Opinión | La muerte, los velatorios y la patada final de Maradona a la política


Escribe: Dionisio Menipo

En marzo de este año, con excelente criterio, el Gobierno Nacional dispuso medidas restrictivas de la circulación de personas debido a que se declaró la pandemia mundial por Coronavirus. Han pasado nueve meses de que se tomaron las primeras medidas y de pronto: se murió Maradona.

Se murió Dios. Se murió el hombre, el mortal, que llenó de alegría al pueblo argentino. Y Diego, como siempre, revolucionario, peronista e irreverente le pegó una cachetada a la clase política argentina.

Es ahí donde surge una pregunta ¿Qué le pasó a la clase política Argentina que en nueve meses nunca elaboró un protocolo de bioseguridad para garantizar que familiares y amigos despidan a un ser querido?

En mayo de este año Mabel Caballieri (de la empresa Pinos de Paz) le decía al Diario El Popular: “ha sido de resignación. En realidad, la gente está tan metida en el aislamiento y en la cuarentena que lo toma sabiendo que no se puede. Acompaña cuando sale el coche fúnebre hasta el cementerio o hasta el crematorio en sus autos particulares, como que ven por última vez a sus familiares dentro del coche”.

La política en estos meses, debido a la falta de ese protocolo de bioseguridad, demostró su inhumanidad que ahora simulan de empatía. No hay registro de un Gobernador, un Intendente y menos que menos del Gobierno Nacional haya puesto su energía en elaborar un protocolo – como se hizo en otras actividades – para que amigos y familiares despidieran a sus seres queridos a la hora de la muerte.

Maradona terminó con una cuarentena que en la práctica ya no existía. Pero no es eso lo que molesta. Maradona no es el responsable, sino que Maradona le pegó una cachetada de realidad a la política argentina que durante nueve meses no hizo absolutamente nada para que el momento más doloroso de una familia esté contemplado en los protocolos de bioseguridad.

Frente a la falta de protocolos de bioseguridad el Presidente Alberto Fernández, quizás de manera inteligente, puso a disposición de la familia de Diego Maradona la Casa Rosada para su ultimo AD10S. La decisión, que molesta, evitó quizás que la aglomeración en otros sitios se convirtiera en desamanejo. Con sus más o con sus menos, la marea imparable podría, cerca de la Casa Rosada, estar más controlada. Con el “diario del lunes” podemos decir que finalmente no sucedió: fue un descontrol solo comparable con la figura de Maradona. Pero ese no es el problema.

Gobernar es tomar decisiones y durante estos nueve meses la mayoría de nuestros gobernantes no tomaron decisiones y ante falta de decisiones es la propia sociedad la que se moviliza. Solo a modo de recuerdo hay que mencionar el fallecimiento del empresario olavarriense Carlos Orifici. Su muerte, que a todos nos tomó de sorpresa, generó reacciones: estuvieron quienes acompañaron al ex Presidente de Racing en el club de la avenida Colón y hubo quienes repudiaron que se lo “haya velado” cuando estaba prohibido. Aclaración valida: a Carlos Orifici no se lo veló, solo un nutrido grupo de vecinos despidieron su cortejo en el Club Racing. El debate en torno a la muerte generó una grieta en aquel entonces en la ciudad.

El miércoles, el mismo día que Maradona moría en Tigre, el Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires difundió que se ponía en marcha un protocolo para velatorios en aquel territorio de la República Argentina. ¿El mismo día que murió Maradona? Si, el mismo día que murió Maradona. Rodríguez Larreta no tomó decisiones antes, las tomó cuando la realidad le golpeaba la cara.

La sociedad está cansada, la sociedad está harta, la sociedad necesita ser dirigida y para eso están sus dirigentes. Es necesario que Diego, o mejor dicho su muerte, interpele a la clase política. Ahora que el cuerpo de Maradona está en su morada final es necesario que haya un protocolo nacional, provincial o municipal que habilite la realización de velatorios para despedir seres queridos.

Si eso pasa, seremos más humanos.

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