Azul: Un caso de violencia de género y posibles escenarios para el autor de un homicidio

Las pruebas incorporadas a la investigación penal iniciada luego del hecho ocurrido el pasado 28 de noviembre en una casa de Villa Piazza Norte indican que el hombre que le disparó, en al menos dos ocasiones, al ex concubino de su hija lo hizo para defender a su familia. Su actual situación procesal podría derivar en un futuro sobreseimiento o, juicio mediante, en que resulte absuelto. 

Fabián Sotes ([email protected])

Fotos: Angie Díaz Jacquot

Seguramente Víctor Ulises Nievas jamás imaginó que aquel revólver que compró años atrás, después de que lo habían asaltado en el almacén que atendía, iba a tener que utilizarlo mucho tiempo después para defender a su hija. Mucho menos, el hombre de 74 años de edad -también conocido por “Chivo”, su apodo- pensó que algún día se convertiría en el autor de un homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego, teniendo en cuenta lo que la fría letra de una calificación penal ahora indica en su caso.

Pero la realidad, que a veces suele alcanzar dimensiones inimaginables por quienes la terminan protagonizando, ha colocado al viudo y jubilado -quien jamás en su vida tuvo antecedente penal alguno- en esa situación, después del episodio que en su casa de Villa Piazza Norte de Azul se produjo en horas de la noche del pasado jueves 28 de noviembre.

Con las pruebas colectadas en la investigación penal que se está llevando adelante, hasta el momento todo señala que el accionar de Nievas estuvo enmarcado en un acto para defender a su hija y al resto de su familia de una situación que, desde tiempo atrás, tenía que ver con reiterados hechos de violencia de género. 

En ese trágico cuadro familiar, quien aparecía siempre como víctima era Zulema Raquel Nievas. Y en todos esos casos, su agresor era el hombre al que Nievas padre le terminó disparando en dos ocasiones, durante lo que fue aquel incidente ocurrido hace ya más de una semana en una casa situada en una de las esquinas de las calles Corrientes y Comercio.

Al día siguiente del hecho, cuando todavía permanecía internado Rodolfo David Mugueta, tal la identidad del herido de dos balazos en el interior de la vivienda convertida en escenario de aquel incidente, el padre de Zulema fue trasladado a Tribunales. En ese entonces el hombre permanecía en carácter de aprehendido, luego de lo que la noche anterior sucedió en su domicilio. En sede judicial Nievas fue indagado. Y teniendo en cuenta que Mugueta -el ex concubino de una de sus hijas- aún estaba con vida, lo procesaron por el delito de “homicidio agravado por el uso de arma de fuego en grado de tentativa”.

Ante el fiscal Adrián Peiretti, el titular de la Unidad Funcional de Instrucción número 13 que lleva adelante esta causa penal, aquel viernes por la tarde Nievas declaró. Y en esa audiencia estuvo asistido por Diego Fernández, el defensor General departamental. Su versión sobre lo ocurrido la noche anterior, coincidente con dichos de testigos y con otros elementos que se fueron incorporando a esta investigación penal, derivó en que ese mismo día viernes recuperara la libertad.

De la mano de la potestad que le asiste como Fiscal, y evitando trasladarle la responsabilidad de decidir sobre la situación del imputado a un juez de Garantías -algo que podría haber hecho si hubiera solicitado que a Nievas le fuera dictada la detención-, en un principio Peiretti concluyó que el hombre efectuó los disparos contra Mugueta, quien de manera violenta había ingresado en su domicilio (sorteando, incluso, una custodia policial asignada ese mismo día en la vivienda), para defender a su hija y a su nieta. Esta última, una nena de siete años que es hija de Zulema Raquel Nievas y de Rodolfo David Mugueta, quienes después de mucho tiempo de transitar por una relación marcada por esa ya referida situación de violencia de género hacia la mujer, algo de lo que en el ámbito de la Justicia ya se tenía conocimiento, se tradujo en que ella decidiera separarse unos días antes a que este hecho ocurriera.

