Las ciudades del futuro serán resilientes

Ingeniería promueve cambios en los diseños de construcción.


En todo el mundo, crece la cantidad de personas que viven en áreas urbanas, y disminuye la población en zonas rurales. Al mismo tiempo, el cambio climático provoca catástrofes cada vez más extremas. Cuál es la relación? Uno de los desafíos de la humanidad para los próximos años es construir ciudades capaces de resistir los efectos del calentamiento global, para garantizar la seguridad de un creciente número de habitantes.

Lograr ciudades y comunidades sustentables es uno de los objetivos que Naciones Unidas promueve para el 2030 a escala planetaria, en busca de un desarrollo sostenible de la humanidad.

Sobre este tema y en este contexto, días pasados el docente e investigador de la Facultad de Ingeniería de Olavarría, Fabián Irassar, ofreció una conferencia virtual en el marco del 80 aniversario del Instituto del Cemento Portland Argentino (ICPA). El Instituto entiende que ya empezó “Una Década de Acción” que exige movilizarse, impulsar ideas y soluciones para transformar el mundo, para que las sociedades emprendan un nuevo camino que mejore sus vidas.

Irassar es ingeniero civil y un especialista en materiales reconocido en todo el mundo. En su conferencia habló sobre infraestructuras resistentes y resilientes a desastres naturales.

La resiliencia puede entenderse como la capacidad de recuperarse frente a la adversidad. Resiliencia urbana es una noción orientada a preparar las ciudades para adaptarse a fenómenos sociales y climáticos.

“En Argentina, más del 90% de su población vive en áreas urbanas. Y las ciudades están tensionadas ante la posibilidad de desastres naturales. Terremotos, deslizamientos, inundaciones, tornados, sequías, incendios. En todo el mundo los desastres crecen en número y frecuencia, lo que provoca daños, perdidas económicas, y muertes”, explicó el ingeniero.

El desafío de las ciudades es “contar con infraestructuras fiables, sostenibles, resilientes y de calidad, que luego de un desastre sean rápidamente habilitadas”, planteó.

Con una población creciente en zonas urbanas, se requieren más obras. Más conexiones, canales, conductos, pavimentos, diques, rutas, puentes, torres de comunicación. Es necesario proporcionar agua limpia, saneamientos, energías. Por eso la ingeniería civil tiene un rol esencial en los próximos años.

“Es una nueva concepción de diseño. Se incorpora la capacidad de sobrecargas sin que la obra se rompa, la idea de redundancia estructural con fallas programadas que evitan colapsos. Debemos contemplar la idea de riesgo. En una ciudad donde la lluvia hace 50 años no era un problema, ahora sí. Esa evolución del riesgo, que siempre afecta a los más vulnerables, requiere de planificación y gestión de infraestructuras”, sostiene Irassar.

Entre las ideas selectivas, se piensa en el diseño de áreas verdes que sean las que reciban las inundaciones, alejando sus efectos de las zonas habitadas. Estos parques se recuperan rápidamente, sin grandes costos ni pérdidas humanas. En varios países ya se usan pavimentos permeables, que regulan la absorción de agua. También se piensa en muros de contención de movimientos de masas en terrenos inclinados y en zonas de carreteras. “Un ejemplo muy simple es no colocar en sótanos, ni instalaciones eléctricas, ni calderas, porque ante una inundación se anulan esos servicios”, graficó el ingeniero.

Sostenibles

“Y hay que sumar el concepto de sostenibilidad”, apuntó. “Las infraestructuras deben ser resistentes y durables. No se debe gastar dos veces materiales, y todo lo que requiere producirlos, porque es muy oneroso para la sociedad. Se deben incorporar nuevos materiales, adaptar lo existente, cambiar las ideas de diseño para lograr la mayor vida útil posible de las estructuras. Para las obras nuevas es más sencillo. Un gran trabajo es adecuar este concepto con las obras ya construidas”, admitió Irassar.

La industria de la construcción también deberá transformarse, para reciclarse a sí misma. “Debemos pensar en conceptos distintos sobre las estructuras. Deben tener flexibilidad y diversidad, redundancia y fallas seguras. E incluso la idea de modularidad, donde si una pieza sale de servicio sea fácilmente reemplazable sin afectar la estructura general”. También se piensa en la reutilización programada y certificada de materiales.

En la práctica, la adaptación a este nuevo paradigma será a través de nuevos códigos de construcción y condiciones de cálculo. Existe la posibilidad de incorporar créditos ambientales para las construcciones sostenibles que redundan en beneficios económicos. En Argentina, “hay planes de ciudades resilientes en Buenos Aires, Santa Fe, con planificaciones a largo plazo y fundamentalmente con convencimiento social”, subrayó Irassar. “Son ciudades más competitivas, que atraen inversiones y generan trabajo”.

“Mitigación, mejora y adaptación al cambio climático. Gran parte de nuestra acción en los próximos años tiene que ver con este paradigma. Tenemos por delante un gran desafío para encontrar la forma de vivir mejor, gastando menos recursos naturales, menos energía, y organizados socialmente y económicamente para dar respuesta a las necesidades de las comunidades”, explicó el ingeniero de la FIO.

Estos nuevos conceptos y paradigmas de la ingeniería, asociados al cambio climático y su influencia en la dinámica de la humanidad, ya están siendo incorporados en la formación de los nuevos profesionales. Es imprescindible una nueva visión sobre el desarrollo sostenible, y la FIO ya trabaja desde lo académico, la investigación, y la transferencia de conocimiento, en línea con un futuro que asegura grandes cambios. 

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