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Cumbre del Clima: “El apoyo financiero es un compromiso histórico desde 1992 que nunca se concretó”


Acuerdos insuficientes, responsabilidades a medias y combustibles fósiles aún en pugna. Con países ricos que se desentienden y naciones en desarrollo que se justifican. La brecha generacional ubica la esperanza en los jóvenes. Argentina “sin rumbo” y en negociaciones “intrascendentes”. Lo que dejó la COP26, bajo la aguda mirada del  Mag. Ing. Gabriel Blanco.


“Esta COP vuelve a quedar en deuda en cuanto a los compromisos que asumen los países”, señala con tono crítico el Mag. Ing. Gabriel Blanco, con las esperanzas puestas más en el activismo joven y no en los acuerdos de base que dejó la Cumbre del Clima que se realizó en Glasgow.

Los líderes mundiales se reunieron en Escocia del 1 al 13 de noviembre, en medio de graves advertencias sobre el impacto que genera el calentamiento global. Sin embargo, esta 26º Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático cosechó acuerdos insuficientes, responsabilidades a medias y combustibles fósiles firmes y aún en pugna. Con naciones desarrolladas que se no se hacen cargo ni financian frente a países vulnerables y muy condicionados que justifican su inacción.

En ese contexto, Argentina asoma “sin rumbo” y en negociaciones “intrascendentes”, tal como advierte el docente e investigador de la Facultad de Ingeniería de la UNICEN, Mag. Ing Gabriel Blanco. Como experto en energías alternativas, cambio climático y desarrollo sustentable expone su respecto de las contradicciones de nuestro país que asiste tímidamente a la convención climática pero apuesta con fuerza a Vaca Muerta y monitorea si hay petróleo a orillas del Atlántico.

“Un principio en las convenciones de Naciones Unidas sobre Cambio Climático dice que hay responsabilidades comunes pero diferenciadas y no se logra que los países se pongan de acuerdo”, señala el investigador de la FIO.

En cuanto a las emisiones de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático, “cada país tiene que reducirlas y eso sigue pendiente. Hay compromisos pero no son suficientes: Se sabe exactamente cuánto hay que reducir pero no se ponen de acuerdo en cuánto tiene que reducir cada uno”, enfatiza el Ing. Blanco.

Lo concreto es que “la temperatura del Planeta no debe subir más de lo que ya ha subido desde la Revolución Industrial hasta acá. No tendría que llegar al 1,5ºC de aumento y a eso nos acercamos a una velocidad tremenda”, alerta el experto.

Uno de los planteos estuvo centrado en la mención del dióxido de carbono como principal fuente del calentamiento global en el documento final, y eso no tiene precedentes. Ahora, ¿existe un compromiso real de imponer metas más estrictas para reducir su uso cuando India y China logran que en el acuerdo final sólo se mencione una reducción gradual en el uso de los combustibles fósiles?

“En el tema de reducir consumo de combustibles fósiles, de carbón mineral, petróleo y gas natural, es clave porque es el principal causante del cambio climático. Todos están involucrados pero hay países que siguen incrementando el uso de fósiles. India y China sostienen que necesitan esos combustibles fósiles para desarrollarse económicamente y que más adelante, cuando puedan sacar a sus poblaciones de la pobreza, verá cómo ir sustituyéndolos”, detalla Blanco.

Es innegable que “los países desarrollados usaron los combustibles fósiles durante 150 años y ahí hay responsabilidad histórica que deben asumir Estados Unidos, Europa, Japón y Canadá. No se ve un gran esfuerzo por reducir las emisiones. Europa intenta pero tiene otras capacidades y motivaciones para hacerlo. Estados Unidos también avanza en la reducción de emisiones pero muy lentamente”, apunta el profesional.

Sin el apoyo económico esperado

El financiamiento sigue siendo la llave esperable que tampoco apareció en esta cumbre. “El mundo en desarrollo dice que necesita esa ayuda para salir de los combustibles fósiles y pasarse a energías renovables. Y hace falta financiamiento inicial para dar inicio a esa transformación”, argumenta Blanco.

