“Olavarriense por adopción” en las marchas contra Macri en Francia

Camila Argüelles es hija de la olavarriense Laura Franchi.


“Soy hija de Laura Franchi oriunda de Olavarría, estuvo detenida desde 1975 durante la dictadura militar, y fue liberada en 1981. Desaparecieron a su esposo padre de mis dos hermanas, la del medio nació mientras mi mamá estuvo detenida”, cuenta a modo de presentación Camila Argüelles quien reside en Paris y fue protagonista de las manifestaciones contra el ex Presidente Mauricio Macri.

“Mi madre se exilió a Francia cuando la liberaron y al año llegaron mis hermanas. Allí conoció a Carlos Argüelles, mi papá, corredor de autos que estuvo muy cerca de alcanzar la Fórmula 1, corría la Fórmula 3 británica pero por condenar la Guerra de Malvinas mientras vivía en Londres fue expulsado del país y se quedó sin nada. Se mudó a Francia y conoció a mi mamá“, comentó tiempo atrás Camila.

Este miércoles, con motivo de las movilizaciones en Francia contra Macri, Camila tomó contacto con Carlos “Puchi” Rodríguez en Radio M durante el Panorama Informativo.

Allí contó de en qué consistieron las movilizaciones cuyas imágenes dieron la vuelta al mundo.

Primero se define como “olavarriense de adopción” y luego contó que la movilización que reunió a más de 150 personas fue para repudiar el viaje del ex Presidente Macri a Francia y dijo: “fuimos acompañados por diferentes partidos políticos franceses como así también por miembros de comunidades latinoaméricanas en Francia”.

Consultada sobre los motivos de la manifestación indicó que tuvo como “objetivo denunciar la actitud poco ética e inmoral del ex mandatario frente a lo que está atravesando el pueblo argentino”.

Camila dijo además “nos pareció importante declararlo persona no grata en Paris para denunciar esa actitud”, dijo en referencia al viaje de Macri a Europa cuando en la Argentina la gente “no puede salir” en referencia al estado de aislamiento social, preventivo y obligatorio.

Finalizó contando: “queríamos denunciar la actitud de abandonar al pueblo y no hacerse cargo de las políticas que llevó adelante su gobierno que se están viendo ahora con el hambre y la desocupación, que con la pandemia se fueron agravando”.

¿Quién es Camila Argüelles?

Nunca dudó que haber nacido en Francia la inhabilitara para sentirse argentina. Alumbrada en Fontenay Sous Bois, un pueblo ubicado a no más de 9 kilómetros de París, creció en un casa en la que el español era el idioma que daba calor al hogar. Costumbres tan argentinas como el mate “bien amargo” o el dulce de leche la acompañan desde que gateaba de manera tan inquieta como irreverente ante la atenta supervisión de sus padres, Laura Franchi y Carlos Argüelles.

“Siempre me sentí argentina. Entrar a mi casa era entrar a la Argentina. No había choque de culturas cuando estabas ahí. El mate es lo único que no puede faltar en mi casa y a mi papá, en su pueblo (General Belgrano) le dicen dulce de leche. ¡Así que imaginate!”, ha dicho Camila quien además tienen una promisoria carrera deportiva.

Su papá, un promisorio piloto de automóviles, estuvo muy cerca de sentarse en la butaca de un Fórmula 1. Vivía en Inglaterra y corría en la Fórmula 3 británica cuando públicamente condenó la acción militar que derivaría en la Guerra de Malvinas. Carlos había emigrado de la Argentina en 1973 detrás de un sueño y casi una década después corría y comentaba carreras en Europa para una radio argentina. El arrojo de Carlos -parte de la herencia de Camila- al cuestionar el imperialismo inglés lo dejó con su cuenta bancaria congelada por tiempo indeterminado a partir de una sanción del gobierno inglés y sin el apoyo de los sponsors que lo iban a catapultar a la máxima categoría del automovilismo mundial. Con lo poco que tenía, Carlos se marchó a París, donde conoció a Laura, que ya vivía allí hacía varios años tras reencontrarse con sus hijas María Laura y Silvina, las hermanas mayores de Camila.

La historia de Laura resultó todavía más oscura y tenebrosa. “Mamá fue secuestrada por los militares antes del inicio de la última dictadura, ya tenía una hija, pero mi otra hermana nació en cautiverio. A las dos las criaron mis abuelos hasta que la soltaron en 1981 y ahí y pudieron juntarse. Cuando se la llevaron estaba casada con Mario (Stirnemann) de quien, a fines de 1994, se pudo recuperar sus restos porque estaba en el Cementerio de Temperley”, recuerda Camila.

“Por todo lo que ellos vivieron, su historia es un canto a la vida y siento que debo honrarlos cada vez que tengo una oportunidad. Mi mamá y mi papá me enseñaron siempre cuál era nuestra historia, siempre hablamos de eso. Y eso, creo, me convirtió en un ser politizado”, asegura con la misma convicción con la que juega al tenis de mesa, el deporte que, desde 2013, le permite vestir los colores nacionales tanto en equipo como de manera individual.

En 2002 le habían ofrecido ingresar a un centro de alto rendimiento de la zona de París, pero Camila y sus papás dijeron que no. “No aceptamos porque me tenía que ir de mi casa y yo además iba al conservatorio a estudiar piano”, cuenta. Y añade: “Ahí es como que quedé afuera del sistema porque con esa decisión, de cierta forma, me corrí un poco del foco al no estar en las estructuras naciones ni de las federaciones. Me quedé en mi club donde tenía todo porque era uno de los mejores clubes de tenis de mesa de Francia”.

En ese momento, para que su talento no se perdiera, su entrenadora, Danijela Grkovic, le sugirió a su mamá que averiguara cómo podía hacer para que Camila jugara para la Argentina. “Ella no quería que perdiera continuidad y vio una oportunidad en mis viajes a la Argentina. Mi historia con el ping pong fue una casualidad porque me lo impusieron para poder ingresar a la escuela secundaria. Cuando terminé la primaria, mis viejos buscaban una secundaria en la que pudiera estudiar italiano y había un colegio que quedaba a tres cuadras de mi casa donde daban italiano. Por eso, me anotaron para entrar al club donde di unas pruebas, pero me interesaba poco y nada jugar. A mí me gustaba la gimnasia artística, que hice de los 6 a los 12 años”, explica.

La adaptación al nuevo deporte fue tan rápida que Camila, en poco tiempo y a fuerza de resultados, se hizo un lugar en el club. “Una de las ventajas de este deporte es que cuando entrenás, al principio, mejorás muy rápido. Sobre todo si sos chico. Empecé a entrenar en septiembre y en octubre, en mi segundo torneo, ascendí de división, por quedar tercera. A los seis meses jugué un selectivo para entrar al equipo del club que iba a jugar el nacional de clubes y lo gané, superé a dos chicas que se entrenaban desde hacía dos años”, cuenta Camila, la doctora en Biología celular de la Universidad París Diderot.

Así, como en un abrir y cerrar de ojos, el tenis de mesa se naturalizó en su vida como si estuviera cincelada desde siempre para practicarlo.

Las marchas y reclamos por los 30.000 desaparecidos, siempre tienen a Camila Argüelles presente

Con información de Enganche.com

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