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Libros | Palabras que cortan como navajas

Libros / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (Twitter: @carlos_verucchi)


Si, como dice Laura Ayesa en uno de sus poemas, “la duración de la belleza es un parpadeo, un latido apenas, la piel de gallina en el brazo izquierdo”, no hay nada mejor que aprovechar ese abrir y cerrar de ojos para vislumbrar la belleza que se esconde en cada uno de los textos de la muestra “El filo de los días”.

Los poemas de Laura Ayesa son exhibidos en la 2ª muestra del Ciclo BANCARTE del Banco CREDICOOP, que puede visitarse en su sede local de la calle Vicente López hasta el 18 de marzo.

Dicen que para ser escritor es necesario hallar una voz, una voz literaria, una voz que nos hable desde el mudo papel pero que suene como un susurro suave al oído. La voz de Laura Ayesa es despiadada por momentos y al mismo tiempo cálida, es una voz que nos condena y también nos protege, nos cura y nos consuela como el arrullo de una abuela. La voz de Laura Ayesa escupe bronca, no se deja llevar por demagogias, no es políticamente correcta, no pijotea palabras, las usa con toda la fuerza que ellas esconden, no las suaviza, las hace resonar en nuestros oídos para que lastimen primero y curen después. Se toma al pie de la letra su propia concepción poética: “Hay que evitar la horda de sonámbulos que definen la cosa por el nombre”. Eso, ni más ni menos, es la poesía, el arte de encontrar la manera de redefinir el mundo, de darle a las cosas

un sentido nuevo, un brillo insospechado, una connotación inteligente… y vaya si lo logra.

A ver si me explico mejor con este fragmento: “Cuando el cielo llueve me llueve en los ojos y la casa es líquida y los vasos se vacían de buenos bebedores y las cadenas de los inodoros se rompen y entonces hay lágrimas leves sobre los mosaicos, gotas de semen en todos los colchones, saliva dulce en los umbrales, un pis de recién nacido como agua bendita en mi frente y todo se vuelve litro mojándonos el alma”. Un enérgico y certero cross a la mandíbula diría Roberto Arlt. Un encantador empleo de los signos de puntuación que enardecería a la maestra de tercer grado, una conjunción armoniosa de palabras que suelen estar prohibidas para la poesía convencional. Un intento, en definitiva, de hacer poesía avanzando por el camino más sinuoso, esquivando las anchas avenidas, metiéndose por estrechos pasadizos sucios y abandonados.

Hay que leer a Laura Ayesa a toda hora. Su poesía provoca sensaciones diferentes para los diferentes estados de ánimo que nos acobardan a lo largo del día. Hay que leerla a la mañana, descansados, para buscar esa reflexión inteligente que esconden sus palabras lacerantes, hay que leer sus poemas a la hora de la siesta, para mitigar el fastidio de los días interminables, hay que leerlos después de haber bebido una copa de vino, después de hacer el amor, cuando nos despertamos llorando en medio de la madrugada. En cada caso nos dirá algo distinto, tocará fibras diferentes, nos hará reír o llorar. Cada poema sabe darle a cada lector, y en cada momento, exactamente lo que necesita.

Desde esta columna destacamos la iniciativa del ciclo BANCARTE, tanto en su intento de dar a conocer a autores locales como en la inestimable cordialidad hacia todo aquel que, mientras cumple con trámites de rutina, puede recorrer esta muestra maravillosa que despierta sensaciones intensas.

Un indicio más de que la literatura olavarriense está desatada, incontrolablemente avanza haciéndose camino, esquivando la indiferencia, gritando su derecho, esgrimiendo su necesidad e importancia, pretendiéndose imprescindible.

Decidida a salvarnos.

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