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Comenzaron en Catamarca las celebraciones por el beato fray Mamerto Esquiú

En la víspera de la beatificación de fray Mamerto Esquiú, el cardenal Luis Héctor Villalba, enviado papal para la ocasión, presidió en la tarde del viernes 3 de septiembre una misa en la catedral.


Con una misa presidida por el cardenal Luis Héctor Villalba, arzobispo emérito de Tucumán, en la catedral basílica y santuario de Nuestra Señora del Valle, en la ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, comenzaron las actividades en torno a la beatificación de fray Mamerto Esquiú.

Momentos antes de la Eucaristía, el enviado papal fue recibido con un acto protocolar llevado a cabo en el Salón Calchaquí del Complejo Cultural Esquiú, en la ciudad capital. Asistieron el gobernador de la provincia, licenciado Raúl Jalil, el intendente de la ciudad, doctor Gustavo Saadi, la presidenta del Correo Argentino, Vanesa Piesciorovski, obispos y sacerdotes de la comunidad franciscana.

Luego de la lectura de los decretos que declaran visitante ilustre de la ciudad y huésped de honor de la provincia al cardenal Villalba, la presidenta del Correo Argentino presentó una emisión filatélica especial dedicada a Fray Esquiú. El gobernador Jalil también expresó unas palabras de bienvenida al cardenal.

Villalba, por su parte, agradeció el recibimiento y afirmó que Esquiú «es una gracia para todo el país, un santo religioso, un santo sacerdote, un santo obispo», destacando su labor sacerdotal y su gran patriotismo en pos de la unidad de los argentinos.

La celebración de la Eucaristía comenzó a las 19 con una catedral colmada de fieles. Estuvo concelebrada por el arzobispo de Córdoba, monseñor Carlos José Ñáñez; el arzobispo de Salta, monseñor Mario Antonio Cargnello; el arzobispo de Tucumán, monseñor Carlos Alberto Sánchez; el obispo anfitrión, monseñor Luis Urbanc; el obispo de Jujuy, monseñor César Daniel Fernández, el obispo de Formosa, monseñor José Vicente Conejero Gallego; los obispos auxiliares de Córdoba, monseñores Pedro Torres y Ricardo Seirutti; el obispo de Orán, monseñor Luis Antonio Scozzina OFM; el obispo de Merlo-Moreno, monseñor Fernando Carlos Maletti y su obispo auxiliar, monseñor Oscar Miñarro; y el obispo de Concepción, monseñor José Antonio Díaz. Asistió el gobernador Jalil y demás autoridades.

En el comienzo de la liturgia de la Palabra, un cuerpo de ballet acercó las escrituras al altar con un espectáculo artístico que representó la fe del pueblo catamarqueño y su devoción a la Virgen del Valle.

En su homilía, el cardenal invitó a adentrarse en la contemplación del alma del beato Esquiú y descubrir “una riqueza y una fecundidad que nos fascinan”.

Luego, se centró en la unión de Esquiú con Jesucristo, “fruto de su oración y manifestado en su vida”. Y tomando una cita del Evangelio, consideró que hoy nuestros hermanos nos piden también a nosotros: “Queremos ver a Jesús”.

“¿Qué desean ellos ver hoy en nosotros los cristianos? Quieren ver a Jesús. Nos piden no sólo que les hablemos de Cristo, sino que se los hagamos ‘ver’”, señaló.

Citando al papa San Pablo VI, expresó: “El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan, o si escuchan a los que enseñan es porque dan testimonio”. Al respecto, afirmó: “El beato Mamerto Esquiú vivió intensamente y dio testimonio del amor a Jesucristo”.

“Desde pequeño, Fray Mamerto buscó a Jesús”, recordó el purpurado. “Después de varios años de caminar junto al Señor, fray Mamerto es consciente que su vida es un permanecer en Cristo, y de esta fidelidad y alianza, depende su felicidad como hombre y fraile menor franciscano. Construyó su vida en santidad, sobre la roca firme que es Jesucristo. Decía: ‘¡Jesús mío! Yo te adoro, yo te reconozco camino, verdad y vida mía’”.

“Para fray Mamerto, conocer a Jesús, fue grabar en su alma la imagen de Jesucristo pobre y crucificado. Conocer es amar. Y para Esquiú el conocimiento de Jesucristo, fue algo central en toda su vida”, sostuvo.

“Mamerto Esquiú les dice a sus sacerdotes que debemos dar buen ejemplo de Cristo Y agrega que los fieles antes que perciban en sus oídos nuestras palabras, como dice San Pablo, deben sentir en nosotros el olor de Cristo”.

