Panorama político bonaerense: Movidas al amparo de tres grandes dudas


 

(Por Andrés Lavaselli, de la redacción de DIB).- Con las tres grandes decisiones que ordenarán la carrera electoral  de este año todavía en diverso grado de indefinición, el escenario bonaerense terminó de convertirse en la última semana en un mar de opciones abiertas y combinaciones posibles. Es un desorden que afecta  tanto a la oposición, dominada por los escarceos en torno a una eventual unidad del peronismo, como en el oficialismo, donde la inquietud por el impacto de la crisis económica se extiende también al radicalismo.

¿Será finalmente candidata Cristina Fernández, aunque eso exponga a la oposición a una derrota en segunda vuelta? ¿El experimento “centrista” de Roberto Lavagna seguirá creciendo hasta que se confirme su postulación? ¿El Presidente Mauricio Macri irá por la reelección o su caída en las encuestas hará que la gobernadora María Eugenia Vidal lo reemplace en ese rol? Esas son las tres cuestiones que el sistema político todavía no da por definidas, aunque algunas tengan un grado de incertidumbre mayor que otras.

Mientras las respuestas maduran, lo que depende de factores políticos tanto como de la evolución de la economía, en la provincia los movimientos son parciales y reversibles pero van ocurriendo. Uno de los más notorios de la semana tuvo como protagonista al kirchnerismo, que aprovechó el congreso del PJ nacional del jueves pasado en el microestadio de Ferro para explicitar el fin de una desavenencia interna y, al mismo tiempo, lanzar un llamado abierto a un sector con el que hasta no hace poco parecía irreconciliable.

La interna la protagonizaban dos sectores de La Cámpora liderados respectivamente por Eduardo “Wado” de Pedro y Andrés “Cuervo” Larroque, que tenían visiones diferentes sobre cómo encarar las elecciones. Uno quería abrir el kirchnerismo a acuerdos con vertientes  del peronismo tradicional pero el otro era más reacio. Triunfó De Pedro, o más bien terció CFK: fue ella la que dio la orden –ejecutada por los capitanes camporistas a duo- de llamar públicamente  Sergio Massa a sumarse a un frente electoral ampliado.

La directiva de la Expresidenta –transmitida por Oscar Parrilli- intenta sumar al territorio bonaerense a la red de acuerdos locales que ya tejió en provincias como La Pampa, Santa Fe o Entre Ríos. En Buenos Aires el interés por avanzar es incluso mayor, dado su significado estratégico en materia electoral. Por eso, se movió con cautela: “Por ahora, la lógica es sumar espacios a una posible interna, después vendrá la etapa de definir quién es candidato y quién no y a qué”, explican, entre pícaros y enigmáticos, desde el Instituto Patria.

Es que la movida implica reconocerle un lugar especial al massismo en el mismo territorio que Axel Kicillof recorre diariamente con traje de candidato, con colaboración de Florencio Randazzo por pedido de CFK. Y al que los intendentes del Conurbano tampoco renuncian. De hecho, en una reunión reciente evaluaron como un logro que tres de los cinco apoderados partidarios definidos en el cónclave de La Matanza son “propios o afines”. Se trata de los encargados de firmar las listas que los alcaldes quieren ver encabezadas por Martín Insaurralde o Verónica Magario.

De todos modos, quien crea que las idas y vueltas pueden terminar con Massa postulándose a gobernador en acuerdo con el kirchnerismo tal vez se equivoque. Aunque el tigrense sabe que no son pocos los que en su propio espacio ven con buenos ojos esa posibilidad, las señales internas que  emite no van en esa dirección. Tal vez lo haya influenciado una encuesta que le hicieron llegar recientemente, que lo da con una intención de voto del  11% en la Provincia.

En su entorno, claro, apuntan a otros factores. Massa no se definirá en lo inmediato, pero la encerrona política en la que parece estar ingresando está atada a dos variables. O más bien a dos candidaturas: la de CFK y la de Roberto Lavagna. Él siempre dijo que si la expresidenta se postula, su propia postulación se tornaría problemática. Ahora, parece estar pensando que un crecimiento del economista tendría el mismo resultado ¿Será por eso que el hijo del exministro, Marco, ha comentado, en reuniones reservadas, que el lugar para Massa es el primero de lista de diputados nacionales?

Por lo pronto, la incertidumbre parece dar lugar para casi todo. Hasta el conductor de TV Marcelo Tinelli puede jugar con una eventual candidatura a gobernador de la mano de Lavagna. No es que se trate de una eventualidad con chances de concretarse, pero da una idea de todo lo que cabe bajo el paraguas de las indefiniciones que todavía persisten. Y también revela de qué modo una personalidad conocida y con sintonía popular puede aportar al “ensanche” de un espacio político, aunque esa figura no necesariamente traduzca masividad en votos propios.

Desconfianzas

La opción Lavagna tiene otra función, buscada o no: sirve como faro electoral alternativo para una porción del radicalismo que no está conforme con el rumbo económico ni con el manejo político que viene haciendo el gobierno nacional. Es casi una amenaza interna de fuga que se basa en una peculiaridad del exministro: su perfil bipartidario, que lo llevó a integrar los gobiernos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner pero también el de Raúl Alfonsín y que, en 2007, lo hizo candidato del radicalismo a la presidencia.

Más allá de los casos como el de Ricardo Alfonsín o Federico Storani, que no ven con malos ojos una salida de Cambiemos, esa amenaza no parece ser la cuestión dominante en el radicalismo bonaerense. Pero eso no quiere decir que  allí no exista preocupación. La hay, por ejemplo, entre muchos intendentes, que optarían un reemplazo de Macri por Vidal como candidata a la presidencia si estuvieran en condiciones de decidirlo. Así como también se entusiasman con la idea de combinar  esa movida con una interna que contenga a los descontentos,

En ese marco, la Convención Nacional del radicalismo que se realizará hacia fines de abril será un punto de no retorno para el esquema político del oficialismo, porque ahí se define la política de alianzas del partido. Es la misma cita que en 2015 terminó de fraguar Cambiemos, en Gualeguaychú, pero realizada luego del desgaste de tres años de gobierno, en un contexto económico que se adivina por lo menos complicado. Dicen los que están al tanto del detalle que hoy se impone la voluntad de seguir formando parte del oficialismo, pero no por mucho.

Interna con Martín Lousteau como candidato propio, ruptura de una parte del partido con Cambiemos o, en la Provincia, preocupación de los intendentes por el peso muerto electoral que significa Macri si no mejora en sus índices, los temas de debate en el principal aliado electoral de PRO hablan del desgaste de la coalición gobernante. A eso hay que sumar que Gerardo Morales se incorporó al lote de gobernadores radicales que adelantaron sus elecciones para minimizar el impacto de un eventual traspié presidencial en octubre.

Pero al fin de cuentas es un reflejo de lo que también piensa una parte del dispositivo político que rodea a Vidal, tal como se contó aquí la semana pasada. (DIB) AL 

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