El antecedente más inmediato

Ese jueves en que Nievas baleó a Mugueta -cuyo deceso finalmente se produjo el miércoles de esta semana que pasó, mientras permanecía internado en el Hospital Pintos y presentaba un estado extremadamente crítico de salud que no pudo superar desde que fuera ingresado al centro asistencial municipal- desde la Justicia se dispusieron dos medidas cautelares, surgidas de la mano de una denuncia que en horas mañana de aquel día formulara contra el ahora fallecido su ex concubina.

Un día antes, Mugueta había protagonizado un nuevo incidente relacionado con violencia familiar y de género, algo de lo que Nievas padre tuvo conocimiento. En el marco de aquel episodio, el hombre -que tenía 43 años de edad al momento de su deceso- intentó golpear a su ex pareja. Pero no logró su cometido, aunque terminó destrozando con una manopla los vidrios de un vehículo propiedad de un cuñado de quien había sido su concubina durante varios años.

Ese jueves 28 de noviembre, en horas de la mañana, aquella situación sucedida el día anterior se tradujo en que Mugueta fuera denunciado. E inmediatamente -desde el Juzgado de Familia que en Azul está a cargo del magistrado Federico Berlingieri- en que le fuera dictada una “perimetral”. En otras palabras, una prohibición que le impedía mantener contacto alguno por cualquier tipo de medio con su ex concubina y con los familiares de ella.

Desde la Secretaría Especializada en Violencia Familiar y de Género que está a cargo de Susana Topor y depende de la UFI 6 con asiento en Tribunales y, también, desde la Oficina de Asistencia a la Víctima, a cuyo frente está Sergio Hernández, se había tomado intervención tras aquella denuncia donde Mugueta quedó acusado del delito de daño.

Los antecedentes agresivos del hombre llevaron incluso, ese mismo día jueves, en que desde la Justicia se tuviera que pedir en reiteradas ocasiones – hasta que finalmente se consiguió- que a Zulema Nievas y al resto de su familia, teniendo en cuenta que ella, luego de separarse, se fue a vivir a la casa de su papá, le asignaran una custodia policial permanente.

Se temía en ese entonces que algo peor pudiera suceder. Y ese presagio, finalmente, se hizo real.

Dos balazos

Lo que sucedió ya es conocido por todos. Al parecer, enterado de esa “perimetral” que le fuera dictada, poco antes de las 21.30 horas de aquel ya mencionado jueves 29 de noviembre Mugueta se dirigió hacia la casa de Nievas.

Sólo necesitó caminar algunas cuadras hasta llegar a ese inmueble, ya que vivía a poca distancia de allí, en una casa sobre la calle Industria que compartió con Zulema Nievas hasta que esa tortuosa relación, fundamentalmente para la mujer, derivó en que se separaran.

Ahora se sabe que cuando Mugueta ingresó por la fuerza al domicilio de Corrientes y Comercio el panel inferior de una puerta de madera fue destrozado. Y que ni siquiera pudo impedir que se metiera de manera violenta en el domicilio de Nievas el policía que en ese entonces estaba asignado a la custodia, quien después -ante la gravedad de la situación planteada- terminó solicitando apoyo.

Para cuando los demás efectivos de seguridad llegaron a la escena del crimen, la parte más crítica de toda aquella trama ya había concluido.
Iniciada instantes antes, en un principio Nievas se encontraba en su dormitorio cuando escuchó el estallido de la puerta y después supo que Mugueta se dirigió directamente hacia esa otra habitación donde su ex concubina se encontraba con la hija de siete años de ambos. Otra nieta de Nievas, también menor de edad, se convirtió también en testigo de lo que esa noche pasó.

Los ruidos y golpes que desde su pieza Víctor Ulises Nievas escuchó hicieron que centrara su atención en lo que estaba pasando con su hija y su nieta en aquel otro dormitorio donde ambas estaban.

Conociendo los antecedentes de agresión que por parte de Mugueta su hija había sufrido, cuando decidió acudir en su defensa lo hizo munido con aquel revólver calibre 22 largo que años atrás había comprado, aunque sin cumplir con los requisitos legales para su tenencia y portación. El arma de fuego la tenía guardada en una mesita de luz, ignorando si todavía funcionaba o estaba en condiciones de ser disparada.

