El Obispo presidió la Fiesta Patronal de la Virgen del Rosario


El pasado sábado, se llevó adelante la celebración de la Fiesta Patronal de la Diócesis de Azul y de la Iglesia Catedral.

Monseñor Hugo Manuel Salaberry sj. inició las actividades programadas, con la bendición de los Gauchos Peregrinos frente a la Estación del Ferrocarril.

La Procesión partió desde Avenida Mitre y Monseñor Cáneva, hasta la Iglesia Catedral N. S. del Rosario.

Fueron acompañados por la imagen de la Virgen, sacerdotes, seminaristas, fuerzas de seguridad, jóvenes de la Diócesis en el marco del V Encuentro de la Virgen del Rosario y la comunidad Diocesana; los alumnos de 2° año de comunión de la ciudad, recibieron el Rosario, previamente bendecido por el Obispo.

Luego en el templo religioso, Monseñor Salaberry sj. presidió la Santa Misa en honor a la Madre del Rosario. Allí compartió los misterios del Rosario con los chicos y chicas de los diferentes grupos de catequesis.

Durante la homilía, el Obispo reflexionó: «En este contexto habitual de festejos por la Madre, nos ubicamos en el día de hoy. Que lo habitual nos lleve a volver al Señor, a mantener la unidad, a rezar como los Apóstoles y mejor todavía, reiterarle el Sí. Como la Madre. Como nuestra Madre del Rosario».

Para finalizar se dio lectura al Decreto N°127/ 2023. Visto que el 20 de abril de 2024 se celebrará el nonagésimo aniversario de la creación de la Diócesis de Azul, considerando que es un tiempo propicio para la renovación de la vida espiritual, el fomento de las vacaciones, el despertar del impulso misionero, el pedido de perdón y la acción de gracias a Dios por todos sus beneficios. Por las presentes, se decreta un «Año jubilar diocesano» desde el 7 de octubre del corriente hasta el 7 de octubre de 2024.

Homilía de la Fiesta Patronal de Nuestra Señora del Rosario – octubre 7 de 2023

En los textos que hoy la liturgia nos indica en la Fiesta Patronal de la Madre del Rosario,  voy a mencionar al menos dos ámbitos en donde el Señor se revela. No son excluyentes, pero es cierto que nos ayudan mucho para caminar con el Señor en una actitud franca, genuina, veraz: lo que significa para muchos y para nosotros en particular, esa plenitud mayor a la que el hombre puede aspirar y alcanzar con Su gracia, es decir, cumplir la voluntad de Dios desde ese primer llamado.

Si tomamos como modelo a la Virgen, nos cuesta creer que pueden pasarnos cosas similares y resolverlas como Ella misma las resolvió, porque siempre subyace ese: ‘…pero Ella es la Virgen María…’ y algo de razón hay. Sin embargo deberemos recordar para no bajar los brazos y desesperar en el camino, que todo aquello que vivieron la Sagrada Familia, los Apóstoles, los Santos y los Mártires, como innumerables testigos -aun cuando no están en los altares-, ha sido y es una magnífica herencia, que tiene la fuerza de lo paradigmático y la virtud de la esperanza cumplida y transmitida. La que nos hace pensar una vez más, que la tradición no es adorar cenizas, sino transmitir fuego, en el decir de Mahler.

Trato de decir que las dos escenas que hoy nos ocupan, se resuelven en un marco de vida familiar (la Virgen) o de comunidad (los Apóstoles). Marcos muy concreto, muy de todos los días, que pareciera no corresponder exactamente a la situación en la que los protagonistas han quedado luego de su encuentro con el Señor: sembrando desconcierto y temor en su visita a la Virgen y en la Ascensión dejando solos a los Apóstoles, aunque con una promesa: ‘…conviene que Yo me vaya para que reciban el Espíritu Santo’.

