La actividad periodística, entre lo “esencial” y lo indigno

Los y las periodistas atraviesan un momento clave: son considerados un servicio esencial, pero los salarios no acompañan. Reflotan reclamos porque la rigurosidad y la buena información no llega acompañada de salarios dignos.


Fernanda Alvarez – Agencia Comunica

Cubrir una conferencia, sacar fotos, desgrabar, editar, titular la noticia, compaginar imágenes, compartir con otros medios del mismo espacio, subir a la página web. La tarea periodística, movida y sin espacio para el aburrimiento, tiene todo tipo de condimentos. Y aunque hoy sea considerada un bien esencial, desde hace años los salarios no acompañan la multitarea y la profesionalización de quienes encaran la no tan sencilla tarea de informar con rigurosidad.

La medida de fuerza iniciada por los y las trabajadores de Infoeme en Olavarría no hace más que poner al desnudo la precarización laboral que sufren aquellos que narran los conflictos gremiales de otros sectores, pero pocas veces tienen la posibilidad de hacer escuchar su voz en los medios donde trabajan.

La pandemia, por su lado, no ha hecho más que evidenciar estas cuestiones viejas que arrastran las y los periodistas que se desempeñan en distintos medios de empresas locales y de todo el país. Porque, claro está, la ilusión de alcanzar un lugar de reconocimiento y salario alto como se muestra por los grandes medios alcanza solo para unos pocos privilegiados. Quienes eligen vivir de esta profesión en las ciudades del interior del país (aunque también sucede en muchos medios de Buenos Aires), deben sortear todo tipo de obstáculos. Y si bien el reconocimiento llega de lectores, televidentes u oyentes, la mayoría de las veces eso no se traduce en un salario que permita vivir dignamente.

El destrato en medios locales y regionales es una constante. En el sitio de noticias on line Infoeme, los y las trabajadoras sostuvieron un paro por varios días,hecho inédito en la ciudad. En Canal Local, un paro de actividades hace un par de años dejó la pantalla en negro durante unas horas, mientras que en el mismo edificio, pero en la Redacción del único diario impreso, las asambleas llegaron después de más de 115 años de historia. De hecho, en 2017 también hubo movilización y olla popular en las puertas del emblemático medio y desde hace meses los salarios mensuales llegan en hasta 3 cuotas.

En una emisora radial local, en tanto, los trabajadores también atraviesan por invitaciones a retiros, falta de pagos de horas extra, falta de reemplazos antes nuevas jubilaciones y muchas veces hasta maltrato y persecución.

La situación problemática no se da únicamente en Olavarría. En Tandil por ejemplo, en diarios como La Voz o Nueva Era también se observan varios conflictos laborales. Atrasos en el pago de sueldos, reducción de jornada de trabajo y haberes que derivan en Ministerio de Trabajo y problemas permanente con las patronales.
Actualmente, al menos en gráfica, el único convenio vigente de trabajo es el 541/08, reglamento bajo el cual se rigen los magros salarios de periodistas en diferentes categorías. Muchos empresarios del interior del país desconocen esa ley, “y eso significa que cualquier diario que no se atenga a lo que dicta el convenio, está infringiendo la ley y hay que penalizarlo por eso”, enfatiza Belen Cotine, secretaria general de Fatpren (Federación Argentina de Trabajadores de Prensa) Delegación Tandil y Azul.
“La pandemia en tal caso lo que hizo fue recrudecer algunas situaciones pre existentes que no están ligadas a una coyuntura. Es cierto que durante el macrismo el revés al sector de prensa fue descomunal a tal punto que encabezamos la lista de laburantes que perdieron mayor capacidad en el poder adquisitivo, pero el problema no es nuevo”, asegura la dirigente gremial.

La situación es similar entre Buenos Aires y el interior, solo que en diferentes escalas. Pero la dirigente va más allá de lo que sucede por cuestiones externa y se anima a mirar y reflexionar sobre la propia actitud que históricamente han tenido los trabajadores de prensa. “Sucede que en el interior hay una proximidad con el sector patronal que invita a un paternalismo perverso en conducciones, que hace pensar que como me gusta ser periodista voy a serlo aunque no me paguen. Debemos desarticular esos argumentos que en definitiva vulneran nuestro rol como laburante de prensa. Y desde ese lugar tenemos una gran responsabilidad dentro del movimiento obrero, porque hemos convalidado atropellos y avasallamientos de derechos porque nos gusta vivir del periodismo”.
Con un análisis más profundo, la periodista y dirigente gremial sugiere que para revertir este escenario es necesario “hacernos cargo que quizás nosotros mismos hemos contribuido a ese desprestigio en materia salarial.Y creo que es un proceso que llevará su tiempo, pero al menos desde a nivel nacional alientan la participación de base”.

Por otro lado, y teniendo en cuenta que la actividad periodística es considerado por el gobierno nacional como actividad esencial, “otro de los conflictos que nos atraviesan en este momento es por qué entonces no hemos cobrado un bono especial”.

La lucha sigue y es necesaria, casi imprescindible. Poner en escena el conflicto, mostrar cómo se trabaja y reclamar por un salario digno se vuelve tan esencial como la propia actividad periodística.

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