un paso y más allá y nos ofrece, para ese parecer, una evidencia indiscutible. Nosotros, dice ―y en ese nosotros cabemos todos los que rondamos los cincuenta años o más― en nuestra niñez moríamos por una pelota, ya fuera de cuero, de goma o de trapo. Ahora, en cambio, se venden muchas más camisetas que pelotas. Camisetas no solo de los equipos con los que se simpatiza sino también de aquellos equipos que, por mérito propio o por estrategias de marketing exitosas, se ponen de moda, como el Barcelona, el Bayer o el eterno Real. El interés de los chicos por el fútbol no es el mismo que hace unas décadas, el escaparse al potrero para jugar un picadito mutó en la necesidad de tener la última camiseta de Messi o jugar a la “Play”.

 

Esta es sólo una de las tantas observaciones sagaces que Valdano presenta en “Fútbol. El juego infinito”, publicado en 2016 por Conecta.

 

Valdano (ex jugador de Newell’s Old Boys, la selección argentina ganadora del Mundial 86 y del Real Madrid) pertenece a la escuela de los futbolistas-filósofos que se constituyó alrededor de Menotti y Ángel Cappa y que postula un fútbol vistoso y entregado sin condiciones al espectáculo.

 

En su libro, Valdano se enfoca en el proceso de transformación que ha convertido a aquel deporte de nuestra niñez, tal como anticipáramos, en este gigantesco negocio e instrumento mediático con el que los gobiernos regulan el clamor popular.

 

Estrellas de fútbol que asisten a la entrega del Balón de Oro acompañados de sus peluqueros personales y maquilladores, clubes que pagan contratos por encima de los pretendidos por los propios jugadores con el fin de mantener cierto status o empresarios que muestran su potencial económico comprando clubes de fútbol son solo algunos de los absurdos con los que ya nos hemos familiarizados.

 

El juego, en sí mismo, no ha sido menos dinámico en cuanto a su evolución. Durante el mundial de Chile, en 1962 ―razona Valdano entre sorprendido y consternado―, un jugador corría en cada partido unos cinco kilómetros aproximadamente. Esa distancia no ha dejado de crecer desde entonces y se aproxima, en la actualidad, a los doce kilómetros. ¿En qué medida influye esta observación sobre en el juego? Valdano lo explica más o menos en estos términos: Cada vez que Pelé recibía una pelota, disponía de cuatro segundos para dar un pase o decidirse a ensayar una gambeta. Maradona tenía que resolver en dos segundos, Messi en menos de uno.

 

Los grandes jugadores de todos los tiempos y los grandes técnicos pasan por las páginas de este ensayo y son desmenuzados a través de la óptica crítica de aquel jugador campeón del mundo en el 86 y ganador de varios títulos (como jugador y como entrenador) con el Real Madrid.

 

¿Por qué se resiste la opinión pública a incorporar a Messi al trono donde reinan Di Stéfano, Pelé, Cruyff y Maradona? Si dos de ellos tampoco ganaron jamás un mundial. Tal vez el único pecado de Messi sea no haberse podido cruzar jamás con un Bilardo.

 

Transitar las páginas de “Fútbol. El juego infinito” resulta, en definitiva, de gran interés para todos los seguidores es este deporte. El libro tiene la virtud de forzarnos a observar, lo que en apariencia puede parecer normal, a través de una mirada original que lo transforma en absurdo, cuando no en ridículo.

 

Por si todo esto fuera poco, hay un detalle en el texto que llama gratamente la atención: Valdano, haciéndole honor a su condición de “intelectual del fútbol”, escribe como los dioses.

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