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El mar por primera vez, un conocimiento “extra” en la Feria de Ciencias

El asombro ante la magnitud del mar de nenes y nenas de Primaria. La impresión de sentir la arena caliente, el agua fría y las olas “que te hacen rodar”. Una experiencia única, en la voz de los protagonistas.

Fernanda Alvarez – Agencia Comunica

“Estupendo, el mar es estupendo”. Juan Ignacio, el nene de 10 años de la localidad de Pla (Alberti) no duda en describir así esa inmensa masa de agua que vio por primera vez en Mar del Plata la semana pasada. Juani se suma a varios chicos y chicas de distintos puntos de la provincia que vivieron una experiencia única, que se asombraron ante el tamaño del mar y ya están con ganas de volver.


Fue en el marco de la Feria Provincial de Arte, Ciencia y Tecnología que más de mil estudiantes de nivel Primario, Secundario y Terciario viajaron a exponer sus trabajos a la ciudad balnearia. Para muchos fue la primera vez que se separaron de sus padres durante 3 días. Y esa experiencia que da la educación quedará grabada para siempre.


“Las olas me tiraban, estaba fría el agua pero cuando nos metíamos no nos daba frío”, recordó Juan Ignacio. “A mi una me hizo rodar y me tiró, tragué arena y una banda de agua salada”, agregó su compañera. Los dos se quedaron con ganas de jugar más tiempo con la arena y armar los clásicos castillos, pero la lluvia de la tarde libre se los impidió. Por eso ya planean volver.


Cerca de su stand, una escuela de campo del paraje Real Audiencia exponía su trabajo “Sembrando memoria”. Allí mostraron su extensa investigación sobre la dictadura militar y el calendario de la memoria, con fechas vinculadas a los derechos humanos y personajes históricos que los defendieron. El trabajo pasó a la instancia nacional, por lo que para las estudiantes y la docente fue todo ganancia.


Aylin tiene 10 años. Y junto a su compañera Violeta no pudieron esperar al segundo día de estadía para pisar la arena. Por eso la docente las llevó a la tardecita de la primera jornada. La reacción frente a semejante obra de la naturaleza no se hizo esperar: las nenas gritaron, saltaron, se miraron y volvieron a gritar. Así de espontáneo, así de fresca fue la reacción ante un paisaje que rompía con la llanura cotidiana.

“Lo conocía solo por fotos, pero es más lindo”, aseguraron. Las chicas se arremangaron los pantalones “y se empaparon”, describió la maestra. “Por suerte no hacía frío. Fue indescriptible, lo vivieron a pleno”, aseguró Mariangel. Tan felices estaban que sintieron que el agua estaba “salada, pero calentita”.


Thiago, de la Escuela Especial 501 de Bolívar, también conoció el mar. Con 12 años, contó que “me gustó todo, me pareció grande”. La sensación será inolvidable. Porque a pesar de estar “fría el agua”, pudo expresar que estaba “emocionado”. Su docente también experimentó sensaciones únicas, como el asombro ante el asombro de las chicas y los chicos. Cuando piensa que habían dudado en participar y ve que estos resultados llegaron sin buscarlos, entonces siente que valió la pena el esfuerzo. “Thiago estaba obnubilado. Se quedó parado, observando, no le alcanzaban los ojos para ver todo. Me miraba y me decía: ´estoy acá´” .


Benicio y Felipe llegaron desde la Escuela 501 de San Pedro. Debido a su discapacidad motora, pudieron acercarse al mar gracias a una silla especial diseñada por la agrupación de surfistas de Mar del Plata. “Es muy muy grande el mar, está buenísimo”, aseveró Benicio. La “silla anfibia” tiene ruedas anchas, es más liviana “no se frena en la arena y al estar en el agua les permite estar bien sostenidos”, explicó la docente. “Fue una experiencia inolvidable, ellos pudieron tener su momento mirando el mar”.

Jaqueline, que llegó a participar desde un Cec cercano a Daireaux, tenía aún la sensación de “cosquillas de la arena en los pies”. Su primera vez frente al mar la dejó “feliz”. Y no deja de sonreír mientras habla segura, contundente y entusiasmada: “estaba muy caliente la arena! El mar tenía mucha fuerza y te llevaba. El agua por momentos estaba calentita y después se ponía fría”.


-No le tuviste miedo?, preguntó esta cronista, quizás reflejando los propios temores.
-No!
Y claro. ¿Cómo va a temerle a una de las experiencias más divertidas? “Es re grande el mar, no terminaba más, las olas venían muy grandes. Una me arrastró, estuvo buenísimo”. Lo recuerda, sonríe y asegura que piensa volver.


Algún día Jaqueline, Thiago, Juan Ignacio, Aylin y Violeta contarán -como tantos otros- que vieron el mar por primera vez gracias al trabajo en y de escuela. Gracias a las docentes que invirtieron horas en buscar información, diseñar un plan de trabajo, armar un diario de campo, pensar en una hipótesis y guiar un trabajo de investigación que superó instancias y se mostró a nivel provincial.
Porque la Feria de Ciencias es producción de conocimiento, pero también es compartir experiencias de vida que quedarán selladas en cada estudiante. Cada momento y cada relato tiene algo único: la emoción de la primera vez. Y aunque vuelvan, este día será irrepetible.

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