1.    Un primer punto que podemos meditar, es que tanto el hombre como la mujer creyentes y de fe, no permanecerán indiferente ante el paso del Señor por su vida, cuando llega o cuando se aleja. Si aceptamos o rechazamos la propuesta, habrá muchas cosas que cambian, no quedaremos indiferentes, neutrales, inertes. Si decimos que no, estaremos tristes como el joven rico, cuando no sosos, insulsos, esclavos de nuestras dudas, pasiones y límites. Sería decirle al Señor, lo mismo que le dijeron a San Pablo en el Areópago: ‘…otro día te escucharemos hablar de estas cosas…’. En fin. Nos perderemos lo mejor. Si decimos que sí, nos pondremos a caminar como la Virgen Madre, apasionados y dispuestos. Animosos y esperanzados.    

2.  Un segundo punto nos hace pensar en el contexto. El contexto extraordinario en el que se desenvuelven estas historias de salvación de las cuales hemos salido gozosamente beneficiados, tiene su realización más plena, en un retorno a lo habitual. No todo el camino siempre va a ser así, pero sí en lo inmediato.  

Me explico. A nadie se le ocurriría pensar que la Virgen después de semejante noticia, se fue a descansar y a tomar sol a orillas del Mar de Galilea ya que estaba cerca. O que los Apóstoles celebraron ese primer ‘éxito’ en su camino eclesial comiendo un rico asado. La Virgen se va a atender a su parienta Isabel y los apóstoles, respetando códigos e íntimamente unidos en el lugar donde solían reunirse, se fueron a rezar.  

En la primera lectura, nos encontramos en el lugar habitual, que motiva a permanecer unidos, rezar juntos, hacer lo de todos los días. Remedios tranquilos de familia tranquila. Ni viajes reparadores ni descansos prolongados.

En el caso de la Virgen, una familia como otras, una mujer ya comprometida, un destino normal. Frente a los miedos y desconciertos normales que surgen, volver a la palabra del Señor: ‘…no temas María’ y ante las dudas normales: ‘…¿cómo será esto?’, el divino riesgo de ponerse en manos de Dios y aceptar Su voluntad confiando en el Espíritu de Amor.

3.  Un tercer punto nos dice con claridad que el Señor siempre nos sorprende: no podemos regirlo por leyes dado que pone la vida encima de la ley. Su voluntad por encima de la lógica humana, de ‘nuestra’ lógica humana. Irrumpe en la vida de las personas y luego de su paso, nada vuelve a ser igual. Tampoco nosotros, que si decidimos escucharlo y seguirlo, quedaremos más que nunca sujetos a la inquina y a la injuria de los hombres. Y no cambia la persona que somos, seremos lo mismo pero con otro destino, por otros caminos: ‘…serás pescador de hombres’, le dijo a Simón Pedro, el pescador.

4.   Un cuarto punto nos dice que no estamos en el AT: ‘…lo juro por mi Nombre, Oráculo de YHVH’. En los tiempos evangélicos actuales, el testimonio de que la Palabra de Dios es eficaz es otra persona: ‘…mirá a tu parienta Isabel’. La vida es testigo de la vida.

5.   Esto nos lleva a pensar que nuestro Dios, no es uno más. Primero nos dio una ley, la Ley Positiva del Sinaí. A través de la ley, y porque nos ama, dimos nuestros primeros pasos en su conocimiento y luego para enseñarnos que nada es imposible para el que cree, se  hace Hombre para decirnos cómo esa ley alcanza la plenitud en el amor a Dios y al prójimo al cumplir Él mismo, aquella ley que dio a nuestros padres y a nosotros. Todos los demás dioses, dan leyes para que las cumplamos los hombres. Constituyen es cierto, códigos morales. Pero nuestro Dios, a diferencia de los otros, es el único que se somete a esa ley que Él mismo nos dictó. Lleva a su plenitud las normas dictadas a Moisés constituyendo así, más que prescripciones cuyo mero cumplimiento nos deja tristes, un camino, un estilo de vida, un deseo de verdad, que nos lleva siempre a un amor fraternal no fingido.

En este contexto habitual de festejos por la Madre, nos ubicamos en el día de hoy. Que lo habitual nos lleve a volver al Señor, a mantener la unidad, a rezar como los Apóstoles y mejor todavía, reiterarle el Sí. Como la Madre. Como nuestra Madre del Rosario.

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