Opinión / Siria: La guerra de los poderosos

Especial para En Línea Noticias el Lic. Pablo Palazzolo analiza los hechos sucedidos en Siria luego del bombardeo realizado por Estados Unidos en conjunto con Franca y Gran Bretaña.

Escribe: Lic. Pablo Palazzolo / En Línea Noticias Foto: ZEIN AL RIFAI AFP

Empezó en 2011 como una guerra civil entre las fuerzas de un dictador, Bashar al-Asad, quien heredó el poder de su padre, el general Háfez el-Asad, y su pueblo. Asad padre había gobernado Siria entre 1971 y 2000. Si se quiere, y sólo a los fines de establecer un paralelismo, Háfez el-Asad era el Saddam Hussein de Siria: no creó en su país un Estado religioso, a pesar de ser él mismo musulmán, sino uno laico gobernado con mano de hierro.

Al-Asad hijo heredó el poder en 2000. Algunos lo veían como un reformista, pero cuando una parte del pueblo sirio empezó a manifestarse en contra de la falta de libertad y el desempleo en el marco de las movilizaciones llevadas a cabo en varios países árabes en 2011 –conocidas como la “Primavera Árabe”-, Bashar inició la represión.

El resto forma parte de una trama que se complejizó al extremo para producir el desastre perfecto. El pueblo reprimido se empezó a armar y a luchar contra el gobierno. Pronto, milicias musulmanas hicieron su aparición en el escenario bélico, y el Estado islámico logró controlar una parte del país. Los kurdos, una minoría que como en Turquí e Irak, también habita en Siria, inició su propia guerra. El desastre estaba tocando a la puerta.

Y no se hizo esperar. Rusia es un histórico aliado de los Asad, tiene intereses –dos bases militares- en el país. Como no podía ser de otro modo, dijo presente en el conflicto, y sus aviones y sus bombas son las que han mantenido en el poder a Asad hijo hasta el momento. Del lado de Asad también juega Irán. Es que su familia es musulmana chiita, como la mayoría que gobierna desde Teherán. Pero es, asimismo, un aliado que permitió que por su territorio pasen las armas que necesita el movimiento chiita Hezbolá en Líbano.

Por supuesto, si se mueve Irán, se mueve su contraparte en el mundo musulmán que es Arabia Saudita, país sunita que le disputa a los chiitas iraníes el liderazgo regional. Y Turquía, que desconfía de los kurdos, con los que mantiene un grave conflicto en su propio país. Pero además, Asad tiene enemigos más poderosos. Porque el enfrentamiento con Israel es histórico. Y todos sabemos que quien se mete con Israel, se mete con Estados Unidos.

Así las cosas, los hechos de los últimos días se inscriben en el desastre perfecto que se ha armado en Siria desde hace siete años. Pero el tsunami amenaza con convertirse en mundial. Veamos. Desde 2014 Estados Unidos viene bombardeando esporádicamente a Siria. Pero el derechista Trump (hoy con muchos problemas internos y afrontando una guerra comercial con China), aliado con la derechista británica May y el derechista francés Macrón, necesitaba su propia guerra y ordenó atacar a Siria para –supuestamente- penalizar a al-Asad por supuestos ataques a su propia población civil con armas químicas. Sí. Como cuando Bush ordenó destruir a Saddam Hussein por lo mismo, aunque nunca se pudo comprobar lo de las armas químicas. Por su parte, el cuasi dictador ruso, Vladimir Putin, titular de un país que aún posee un arsenal poderosísimo aunque ya no sea una potencia mundial de peso, ha advertido a Trump que el ataque no quedará impune. O sea, el mundo está en vilo. Y en manos de monos con navaja.

En el medio, tristemente, están los sirios. De sus 23 millones de habitantes, se calculan en medio millón los muertos desde que comenzó el conflicto. Y en 5 millones, lo refugiados que abandonaron el país. También se sabe que el 70% de la población no tiene acceso al agua potable y que una de cada tres personas no puede satisfacer sus necesidades alimentarias básicas, más de dos millones de niños no van al colegio y una de cada cinco personas vive en la pobreza. Cuando los poderosos dirimen sus intereses con armas, los pueblos son los que sufren.

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