Opinión | Más alineados que nunca

Opinión / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (carlosjverucchi@gmail.com)

Todo aficionado a la literatura sabe que un detalle ínfimo, simbólico, relatado minuciosamente, tiene mucho más impacto sobre un lector que un dato general o estadístico por más incuestionable o contundente que éste sea. Si se tratara de provocar sentimientos de desconsuelo en los lectores, nadie diría por ejemplo que durante la Segunda Guerra Mundial murieron 40 millones de personas. Mucho más efectivo sería, por el contrario, tomar uno, sólo uno de esos 40 millones de muertos y narrar la mueca de  dolor que atravesó su cara cuando su compañero de escuadra intentaba salvarlo ante una lluvia de balas enemigas, o mencionar sus últimas palabras, la foto de su madre que llevaba escondida en el uniforme o la carta de su novia en la que le anunciaba que iba a ser padre.

Ingenuos son aquellos que intentan provocar indignación entre los argentinos afirmando que la familia Macri le debe al estado 500 millones de dólares por la causa Correo Argentino. Mucho más efectivos son quienes le endilgan al gobierno anterior el robo de un PBI (algo que muchos ni siquiera entienden qué es pero suena a desproporcionado, gigantesco) o ilustran sus acusaciones con la imagen de una retroexcavadora buscando un contenedor enterrado en la Patagonia (fíjense que hasta el lugar del entierro parece haber sido decidido por un avezado novelista). Los miles de millones de dólares que se fugan a paraísos fiscales gracias al mecanismo de la bicicleta financiera que auspicia el actual gobierno no indignan a nadie, son intangibles, son una mera abstracción, el bolso de López, en cambio, es tan determinante (así hubiera llevado en su interior dos pesos) como la carta de la novia en el bolsillo de la chaqueta del soldado agonizante.

Hace tres años y medio que intelectuales de primer nivel y científicos destacados vienen anunciando el descalabro del sistema de ciencia y tecnología del país. Algunos medios han publicado decenas de datos estadísticos, curvas con la evolución (en decidida caída) de la cantidad de investigadores que ingresan año a año al CONICET, porcentajes de la disminución de la inversión en el campo de la investigación científica, caída de los aportes del estado para financiar proyectos de innovación a través de la coparticipación de empresas y universidades, la cantidad de científicos que emigran y miles de datos más. Nada. El impacto en la opinión pública: nulo. Completamente nulo.

Pero eso sí, bastó que una investigadora del CONICET se presentara en un programa de preguntas y respuestas para intentar ganar un premio que ayudara a financiar sus investigaciones para que todo el país expresara su indignación. Como decía Borges, todos terminamos pareciéndonos a nuestros enemigos.

El presidente, ni lerdo ni perezoso, convocó a la investigadora del CONICET y acordó, supuestamente, con ella, pautas para revertir una situación que aparentemente desconocía. El mismo gobierno que desde hace años ignora permanentemente los reclamos del sector, reclamos concebidos a través de mecanismos consensuados y expresados por caminos formalmente establecidos en función de estructuras jerárquicas, representaciones sindicales, colegios o agrupaciones de universidades o investigadores, rectores, ex presidentes del mismo CONICET, legisladores, industriales, etc. etc., reconoce como interlocutora válida a una investigadora que tuvo sus 5 minutos de fama en televisión y acuerda personalmente con ella un plan de acción. Plan de acción que seguramente ya olvidó y que sólo existe en esa ficción gigantesca que el gobierno y los medios de comunicación masivos vienen sosteniendo y que tarde o temprano estallará como un globo para dejar al descubierto la mayor estafa de la que los argentinos hayamos sido víctimas.

Pero lo que verdaderamente debería provocar pavor y desconsuelo entre los argentinos, más allá del dato anecdótico de la doctora Simian compitiendo en ¿Quién quiere ser millonario?, es la subordinación incondicional del actual gobierno a los intereses de los países dominantes. La decidida e indisimulable alineación con las políticas que arbitrariamente Estados Unidos decide para países como el nuestro. Porque la destrucción del aparato de Ciencia y Técnica por parte del gobierno y el desmantelamiento del incipiente intento de industrialización del proyecto económico anterior, surgen de esa alineación con un poder que nos necesita como meros usuarios y consumidores de los productos que ellos desarrollan. ¿Para qué fabricar generadores eólicos si en Dinamarca ya lo hacen? Regresar al mundo era, pareciera, ver pasar por la ruta, con el orgullo de quien se siente parte de un proyecto modernizador y ambientalmente responsable, unos enormes tubos de acero sobre los que se van a montar generadores eólicos importados, al mismo tiempo las empresas de nuestro parque industrial reducen personal por falta de producción.

Alineados, obedientes, respetuosos, subordinados, honestos. Rivadavia, si nos viera, se sentiría orgulloso de nosotros.

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