No hay dudas de que “el apoyo financiero y tecnológico de los países desarrollados hacia el mundo en desarrollo es un compromiso histórico establecido por esta convención de la ONU en 1992 que nunca se concretó. El Acuerdo de París de 2015 habla de transferir 100 mil millones al año desde los países desarrollados a las naciones en desarrollo. Van 6 años y cada vez se diluye más ese compromiso”, cuestiona el académico.

La sociedad civil presenta, a través de los jóvenes por el clima, algunos liderazgos siendo el más notable es el de Greta Thunberg, quien dijo que la cumbre fue puro “bla, bla, bla”. “Vienen reclamando con mucha fuerza y creciendo sostenidamente. Es muy interesante. Están viendo su futuro comprometido de verdad, no es broma. Muchos jóvenes lo están visualizando y ya no es una proyección surgida de modelos computacionales sino de evidencias concretas de que el mundo está cambiando”, enfatiza el Ing. Blanco.

La expectativa estaría centrada en esos “jóvenes activistas que tienen una mirada diferente, veremos hasta dónde llega”, admite el investigador tras reconocer que en la COP26 se hizo evidente esta “brecha generacional entre la dirigencia mundial y la demanda de los jóvenes”.

Otro avance, aunque mucho más tibio, es el de género: “En los negociadores y líderes de comitivas hay un cierto dominio del hombre sobre las mujeres pero se está reduciendo. Falta pero va por un mejor camino”, observa Blanco.

La situación Argentina, preocupante

En medio de todo ese escenario, la situación de Argentina es aún más preocupante. “No sabe ni donde está parada en cuanto a cambio climático y otros temas que hacen al cambio climático”, reflexiona el investigador. 

“Durante a COP26 se firmaron acuerdos paralelos, por fuera de la negociación, sobre deforestación, metano o reducir la producción de autos convencionales. Argentina no quería participar de ninguno, pero se animó cuando vio que no eran acuerdos formales dentro de la negociación, que eran intrascendentes y más para la foto”, ejemplifica.

Un punto a favor sería el acuerdo millonario para fabricar hidrógeno verde en Argentina impulsado por la empresa australiana Fortescue. “Lo anuncian con bombos y platillos y esa misma inversión es para exportar el hidrógeno a otros países. No se piensa en el mercado doméstico, para sustituir los combustibles fósiles con hidrógeno verde. Combustibles fósiles que no solo aportan al cambio climático sino que nos cuesta miles y miles de millones de dólares por año en subsidios”, remarca el investigador.

Mientras tanto, resurgen los antagonismos. “Al mismo tiempo que se anuncia lo del hidrógeno se nos dice que Vaca Muerta va a ser la salvación y que estamos intentando sacar petróleo del mar. Está sin rumbo Argentina, sin entender esta problemática ni otras. Se iba a presentar una estrategia de largo plazo para reducir emisiones pero no prosperó por conflictos internos entre los ministerios de Agricultura, Ambiente y Energía”, sostiene el Ing. Blanco.

Muchos países apuntan a metas de descarbonización hacia 2050 pero “Argentina no lo pudo hacer. Ni siquiera quería firmar la declaración por deforestación. La política aparece asociada a los negocios del campo. Hasta hubo una solicitada conjunta entre asociaciones vinculadas al campo y el Ministerio de Agricultura, insólito, diciendo que el sector no tiene relación con el cambio climático ni debe tomar medidas al respecto cuando en Argentina el sector que más emisiones de gases de efecto invernadero genera es el ganado vacuno. Es muy preocupante y triste lo que pasa en Argentina, no se está viendo el futuro ni las oportunidades que podrían abrirse con un modelo de desarrollo más sostenible”, concluye el Mag.Ing. Gabriel Blanco con visible inquietud.

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