“Soñamos con un Estado que, como la FIO, reconozca la importancia de las Tutorías”

Tutorias


Los intentos de la FIO por mejorar la situación de sus ingresantes se remontan a los años ’90. En épocas del Ing. Fabio Arrignon como Secretario Académico, ya había intentos por estudiar la articulación de los estudiantes secundarios con la Universidad, y a esa época se remiten los primeros esfuerzos por elaborar acciones que mejoraran una transición que ya se avizoraba compleja para los ingresantes. Deserción, fracasos académicos, conflictos personales, entrelazaban un panorama complejo.

El Departamento de Ciencias Básicas, destinatario de las peores consecuencias académicas que surgen de esa problemática, se ha puesto históricamente al hombro la voluntad de acción para la mejora.
No obstante, durante varios años, los esfuerzos no terminaban de conformar un programa institucionalizado y buscaban, en cambio, atacar el problema por multiplicidad de intentos.

En 2010 se llevó a cabo un Congreso en Oberá, Misiones, sobre el tema Tutorías. Allí estuvieron presentes Beatriz Boucíguez y Mercedes Suárez, quienes volvieron a la FIO con la mochila llena de ideas.
Al mismo tiempo, los procesos de Acreditación de las carreras de Ingeniería empezaron a incluir la palabra “Tutorías” en los Planes de Mejora.

Cuestión institucional

 

Lo que terminó de cerrar el círculo fue la constante participación del departamento de Orientación Vocacional, a cargo de la Lic. María Inés Berrino. Siendo una trabajadora permanente sobre el tema de la transición de los estudiantes, y sumado a la afinidad laboral con Beatriz, ambas comenzaron a imaginar un Programa integrador.

 

Las Ingenieras Isabel Riccobene y María Peralta, funcionarias por entonces de la Gestión FIO e impulsoras de la idea, le solicitaron al Departamento de Ciencias Básicas la presentación de una propuesta. El Núcleo de Investigación GIASU (Grupo de Investigación Articulación Secundario – Universidad), dirigido por Mercedes Suárez, puso manos a la obra y diseñó el Programa.

 

La inquietud estalló en los últimos años, cobrando la forma de uno de los Programas institucionales más destacados y ambiciosos de la Facultad de Ingeniería.

 

2013 fue entonces el año en el que se aprobó en Consejo Académico el Programa Institucional de Tutorías, que pasó a quedar dirigido por Berrino y Boucíguez.

 

El Programa contempla la presencia de tres perfiles: los Tutores pares, que son estudiantes capacitados previamente y con primer año aprobado; Docentes voluntarios que hagan el curso de capacitación; y Nodocentes, sumados hace poco tiempo a la causa.

 

El Programa está destinado al primer año de cursada de los estudiantes, y busca acompañar la transición de los chicos desde su secundario a la vida universitaria. La experiencia está mostrando, sin embargo, que los vínculos se extienden más allá del calendario.

La mirada general

En Argentina, las tutorías apuntan básicamente al ingreso y a la permanencia. En ese camino, en la FIO se trabaja en tres dimensiones, articulando con otros programas y acciones de la Facultad: académica, afectiva y social – institucional. Todas son importantes, aunque “a veces marcamos especialmente la dimensión afectiva, por ese acompañamiento que hace un par, al estar más cerca de las vivencias de los estudiantes y poder estar presente ante las incertidumbres, los temores, los avatares familiares o personales, lo vocacional, todo lo que provoca la migración…”, relata María Inés Berrino.

Remitiendo a un referente en sus formaciones, el francés Alain Coulon, Beatriz Boucíguez destaca la llamada “afiliación” del chico al oficio de estudiante universitario. “Se manejan dos planos: la afiliación intelectual, vinculada con la toma de conocimientos y saberes, lo que corresponde a las cátedras; y la afiliación institucional, que permite al chico manejarse dentro de los códigos propios de la Facultad. En esto, la presencia de los Nodocentes es clave”.

 

Ambas dejan claro que el Programa de Tutorías no pretende meterse en los conocimientos propios de las materias. “Un Tutor no es alguien que va a volver a explicar lo que se vio en clase”, explica Berrino. “En cambio, puede aportar en estrategias de estudio, o mediar en cómo mejorar el entendimiento de un contenido, por ejemplo”.
Amarga espera

 

“Los teóricos dicen que el mismo docente debería ser una forma especial de Tutor. Pero nosotros estamos aún lejos de eso, y el Programa va de algún modo corriendo en paralelo pero por fuera de las cátedras”, explica Beatriz Boucíguez.

