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Panorama político bonaerense: La unidad agita al PJ pero también a Cambiemos

Visto desde la provincia de Buenos Aires,  el lanzamiento del nuevo espacio de confluencia  entre peronistas federales y massistas puso de manifiesto algo más que las dificultades que envuelven los intentos de unificación de ese sector: también sacó a la luz el estado de agitación interna que viven las tribus bonaerenses de esa filiación, que no estuvieron en Gualeguaychú. En el oficialismo, aunque con menos dramatismo, la perspectiva electoral también comienza a agitar la cuestión de la integración  entre sectores.

La característica más notoria del cónclave entrerriano fue la explícita negativa a un entendimiento electoral con Cristina Fernández y el sector que más fielmente la acompaña, representado por La Cámpora. Y la novedad más rutilante, la presencia del massismo y el randazzismo, los dos sectores que enfrentaron a la expresidenta el año pasado y ahora se consolidan  como la «pata bonaerense» de ese sector del peronismo hegemonizado por un  grupo de gobernadores.

El efecto político más evidente es la pervivencia de la partición del peronismo, lo que sumado a la intención de varios mandatarios provinciales de adelantar las elecciones locales es una buena noticia para Cambiemos. Al mismo tiempo, desde el punto de vista bonaerense el veto de los federales a la participación del presidente del PJ provincial, Gustavo Menéndez, es una novedad de impacto, que sucede inmediatamente después de su concurrencia al  conclave del peronismo filo K que se realizó a mediados de marzo en San Luis.

El gusto por ciertos estampados de Menéndez dio lugar a la acusación de «extravagancia» que se dejó caer para justificar la interdicción. Pero lo cierto es que el mensaje político es más preciso: desde su rol al frente del partido venía desarrollando una estrategia con la que buscaba colocarse como una suerte de mediador entre los mundos K y anti K del peronismo. Es esa idea la que parece hacer sido rechazada.

Al parecer, no son solo los «federales» y los massistas los que miraban con reprobación a Menéndez. Los intentes «dialoguistas», que vale hacerlo notar, tampoco estuvieron en Gualeguaychú, miran con desconfianza las oscilaciones de su par de Merlo. «En el partido hay mucho ruido con eso», dijo a DIB un vaqueano operador del peronismo provincial.  Pero lo cierto es que más allá de esos ruidos, los alcaldes que tienen peso en la Legislatura provincial quedaron, objetivamente, más cerca del cristinismo. (DIB)

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