“Jesús nos invita, también a nosotros, como lo hizo con Fray Mamerto Esquiú, a seguirlo para tener en herencia la vida eterna”, aseguró.

“Al elevar a la gloria de los altares a un nuevo beato, la Iglesia nos los propone como ejemplo que hemos de seguir y como intercesor a quien hemos de invocar. Meditemos en su vida y sigamos su ejemplo de unión con Jesucristo”, animó.

En segundo lugar, centró su prédica en la mansedumbre de Jesús, “una actitud del corazón de los que no son prepotentes, vengativos, atropelladores. Mansos son los que tienen la capacidad de tener en las relaciones humanas la persuasión, el diálogo, el calor del amor”, enumeró.

“Jesucristo no vino a dominar la tierra por medio de la espada, ni de ninguna forma de violencia. Su pedagogía es dialogal, hace un llamado al corazón y a la conciencia de cada hombre porque quiere una respuesta libre. De esta manera el hombre que siente la fuerza de su amor, podrá responder con amor”

“Jesús por medio de la mansedumbre vivida hasta la cruz, manifiesta la benevolencia del Padre hacia nosotros revelando una ternura sin límites”, agregó. 

Por otra parte, destacó la humildad de Jesús: “La humildad se opone a la soberbia, al orgullo. El orgulloso es el arrogante, el engreído, el que tiene exceso de amor propio, el que se atribuye una falsa grandeza, el que tiene afán desmedido de ser preferido a otros, el que menosprecia a los demás. El orgulloso se hace el centro de todo, es el suficiente, el que cree que no debe nada a nadie. Es el caso del fariseo. Un hombre convencido de su importancia, seguro, lleno se sí mismo. Se cree superior. Se basta a sí mismo. No pide nada. Piensa que todo viene de él”, advirtió.

“La humildad es la verdad. La humildad no nos hace negar los dones y gracias que Dios nos da”, expresó más adelante. “La humildad es el fundamento de la vida espiritual. Cuánto más queremos acercarnos a Dios, más debemos apoyarnos en la humildad”, aconsejó, porque “la humildad es el programa del discípulo de cristo”.

Seguidamente, se refirió a la misericordia de Jesús, que “nace de la caridad, es la virtud del corazón compasivo, sensible al mal que aflige al prójimo, apenado por los que sufren”. 

“Misericordia que no es puro sentimiento visceral, sino un movimiento del corazón que impulsa a entregarse al prójimo para asumir sobre sí su miseria y realizar obras acodes a tal fin”, aclaró. 

“Jesús es el modelo supremo de la misericordia”, afirmó, y planteando: “¿Qué quiere Dios de nosotros en esta hora?”, aseguró: “ La respuesta es que debemos ser cristianos misericordiosos”.

Por otro lado, Jesús se presenta como un siervo ante sus discípulos, destacó el cardenal Villalba, y afirmó: “El cristiano es el que debe difundir en la comunidad y en la sociedad el espíritu de servicio, tan necesario hoy día. Porque pareciera que cada uno busca su propio interés, su propio beneficio, su propio provecho, busca que todas las cosas y hasta los demás lo sirvan a él”.

Finalmente, llamó a mirar el modelo de caridad fraterna de Jesús: “el cristiano debe amar como Jesús, reviviendo este modelo de caridad auténticamente evangélico. Tenemos que amar como ama Jesús”, exhortó. “Jesús nos amó primero, Jesús nos amó siendo pecadores, Jesús amó a todos, Jesús ama la vida, Jesús nos ama con el mismo amor de Dios. Si verdaderamente llegamos a amar a todos de esa manera, entonces nuestra vida será un Evangelio que todos podrán leer para conocer a Jesús”.

“Pidamos a Jesús que nos conceda este mandamiento nuevo. Que él deposite en nuestro corazón la posibilidad y la fuerza que necesitamos para amar sin medida a todos hasta dar la vida”, rezó, pidiendo la intercesión de la Virgen del Valle y del Beato Mamerto Esquiú. 

Finalizada la celebración, los miembros del episcopado se dirigieron al altar construido especialmente en la catedral para que allí sea colocada la imagen del beato catamarqueño. 

Las actividades continuaron con una velada cultural, que reflejó los rasgos distintivos de la cultura argentina a través del canto y la danza; el coro de la catedral interpretó la Misa Criolla junto al cantautor Rafael Toledo; el tango tuvo su momento de la mano de Noelia Díaz y la música andina llegó al escenario con el grupo Resonancia, mientras que el Ballet Folclórico Municipal mostró la riqueza de la danza.

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