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NI OLVIDO NI PERDON

Por Marta Casanella
La humanidad narra en sus historias atrocidades inexplicables. Tamañas injusticias, crueldades infinitas. Resulta una tarea por momentos imposible , entender la lógica de la barbarie. Cuanto mas difícil, racionalizar la historia cuando se la vive.
Miraba un titular que anunciaba que Alemania pedía la extradición de Videla, uno de nuestros longevos genocidas, tal vez el mas explícitamente cruel. Verle la cara, aun en fotos actuales, me espanta.
Curiosamente, hace unos días conocí a Laly una mujer militante de edad indefinida a la vista. Tiene mas de 70 pero el brillo de los ojos, el filo de las palabras y de las ideas hablan de juventud empedernida, de esa que no cede al paso del tiempo.
Contaba ella de sus tiempos en que caminaba cubierta de banderas que decían “ Perón o muerte” . La militancia montonera, la traición de Perón, la triple A , la persecución tortura y muerte que sobrevino luego. Pero además de la historia conocida, Laly muestra una herida abierta cuando dice que aun no comprendimos lo que paso. Estamos atontados, desarmados de ideas. Treinta años después, el éxito de la tarea de la dictadura es absoluto.
Y se me ocurre, que uno de los problemas fundamentales que tenemos, es que los protagonistas están en su mayoría, vivos. Y los héroes, muertos. Y miles, desaparecidos. Y todos, los que quedamos, somos culpables. Por callar, por no resistir, por dejarnos anestesiar la conciencia.
Primo Levi , judío italiano sobreviviente a Auschwitz escribía :
“Pero en el odio nazi no hay racionalidad: es un odio que no está en nosotros, está fuera del hombre, es un fruto venenoso nacido del tronco funesto del fascismo, pero está fuera y más allá del propio fascismo. No podemos comprenderlo; pero podemos y debemos comprender dónde nace y estar en guardia. Si comprender es imposible, conocer es necesario, porque lo sucedido puede volver a suceder, las conciencias pueden ser seducidas y obnubiladas de nuevo: las nuestras también.”
Sostenía, que comprender significa de algún modo ponerse en el lugar del otro. Y eso, es imposible en términos humanos. Tiempo antes de suicidarse, escribe que considera al pueblo alemán cómplice y culpable de no haber hablado, de haber omitido toda acción que limitara la atrocidad nazi. Y declara no poder perdonarlos.
Aun cuando nosotros no podamos , felizmente, comprender que nos paso y mucho menos perdonarnos, podemos exigir conocer. Para espantar para siempre el fantasma de que puede volver la oscuridad. El odio podría volver a seducirnos, con esa potencialidad de transformarnos en bestias. O el miedo, con su maldita virtud de convertirnos en cómplices.

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