No te podías morir

Escribe: Marta Casanella.


Escribe: Marta Casanella

Sos, querido Diego, todo lo que deseamos ser y todo lo que nos cuesta aceptar.

Brillante.

Soberbio, peleador, busca roña. Solidario y sensible.

Extraviado, equivocado, contradictorio.

Machista de la boca para afuera que se rinde sin pudor ante el amor de una mujer.

Pobre que no se resigna. Pobre que lucha. Pobre que, aunque no sea más pobre nunca deja de sentirse pobre.

Nos dejaste el placer de tu lengua filosa, el orgullo de los dientes apretados, la furia interna que te hace olvidar el dolor y correr. Porque cuando la suerte no importa y el destino está en tus manos, no miras la moneda.

Tenías casi todo permitido. No hubiera habido juez en el planeta que se atreva a condenarte. Una ley no escrita pero tácitamente aceptada, te exoneraba de casi todas las culpas.

Lo único que no podías hacer era morirte. Morirte y dejarnos así de huérfanos. Sin habernos explicado claro, para que entendamos, que eras mortal. Que no era tan cierto que la podías arruinar mil veces, chocarla hasta cansarte y recuperarte después.

No podías morirte.

Cuando se nos pase el enojo por habernos dejado acá, sin ídolos y extrañándote mientras nos dure la vida, te empezaremos a buscar.

Cabecita negra inmortal, sonrisa de cielo.

En cada potrero, en cada gambeta, con la frente alta y la pelota al pie.

Estarás ahí.

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