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Una literatura en auge


Libros / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (Twitter: @carlos_verucchi)

Hace aproximadamente un año nos regodeábamos desde esta columna con el éxito de la novela “Un viento que arrasa”, de Selva Almada (https://enlineanoticias.com.ar/libros-el-boom-de-las-escritoras-argentinas/).

Casi inmediatamente, la autora entrerriana publicaba “No es un rio” (https://enlineanoticias.com.ar/sobre-lo-infinitamente-complejo-de-todas-las-cosas/), novela que, a un año de su publicación es candidata a obtener premios en tres concursos literarios. Además de haber quedado entre las diez finalistas del Premio de Novela Sara Gallardo, la historia que completa la trilogía iniciada con “El viento que arrasa” y “Ladrilleros” se halla entre las cinco obras finalistas del IV Premio Bienal de Novela Mario Vargas Llosa. Las demás novelas en carrera son “La buena suerte”, de la española Rosa Montero; “Poeta chileno”, de Alejandro Zambra; “Volver la vista atrás”, del colombiano Juan Gabriel Vásquez y “El libro de Eva”, de la mexicana Carmen Boullosa. La novela de Almada, además, figura entre las diez semifinalistas de la segunda edición del Premio de Novela Fundación Medifé Filba (las cinco finalistas se anunciarán en octubre).

La escritora nacida en Villa Elisa, Entre Ríos, en 1973, se ha convertido en los últimos años en uno de los exponentes más destacados de la nueva narrativa argentina. Tanto su estilo como la temática y geografía de sus textos remite indefectiblemente a Juan José Saer: El río Paraná siempre presente, pobladores de islotes perdidos en su cauce, la metáfora del río como devenir y referencia a la filosofía de Heráclito, el carácter sumamente cuidado y poético de su prosa.

La literatura de la ex discípula de Alberto Laiseca (fue en su taller literario donde completó su formación), presenta todos los atributos que la literatura actual parece demandar. Al menos al decir de los editores y a las exigencias del mercado: sus novelas son breves (no más de 120 páginas), logran con aparente sencillez de recursos crear climas que atrapan de inmediato a los lectores, ofrecen gran profundidad (al menos para quienes se animen a buscarla), no desestiman la crítica social (tanto en términos de desigualdad como en relación a su carácter machista), prescinden de recursos ampulosos, prefieren la timidez narrativa, la invitación a la reflexión más que la pretensión de mostrar verdades indiscutidas.

Echando mano a una expresión actual muy recurrente, es posible afirmar que todo hace indicar que el futuro de la literatura “es por ahí”. En por el surco que deja Almada por donde habría que insistir, es a través de su propuesta por donde la literatura argentina parecería ver cierto futuro promisorio.

Resulta fácil dejarse tentar con esta expectativa, manteniendo siempre la guardia en alto y haciendo todo lo posible por no dejarnos llevar por el encantamiento de artilugios más o menos ingeniosos (pensemos en el surgimiento efímero y prontamente agotado de Roberto Bolaño).

En esta columna nos gana la ansiedad, preferimos equivocarnos antes que esconder ilusiones desmedidas. No son los premios sino el tiempo quien definirá el verdadero alcance de la literatura de Almada. Por ahora recomendamos leerla, confiar en el instinto, dejarnos llevar por ese viento que arrasa, que no es otro que el su prosa pulcra y seductora.

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