Libros | Breve historia sobre los últimos 100.000 años del Homo Sapiens

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Escribe para En Línea Noticias, Carlos Verucchi.


 

Libros / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (carlosjverucchi@gmail.com)

Editorial Debate acaba
de publicar una nueva edición del ensayo “De animales a dioses”, del
historiador israelí Yuval Noah Harari. El ensayo de Harari, publicado
originalmente en 2013, se ha convertido en uno de los libros de divulgación
científica más traducidos y leídos en todo el mundo durante los últimos años.

“De animales a
Dioses” presenta la historia del hombre desde el momento en que se convirtió en
la especie dominante del planeta hasta nuestros días. Harari distingue cuatro
grandes etapas en esa evolución y le asigna a cada una de ellas una sección de
su ensayo. La primera se refiere a la revolución cognitiva. Modificaciones genéticas
azarosas hicieron que el Homo Sapiens
incrementara significativamente su inteligencia en comparación con otras
especies y alcanzara el punto de partida para una posterior evolución: el
desarrollo de capacidades para manejarse en universos ficticios. Las ficciones
compartidas permitieron la vinculación entre los hombres y posteriormente la
colaboración mutua para alcanzar objetivos comunes. En la segunda sección de su
ensayo, Harari se ocupa de la revolución agrícola, es decir, el cambio de rol
que atravesó el hombre cuando dejó atrás su función de cazador-recolector para
convertirse en agricultor. Posteriormente se destaca la primera etapa de
globalización y el surgimiento de grandes imperios como el español o el
británico. Finalmente, Harari aborda desde una perspectiva original la
revolución científica que nació en Europa con el Renacimiento.

Dicho desde la
perspectiva de Harari: primero el fuego nos dio poder y después la conversación
hizo posible que nos pusiéramos de acuerdo para cooperar. La agricultura desató
nuestra ambición y originó la diferencia de clases, la mitología garantizó el
orden. Después apareció el dinero y nos permitió confiar en algo hasta que la
ciencia, finalmente, nos convirtió en dioses y aumentó nuestra capacidad hasta
lo inimaginable.

Provocador, Harari
asegura que el capitalismo no deja de ser una nueva religión. Con idéntico
criterio con el que los cristianos creemos en los mandamientos, el hombre
actual cree en una serie de reglas y verdades incomprobables que sostienen un
sistema económico que resultaría inviable si no fuera por la avaricia del
hombre. Pero esta nueva religión, el capitalismo, presenta la enorme ventaja de
pregonar entre sus feligreses mandamientos que nadie querría contradecir. Si
para ser un buen cristiano hay que ser generoso y sacrificado, para ser
aceptado en la religión del capitalismo, por el contrario, hay que darse todos
los lujos posibles: la gula, pecado en cualquier religión tradicional, es
celebrada por los sacerdotes del capitalismo como un acto de sumisión
incondicional. Cambiar el celular con frecuencia o viajar miles de kilómetros
para acumular horas de ocio en playas exóticas eleva prácticamente al hombre
actual a la santidad.

Otro tema tratado
desde una perspectiva original es el matrimonio entre la ciencia y el poder de
las naciones. Analizando la evolución histórica de los últimos quinientos años,
Harari demuestra la importancia que ha tenido el avance científico en el
posicionamiento actual de los países. Si los países que surgieron de Europa
occidental terminaron dominando el mundo a pesar de su acentuada desventaja
numérica, fue por haber descubierto y confiado a ciegas en la ciencia.

Harari no se
aventura con predicciones apocalípticas pero alerta sobre el riego de que toda
esta construcción mental que el hombre ha desarrollado estalle de un momento a
otro. Durante los últimos 500 años, es decir desde la revolución industrial
hasta hoy, el número de habitantes del planeta se multiplicó por 14. El consumo
de energía, por su parte, se multiplicó por 115 y ocasionó un deterioro
ecológico irreversible. Pero hay un riesgo aún mayor. Todo el sistema
financiero del mundo funciona gracias al optimismo de los humanos. Necesita
indefectiblemente del crecimiento progresivo de la economía mundial. Si el
consumo menguara, o inclusive si sólo dejara de crecer, todo el sistema se
derrumbaría de la noche a la mañana.

¿Habrá sido el pacto con la ciencia la sentencia de muerte del hombre? Es probable. Si así fuera, la curiosidad nos terminó destruyendo.

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