 

Este ha sido un año de transición, en el que se espera que el Estado ratifique su decisión de apoyar presupuestariamente los programas de Becas, que van de la mano con las Tutorías. No obstante, las Directoras del Programa diseñan ideas alternativas para el caso que el apoyo económico no llegue. “Confiamos en que los docentes puedan incluir su participación en el Programa dentro de lo que es Formación de Recursos; eso les confiere un valor adicional a lo que es la gratificación en sí misma, que puede reforzar la atracción para que se acerquen más docentes.

 

Y para los estudiantes, la idea es que su participación les permita dar por salvada la instancia de Formación Social y Humanística”, explican.

 

Mano de obra

 

En el origen se había pensado en un tutor par cada cinco tutorados. Esta relación se ha podido cumplir con vaivenes, porque la mano de obra no siempre es la deseada, en especial cuando los estudiantes que se anotan para ser tutorados sí se mantiene en un alto número.

 

Como todo espacio en construcción, hay tensiones. “Es tan fuerte el impacto de lo disciplinar y de contenidos al inicio de la trayectoria”, cuenta Berrino, “que algunos estudiantes se sienten avasallados y consideran que lo que necesitan es tiempo para el estudio, para lo intelectual. Y nosotros focalizamos que todos los otros factores son los que después van a terminar determinando si se sostiene o no. Porque la frustración va a aparecer, al mínimo tropiezo. Yo siempre digo que nadie se va del lugar del que se siente parte, pero si no se consiguió eso el riesgo de deserción es mayor. Y todo esto genera tensiones”.

 

Boucíguez añade que “entran a jugar las personalidades de los Tutores pares, porque a veces un Tutor se siente más cómodo entrando por el apoyo intelectual que por el emocional, se tienta de volver a explicar un tema de una materia”.

Seguir soñando

“Tenemos una necesidad de espacio físico”, relatan las Directoras. “La oficina donde actualmente funciona Tutorías” (N. del R.: al lado del Auditorio) “está un poco alejada del tránsito regular de los alumnos de primer año. No vendría nada mal contar con un lugar más vinculado con el Edificio central. Los Tutores pares vienen y se instalan en los horarios estipulados, pero muchas veces los tutorados no vienen y hay que buscarle la vuelta…”.

Un aspecto importante que destacan Beatriz y María Inés, es que el Programa “es una herramienta, que no va a solucionar los problemas de permanencia y deserción. Mientras no trabajemos más colaborativamente con las asignaturas, con otros Programas; y, si soñamos un poco más, con la escuela secundaria. También soñamos con un Estado que establezca como política pública que ‘me importa que el estudiante secundario continúe su formación’. Y en ese ‘me importa’ tiene que aparecer el soporte presupuestario y de sostén de los programas. Nosotros, los actores de las instituciones, tenemos la responsabilidad de seguir soñando, reclamando y trabajando. La idea sería ‘lo comunal’. Todos somos responsables de lo que le pase al otro, y nos tenemos que comprometer”.

Tema de todos

En el Programa, sus responsables destacan, a modo de ejemplo de la interacción colectiva, que suele ocurrir que hay alumnos que abandonan la FIO, sin que eso signifique un fracaso, sino que se trata de personas que han reorientado su vocación. Eso marcaría entonces una estadística desfavorable para la FIO, porque es un individuo que deja la institución. Pero no lo es para el sistema en su conjunto porque es gente que permanecería en la educación superior.

 

“Es un trabajo artesanal”, afirma Berrino. “Y nos preocupa que los docentes de la Facultad no se sientan involucrados con un programa como este. Es algo que nos compete a todos, aunque seas un docente del ciclo superior. Porque a la larga, los procesos que podamos hacer van a redundar en mejorar la permanencia de nuestros alumnos, y esos serán los estudiantes que lleguen al ciclo superior”, reafirma Boucíguez. “Y un trabajo de apoyo en Tutorías te permite conocer a los alumnos que vas a recibir en tu materia años después. En este sentido, sería importante que Tutorías aparezca como una actividad reconocible en la Carrera Académica, porque hoy se evalúan otras actividades pero la tarea del Tutor no está reconocida en los perfiles. Esto más allá de la satisfacción que pueda proporcionarte participar del Programa, porque la idea de esto es que no salgas igual”.

 

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