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Libros | Las nuevas formas de la literatura


Libros / Carlos Verucchi / En Línea Noticias ([email protected])

La literatura necesita buscar permanentemente nuevas formas, renovar sus artilugios, recorrer nuevos caminos aunque después de transitarlos se decida volver hacia atrás y empezar de nuevo. Como buena crítica literaria y destacada columnista del sitio web “Sólo Tempestad” (http://www.solotempestad.com/), Valentina Vidal lo sabe.

Después de publicar en 2013 los cuentos reunidos en “Fondo blanco”, Vidal acaba de iniciarse en el camino de la novela con “Fuerza magnética”, recientemente publicada por Tusquets.

“Fuerza magnética” es una novela breve de una intensidad demoledora. De esas que queman en las manos y nos eximen del uso del señalador: cuando empezamos a leerla ya no es posible parar hasta llegar al final.

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Todo transcurre en una clínica privada al borde la quiebra. Los personajes: médicos residentes que pasan días completos en su lugar de trabajo, empleados administrativos, pacientes, operadores de equipos médicos, accionistas. Vidal es de las que cree que solo se conoce a las personas cuando se las ve reaccionar ante una situación crítica, un amor prohibido, la posibilidad de perder el trabajo, una enfermedad terminal. Por eso los personajes de “Fuerza magnética” van mutando y van acomodándose como pueden a la metamorfosis que atraviesa la clínica, vista, desde la perspectiva de la autora, mucho más como un mero negocio que como un centro de atención médica. ¿Hasta dónde puede llegar el oprobio de un empresario cuando su negocio deja de ser rentable?, ¿dónde quedan el compañerismo y la amistad cuando nos ofrecen un ascenso laboral?, ¿cuánta valentía se requiere para dejarse caer en el abismo de un amor imposible? “Fuerza magnética” no se propone responder estas preguntas. Por el contario, se esfuerza por hacerlas latentes, por dejarlas en evidencia, por acentuar la ambigüedad de las posibles respuestas. Porque como afirma la autora en una entrevista concedida a Infobae “la literatura tiene que abrir preguntas y mantenerlas siempre abiertas”.

Pero tal vez el mayor mérito de Valentina Vidal se encuentre en su apuesta a la renovación literaria. Ya no tiene sentido escribir como escriben otros, ya no es atractivo copiar fórmulas de la literatura clásica, ni siguiera de autores más recientes que lograron imponer un estilo. La apuesta más arriesgada, y por ende tentadora, es la de bucear tratando de hallar nuevas estrategias narrativas, nuevas maneras de contar, construir una narrativa que seduzca por su forma más que por su temática o por la referencia social o histórica.

La propia autora reconoce su espíritu renovador cuando afirma que “es muy bueno leer a contemporáneos, porque están viviendo la prosa con la que te comunicás ahora. Hay que leer clásicos y contemporáneos. Cuando una persona leyó sólo clásicos, después tiene una forma de escribir impregnada de una época o un estilo que es bueno refrescar”.

Hay que leer a los clásicos y también a Valentina Vidal. A través de su novela nos permite encontrar en la literatura un potencial que desconocíamos, nos anima a abrir nuevas puertas que nos llevan a universos desconocidos y asombrosos, y que lejos están de darle alguna chance a esa posibilidad (que cada tanto resurge) de dar por muerta a la novela como género literario.

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