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Un libertario de verdad


Libros / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (Twitter: @carlos_verucchi)

A los catorce años cayó preso en Rusia por participar de una manifestación anarquista. Una vez liberado, después de cierto tiempo, siguió siendo observado y perseguido por la policía del zar, los chacales, tal como él y sus compañeros de ideas los llamaban.

Sabiendo que su vida corría peligro se subió a un barco sin saber el destino que tenía. Recaló en Buenos Aires como podría haberlo hecho en cualquier otra parte del mundo. En Buenos Aires consiguió empleo como mecánico en distintas empresas y pequeños talleres. Comenzó a asistir asiduamente a bibliotecas libertarias en las que se formó en el pensamiento filosófico de Bakunin, Proudhon, Kropotkin y otros teóricos del anarquismo.

Para el primero de Mayo de 1909, la Federación Obrera Regional Argentina, de tendencia libertaria, convocó a un acto por el día del trabajador en Plaza Lorea (actualmente parte de la Plaza del Congreso). Ahí se presentó nuestro personaje, con apenas dieciocho años, para ser testigo de la brutal represión que sin motivo alguno ordenó el Jefe de Policía, Ramón L. Falcón. Represión que terminó con ocho trabajadores muertos, más de cuarenta heridos y una persecución posterior, la famosa Semana Roja, en la que varios líderes sindicales fueron apresados.

Simón Radowitzky, así se llama nuestro personaje, se limitó a observar como un testigo más aquella masacre. Es probable que ya estuviera diseñando su venganza.

Unos meses después, en Noviembre de aquel año, Ramón Falcón asiste al entierro de un compañero en la Recoleta. Cuando sale del cementerio tiene muchas cosas que hacer. Le pide a su chofer que tome rápido por Quintana. El chofer azota a los caballos y avanza a gran velocidad, toma Callao. Radowitzky espera paciente, lleva un paquete en las manos, bien podrían ser libros o el almuerzo de ese día. Es una bomba.

Cuando ve el carruaje empieza a correr en la misma dirección, lo alcanza, arroja la bomba hacia su interior. Segundos después el artefacto de fabricación casera explota entre las piernas del Coronel Falcón. Radowitzky entiende que se ha hecho justicia.

Cuando la policía lo rodea se deja atrapar sin oponer resistencia. De inmediato lo torturan, quieren saber quiénes pergeñaron el atentado, quién fabricó la bomba. Respecto a lo primero responde, tranquilo, que ha sido sólo él. Con respecto a lo segundo es más contundente, “tengo una bomba para cada uno de ustedes”. Después se permite agregar por su cuenta: “¡Viva la anarquía!”

Un par de años después, la policía entiende que Radowitzky nunca entregará a sus cómplices. Deciden enviarlo al penal de Ushuaia, desde donde nunca, antes, nadie se ha escapado. Pero en esto habría una excepción. Al poco tiempo Radowitzky se fabrica un traje de guardiacárcel y escapa, cerca de ahí lo esperan compañeros anarquistas que han salido de Punta Arenas en una pequeña embarcación. Son interceptados por la gendarmería de Chile y Radowitzky es devuelto a las autoridades argentinas. De nuevo en al penal, es sometido a todo tipo de castigos y torturas.

En Buenos Aires, el periódico anarquista La Protesta publica una serie de denuncias sobre las condiciones de los reos en el penal austral. En 1930 Yrigoyen le otorga el indulto después de recibir muchas presiones. Eso sí, pone una condición, debe dejar la Argentina para siempre.

Lo suben a un barco, primero hasta Montevideo y de ahí a España. Pareciera que huele la agitación, que sus sentidos le permiten adivinar dónde lo necesitan, dónde puede colaborar con la causa. En España, anarquistas y comunistas van a liderar pronto el intento de  imponer un gobierno republicano.

Pero a Radowitzky no le permiten ir al frente, le asignan otras actividades menos riesgosas. Es que a esa altura ya es, para todos los proletarios del mundo, un héroe, un mito viviente, un prócer en la resistencia al fascismo.

Derrotado una vez más, se exilia en México, donde muere en 1956. En aquel momento aún trabajaba, aún reclamaba, aún conspiraba, seguía siendo un agitador. Aún era temido.

Y sí… Coincido con ustedes. Elegí mal la foto de portada. Debería ir acá la de un libertario de verdad. Disculpen.

Esta foto era para la nota de la semana que viene, se me traspapeló. Se va a llamar: “Historia secreta detrás de la canción Despeinadas, de Palito Ortega”, o tal vez “El último monigote del establishment”.

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