El Pampa Solar, en manos femeninas

Abigail Estrabeau y Sofía Abalo son las primeras mujeres que “meten mano” en la gestión mecánica del vehículo. Eligieron la Facultad para hacer las Prácticas Preprofesionalizantes. Sueldan, miden caños, toman decisiones y trabajan codo a codo junto al equipo de electromovilidad de Ingeniería Electromecánica.


Casco, mameluco y soldadora en mano. Detrás de toda esa “armadura” protectora asoma Abigail Estrabeau, la que no le encontraba la vuelta a las energías limpias hasta que llegó a la FIO. Ahí mismo, donde creía que se iba a aburrir frente a una computadora, la esperaba el desafío de ser parte de la puesta a punto del Pampa Solar. Ese vehículo sustentable diseñado por investigadores de la Facultad, que se lució en carreras internacionales, hoy ocupa su tiempo y el de su compañera, Sofía Abalo. Ambas cursan el último año de la Tecnicatura en Energías Renovables en la Escuela Técnica 1 del barrio CECO y eligieron los laboratorios de Ingeniería para sus prácticas finales. Son las primeras mujeres que desembarcan en la “cocina” mecánica de este proyecto multidisciplinario que ya construyó dos vehículos híbridos que participaron de la competencia solar en el desierto chileno de Atacama en las ediciones 2011 y 2012.

“Estamos trabajando en el Pampa, reformándolo y renegando un poco”, dice Sofía, con familiaridad y sentido de pertenencia. Llegaron en abril y ya se sienten parte del equipo que dirige el ingeniero Marcelo Spina, con el objetivo de sentar las bases para transferir conocimientos sobre tracción eléctrica y móviles con cero emisiones.

“Es un desafío muy grande; más que nada con este auto que siempre estamos mirándolo, lo conocemos y ellas vienen de afuera, con la mirada fresca y por ahí hacen sugerencias que no las veíamos. Es muy enriquecedor”, destaca Nicolás Brizzio, Nodocente de la FIO, responsable del Laboratorio de Electromovilidad y tutor de las estudiantes.

Las Prácticas Preprofesionalizantes se implementan a través del Departamento de Ingeniería Electromecánica y tienen como antesala un convenio que ambas instituciones firmaron en 2022, con el profesor Javier Laplace como docente de referencia de la institución secundaria.

Lo que aprenden

“En cuarto año teníamos que elegir química, electrónica o energías renovables”, cuenta Abigail Estrabeau segura de lo que no quería hacer. Pensar en un futuro más sustentable fue lo que más le atrajo, sin imaginar que la FIO estaría dentro de su mapa de formación.

“Acá aprendí un montón de cosas, incluso a soldar o manejar herramientas que jamás pensé usar. Cuando nos dijeron de venir a la FIO pensamos que iba a ser súper aburrido, que íbamos a estar con una compu. Somos las únicas que estamos haciendo prácticas, en el taller”, indica, mientras hace un alto en la tarea. Viene de una escuela que también apuesta a la electromovilidad y generó La Galerita, un prototipo monoplaza con impulsión eléctrica que participó de la competencia nacional Desafío ECO YPF.


Había otras opciones que eran tentadoras, con fábricas y canteras de por medio. “Somos nueve, algunos no están haciendo prácticas y nos decidimos por la FIO. Acá aprendimos mucho porque no vimos demasiado de paneles solares ya que fue en cuarto, en pandemia. Vimos más molinos eólicos”, plantea Sofía Abalo.


Ahora están abocadas al Pampa Solar 2, ese vehículo eléctrico monoplaza que llegó a correr a 3600 metros de altura y que es capaz de alcanzar una velocidad máxima de 67 km/h.


“De Nicolás aprendimos un montón, sobre todo en lo relacionado a paneles solares. Es nuestro tutor y nos mostró el Punto de Carga, todo lo relacionado con energías renovables, los paneles solares, y vamos aprendiendo acá y en la escuela”, aseguran las alumnas de la Técnica 1.

