“Programa para la mitigación de la pobreza energética desde la perspectiva de género”

Presentado por la la Comisión de Mujeres de la Asociación de Usuarios Nueva Energía.


El Programa se ha elaborado a partir de la constatación en Olavarría de una realidad que se ha manifestado con más visibilidad a partir de los fuertes aumentos de las tarifas en el año 2016 y que se profundizó con la pandemia del COVID: la dificultad, y en algunos casos la imposibilidad, de algunos hogares de obtener los niveles materiales necesarios de energía eléctrica, para la satisfacción de sus necesidades para una digna calidad de vida. El impacto de las tarifas ha sido tan alto que ha afectado no solo a las clases vulnerables sino a una porción importante  de la clase media al tener que destinar un mayor porcentaje de sus ingresos al pago de tarifas. Esta situación es el resultado de la relación entre tres factores: las tarifas de energía, la eficiencia energética de las viviendas y del ingreso de los hogares.  

El aumento tarifario no solo tiene impacto negativo en las economías domésticas sino que tiene consecuencias  en las condiciones habitacionales, de salud y ambientales. Las conexiones clandestinas, son altamente riesgosas, así como el uso de aparatos ineficientes y el desconocimiento de su uso pueden derivar en accidentes con peligro a la salud o a incendios de las viviendas. En el contexto de pandemia actual y ante la necesidad del aislamiento social, en Olavarría la situación de precariedad en el acceso a fuentes seguras de energía, se ha visto agravado.  

Por otro lado, las estrategias que despliegan los hogares para hacer frente a la pobreza energética, poseen una dimensión de género. En la división de tareas al interior de los hogares, nos asigna a las mujeres y a los cuerpos feminizados, el rol de gestión del hogar y de los cuidados (de menores, adultos mayores, personas enfermas, entre otros). Actividades que, siendo imprescindibles para la reproducción y sostenimiento de la vida y la sociedad, no son reconocidas y valoradas como trabajo y por lo tanto, no son remuneradas. Cuando las condiciones energéticas en las viviendas son precarias, las mujeres que nos encargamos de las tareas domésticas, nos vemos sometidas a usar más tiempo de nuestra vida cotidiana, para lidiar con tales deficiencias, poniendo en riesgo incluso nuestra salud psico-física. La pobreza energética contribuye entonces a la feminización de la pobreza, en tanto que condiciona el tiempo que dedicamos a los quehaceres domésticos no remunerados.  

Para el abordaje de esta problemática el Programa plantea realizar un diagnóstico de la pobreza energética con perspectiva de género en el área de influencia de Coopelectric. El diagnóstico permitirá conocer mejor y de manera completa la realidad de las condiciones de las socias cooperativas y delinear políticas de acción. El Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas manifiesta que  “la energía es un bien común esencial y debe garantizarse un acceso mínimo para un uso básico, debido a su papel indispensable en todas las actividades cotidianas, que permite a cada ciudadano tener una vida digna”. 

La solución,  con una escala progresiva temporal, de la pobreza energética pasa por reducir de forma significativa los consumos energéticos. Las vías para lograr este objetivo, es la información y educación ambiental energética para el uso racional y eficiente de la energía, la rehabilitación energética de viviendas,( En la Pcia de Buenos Aires está vigente la ley 13059 de acondicionamiento térmico de viviendas, que obliga a   establecer las condiciones de acondicionamiento térmico exigibles en la construcción de los edificios,  para contribuir a una mejor calidad de vida de la población y a la disminución del impacto ambiental a través del uso racional de la energía). Otra vía es la autogeneración de recursos energéticos propios con energías renovables (solar térmica, fotovoltaica y eólica).  

El Programa tiene un nuevo enfoque que permite dotar de recursos propios a las viviendas minimizando su vulnerabilidad ante cambios imprevistos de los ingresos familiares y ante precios crecientes de la energía. 

Comisión de mujeres Nueva Energía: Inés del Aguila. Antropóloga social. Investigadora CONICET. Silvia de la Torre. Médica. Silvia Canga. Docente. Laura González.  Referente territorial. Sandra Aranda. Docente. Psicóloga social. Lucía Martín. Agente sanitario. Natacha Vázquez. Referente territorial.   Natacha Targiano. Abogada. Patricia Castañares. Referente territorial.  Consuelo Murattore. Comerciante. Sandra Pérez. Referente territorial. Adriana Maccarini. Profesora. 

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