Libro | Literatura y vino


 

Libros / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (carlosjverucchi@gmail.com)

“Con el otoño llegaron las lluvias, y con las lluvias el tiempo del vino”, dispara Juan José Saer en el último capítulo ―inconcluso lamentablemente― de  “La grande”, novela que casi terminaba de escribir cuando lo sorprendió la muerte. Un otoño ansioso parece adelantar su llegada a Olavarría, amaga con instalarse anticipadamente y nos ofrece, reclamando nuestra complicidad, una alternativa al calor asfixiante de un verano que empezaba a aburrir. Trayendo, si confiamos en Saer, el tiempo del vino. Y por qué no de la buena literatura.

Extasiados de algunas frivolidades que concede el verano y algo desconfiados, finalmente, de la proliferación imprudente de la cerveza artesanal en sus cientos de variantes, buscamos, con renovada vitalidad, esa calma sazonada que nos ofrecen los buenos libros y el vino.

Y persiguiendo tan armoniosa combinación nos permitimos sugerir modestamente, desde esta columna, “La bodega”, de Noah Gordon y algún tinto del Valle de Uco, ciento por ciento malbec, obviamente.

En “La bodega”, Noah Gordon nos acompaña hasta la Cataluña del siglo XIX para hacernos testigos de una historia conmovedora. Con gran tenacidad, el personaje principal de esta novela se obstina en rescatar un magro viñedo que ha heredado de su padre, y que sólo era capaz de dar uvas para hacer vinagre, para convertirlo en una bodega refinada con la que intentará producir buenos vinos. Durante ese trayecto el lector podrá ir conociendo los secretos del cultivo de la vid al tiempo que recorre una historia intrigante y misteriosa. La historia personal de Josep Álvarez queda enlazada con las intrigas políticas que atravesaron España durante las Guerras Carlistas y que desembocaron en el asesinato de Juan Prim.

Quizá el mayor mérito de “La bodega” sea la maestría con la que el autor lleva el tiempo del relato. Con recursos austeros y por momentos extremadamente simples, Gordon logra atrapar al lector desde la primera línea y luego se despacha con una lección sobre cómo mantener el pulso de una narración, sobre cómo construir y conservar con firmeza una voz, sobre cómo sostener bien tensada la cuerda durante casi trescientas páginas.

“El vino es la cosa más civilizada del mundo” afirma Ernest Hemingway. No tenemos motivo para dudar de tal afirmación. Tal vez sí para agregar que junto con la escritura, el vino constituye una de las creaciones más elevadas que ha alcanzado el hombre. Creaciones que han perdurado y que resisten al embate inclemente de la tecnología, de la industrialización incesante y suicida y de la tentación del consumo como alivio de la angustia.

“Todos somos mortales hasta el primer beso y la segunda copa de vino.” Confiesa Eduardo Galeano. Por qué no dejarnos tentar, entonces, por esa aparente inmortalidad que se esconde detrás de cualquier otoño, en las páginas de una buena novela y con la cálida amistad de una copa de vino.

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