Detrás del volante

La cursada se alterna entre la escuela y la FIO con horarios que también son rotativos. Tienen que cumplir 200 horas pero ya están en tiempo de descuento, con 150 a favor.

Nicolás Brizzio las observa con entusiasmo y afirma que es “excelente que puedan venir, que conozcan la Facultad, que se integren. Se dan cuenta de que los ambientes de Laboratorio son diferentes a los del aula. Acá hacen solo prácticas y lo bueno es que, lo que no entienden, se lo explicamos”. De hecho, los tres certifican que dedicaron toda una mañana a la manipulación de herramientas de medición, por ejemplo, con la ayuda del ingeniero Federico Gachen que también es parte del equipo.


Abigail Estrabeau habla con mucho interés ya que con el paso de los meses logró apropiarse de ese taller que desemboca en el primer punto público de carga para vehículos eléctricos, inaugurado por la FIO hace un año. La Diplomatura Universitaria en Energías Renovables y Tecnologías para el Desarrollo Sustentable que se dicta en la FIO sería una opción cuando se reciba pero la cuestión económica resulta condicionante, por lo que no descarta una tecnicatura en Seguridad e Higiene o en Recursos Humanos.


Mientras hacen sus prácticas en la FIO avanzan con el desarrollo de su trabajo final de carrera. “Tenemos que abastecer una fábrica cervecera con un 18% de energías renovables. Elegir qué vamos a usar, si solar o eólica y por qué, además de definir el presupuesto”, detalla Sofía Abalo, tras aclarar que aún “tenemos que hacer una banda de cosas pero es una linda experiencia”.


En la Facultad tienen voz y voto. “En la propuesta de modificación y mantenimiento general del Pampa Solar 2 son libres. Toman decisiones sobre qué estructura hacer, qué caño poner y cómo soldar. Nosotros hacemos sugerencias pero tienen la misma libertad que me dio el ingeniero Spina cuando comencé a trabajar en el Pampa Solar; en cierto modo me siento compañero de ellas porque hice una pasantía cuando estudiaba en la Técnica 2 y junto con mis compañeros de laboratorio intentamos integrarlas siempre ”, valora Nicolás Brizzio.

Son pioneras


“Son las primeras mujeres que meten mano en la parte dura del vehículo”, comenta el tutor de las dos estudiantes que llevan seis meses en ese laboratorio que apuesta por un futuro más sustentable.


Es un hecho que la industria energética siempre ha estado dominada por hombres, poniendo barreras al ingreso y avance de las mujeres. Las energías renovables abren otro horizonte si se alienta la formación y el acceso a oportunidades desde edades más tempranas. Eso permitiría vencer estereotipos de género y generar escenarios de desarrollo más inclusivos.

“En estas temáticas el cupo femenino no es igualitario pero las mujeres dan miradas que los hombres no tenemos y siguen ocupando lugares de gestión. Las mujeres son más eficaces, más ordenadas, conciben el trabajo desde otro lugar”, reafirma el responsable del laboratorio de electromovilidad del departamento de ingeniería electromecánica.


Por eso, considera que “está bueno que las chicas estén acá. La idea es que desarmen el Pampa 2 completo, para que quede completamente funcional, como fue antes de la carrera. Nunca se tocó a fondo desde que regresó de Chile en 2012, incluso estaba con la arena del desierto. Hay que desarmarlo y restaurarlo, hacer una puesta desde cero. Para nosotros también es un desafío”.

“No sé si las voy a extrañar”, responde sobre el final y las risas se triplican. Sofía asume la promesa de volver en 2024 para hacer dos años de Ingeniería Electromecánica en la FIO y luego seguir Ingeniería Aeronáutica en Córdoba. Abigail, que siente un imán especial hacia las problemáticas ambientales, mira de reojo esa diplomatura que abre puertas hacia un futuro donde las energías renovables logren ser un hecho cotidiano.

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