No bien ingresó al dormitorio donde su hija estaba, aparentemente Nievas pudo ver el momento en que el rostro de la mujer se iba poniendo cada vez más pálido, situación surgida de la asfixia a la que Mugueta la estaba sometiendo, al tomar con sus dos manos el cuello de su ex pareja y, además, sus pelos.

El padre de Zulema Raquel Nievas intentó persuadir al ex concubino de su hija para que dejara de ahorcarla. Tenía en una de sus manos el revólver, aunque aparentemente no le apuntó en un principio, teniendo en cuenta la diferencia que había entre su contextura física y la del agresor, que era mucho más grande y robusto.

Las versiones señalan que en ese momento, además de agredir a su ex concubina, ese hombre que irrumpió de manera violenta en aquella casa amenazó con matar a todos los que allí estaban. También, con prender fuego el inmueble.

Seguramente el miedo invadió a Nievas padre en ese momento. Tal vez, hasta llegó a pensar que Mugueta, al ingresar a la vivienda violando la prohibición de acercamiento y vulnerando la resistencia del policía que estaba en el lugar,  hasta podría haberse apropiado del arma de fuego reglamentaria del efectivo de seguridad, algo que después se comprobó que no había sucedido.

En medio de esos temores propios de cualquier persona que afronta una escena como la narrada, Nievas disparó en dos ocasiones. Una situación -según se presume- ocurrida cuando el ex concubino de su hija se abalanzó sobre él.

Aquella noche Roldofo David Mugueta recibió dos balazos. Uno de los disparos ingresó en su mejilla izquierda. El otro, a la altura del pecho.
Herido de gravedad, el hombre cayó el suelo, sangrando. Y casi de manera inmediata, a la casa donde este hecho se produjo llegaron los demás policías que habían sido convocados por el efectivo de seguridad que estaba de custodia en el domicilio.

Instantes más tarde, en estado crítico Mugueta era trasladado en una ambulancia al Hospital Pintos, donde permaneció internado en Terapia Intensiva hasta que el miércoles que pasó se produjo su deceso.

Uno de los patrulleros que aquella noche ingresó a la casa de Nievas por una especie de garaje fue el mismo vehículo en el que momentos después el hombre que efectuó los disparos fue trasladado en carácter de aprehendido a la Seccional Primera.

A esa comisaría también fue llevada en ese mismo móvil su hija Zulema, a quien en sede policial le tomaron una primera declaración testimonial, enmarcada en lo que empezaba a ser la instrucción de esta causa penal.

Antes de que fuera arrestado, Nievas le entregó a los policías que habían llegado a su casa ese revólver que nunca había usado antes y se vio obligado a utilizar para efectuar esos disparos en defensa de su familia.

El cambio de calificación de la causa penal que está instruyendo el fiscal Peiretti, surgido del deceso de Mugueta, implica que ahora el hombre esté procesado por un delito más grave, que contempla penas de prisión que van desde los ocho a los veinticinco años. También, que muy posiblemente durante el transcurso de esta semana que se inicia tenga que presentarse otra vez en Tribunales para ser sometido a una nueva indagatoria.

Teniendo en cuenta que Nievas no evidencia hasta ahora un riesgo procesal para el pulso de esta investigación penal que lo involucra, aspecto que tuvo en cuenta el Fiscal a cargo de la UFI 13 cuando le otorgó la excarcelación un día después a que este hecho se produjo, es muy probable que continúe en libertad.

En ese contexto, Víctor Ulises Nievas espera el desenlace de esta causa penal que lo tiene ahora como imputado de un homicidio. Algo que recién podría suceder tras la realización de un juicio, en un principio con jurados, al que tendría que ser sometido. O mucho tiempo antes, si es que se decide -teniendo en cuenta los elementos reunidos hasta el momento en esta investigación penal- su sobreseimiento de la mano de esa conducta en defensa de su familia que al parecer desarrolló aquella noche del 28 de noviembre pasado, cuando el hombre al que le disparó ingresó por la fuerza a su domicilio; vulneró una prohibición de acercamiento; redujo a un policía que estaba de custodia; amenazó con matar a todos los que estaban en la casa, inmueble que también dijo que iba a prender fuego; y después -una vez más- volvió a agredir a esa mujer con la que convivió durante varios años y de la cual recientemente se había separado, luego de que ella sufriera reiteradas situaciones de violencia de género.

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