Talleres Protegidos: La inclusión y el compromiso como punto de partida

Cómo se creó y cuál es el funcionamiento de Talleres Protegidos, que actualmente cuenta con 70 chicxs que encontraron en el lugar una posibilidad de inserción laboral. Palabra de su directora Rosita Muia y el sueño a cumplir de poner en funcionamiento el hogar

Sol Sraiber * Agencia Comunica / Fotos: Dante Lartirigoyen

Risas y voces de fondo se escuchan antes de llegar. Miércoles, 30º y bastó con pasar por esa puerta para que todo se centre en una sola palabra: AMOR. Talleres Protegidos de Olavarría es una entidad de bien público que se creó hace 38 años, exactamente en 1984 a través de inquietudes de 8 papás, cuyos hijos con una discapacidad terminaban la escuela laboral y no tenían donde insertarse en el mercado laboral competitivo.

Hay una ley en nuestro país y una normativa de empleo para personas con discapacidad. Se trata específicamente de la Ley 25.689 que prevé que el Estado Nacional tiene la obligación de contratar personas con discapacidad que reúnan condiciones de idoneidad para el cargo en una proporción no inferior al 4% de la totalidad del personal. Si bien esto es así desde hace más de 15 años, nunca se hizo efectivo su cumplimiento. Rosita Muia, directora y una de las fundadoras de Talleres Protegidos expresó que “todavía estamos a años luz de que se cumpla ese porcentaje del personal de personas con discapacidad. Se tendría que cumplir primero en los estamentos públicos y luego en el sector empresarial”.

Es con este objetivo que los padres se fueron uniendo a fin de incluir a sus hijxs en el mercado laboral, de poder hacerlos “parte” y que ellxs se sientan felices. Rosita Muia es un ejemplo de esto ya que su primer hijo nació con Síndrome de Down y desde ese momento hasta la actualidad sigue luchando por la inclusión y los derechos de las personas con discapacidad. “Desde mi adolescencia siempre me interesó la discapacidad, si me preguntas por qué, yo creo que Dios me preparó para eso”, contó.

En los talleres se fabrican todo tipo de envases, en papel y polietileno. Desde un sobre hasta bolsas con manija para boutiques, artesanas, casa de comidas. También bolsas de polietileno en tamaño residuo, consorcio y también tambor, y bolsitas camisetas. Se venden trapos de piso y rejillas, y prendas en telar como caminos, individuales, alfombras (fabricado por los chicos). Actualmente los Talleres cuentan con 70 operarios, algunos con discapacidad leve, la mayoría moderados y otros severos, junto con 3 supervisoras, y disfrutan de estas actividades de lunes a viernes de 8 a 14. “El principal objetivo: personas felices, que se den cuenta que su trabajo vale, viene mucha gente a buscar por suerte, y es un trabajo manual, de a uno y paso a paso”. Un deseo a futuro es poder comprar la máquina para imprimir las bolsas, que las personas presenten su logo y lo tengan impreso en ellas.

Por fuera de los Talleres se realizan actividades sociales, como por ejemplo una vez al mes en el Club Mariano Moreno realizan un baile denominado “Se armó el baile” al que concurren los chicxs de Talleres Protegidos pero también gente de afuera por ejemplo jubilados. Y también están los talleres integrados que pertenecen al área de cultura de la Municipalidad, donde asisten a pintura, teatro, danza terapia, música, etc.

Rosita Muia habla y se le ilumina el rostro. Lo hace con tranquilidad, con una sonrisa que no se borra aunque la vida la haya puesto frente a situaciones que no buscaba. Tenaz, trabajadora, armoniosa. Ese es el espíritu que se respira en la reformada y vieja casona de Talleres Protegidos, ubicada en una zona céntrica y de fácil acceso a los chicxs.

El disfrute de ellos es lo que les demuestra a la directora de Talleres Protegidos y a todo el equipo la importancia que tiene en la vida de estxs chicxs. “Me encanta que el viernes ellos digan “hoy es viernes y hasta el lunes no venimos…”, eso te demuestra que ellos están felices. No queremos chicos sentados en la cocina, todos pueden hacer algo”, comentó su directora. No sólo es gratificante el ver a los chicxs haciendo algo que disfrutan, sino que tiene disfrute doble porque por supuesto que no todo es color de rosa en la vida de ellxs, tienen problemas como cualquier persona, momentos de ira, de tristeza, de conflicto con sus familias, etc y es muy importante que en este lugar ellxs puedan encontrar la contención que quizás en sus casas no encuentren.

Todo concluye en la misma palabra: la inclusión. ¿Está presente? ¿En qué medida? ¿Qué avances hubo? ¿Qué falta por hacer? Son algunas de las preguntas que Rosita Muia respondió basándose en su historia personal y su familia. Cuando nació su primer hijo con Síndrome de Down, ella era una mamá muy joven y según sus palabras, en Olavarría no había nada en cuestión tecnológica. Incluso si bien ella se dio cuenta desde el primer momento que su hijo tenía una discapacidad, el médico le dijo que debía esperar hasta 6 o 7 meses, lo que ella vio como una locura ya que quería comenzar la estimulación cuanto antes. Luego de consultar con otro médico y confirmar que su hijo tenía Síndrome de Down, comenzaron con la estimulación en el Centro Coriat en Buenos Aires, hasta que cumplió los 20 años. “Cuando él tenía 6 o 7 meses, la doctora me dijo “ya sos una mamá fuerte y estás en condiciones de empezar a trabajar para formar un centro de estimulación temprana en Olavarría”, comentó Rosita.

Por supuesto que también ha sentido la exclusión en su hijo, y pese a que en la actualidad se encuentran mucho más integrados, ella no está de acuerdo en la manera en que se hace la inclusión, por ejemplo en el ámbito escolar. Y explicó por qué: “Las escuelas que tienen 30 chicos en primer grado, y entre ellxs a un chicx con Síndrome de Down, es imposible que esa criatura pueda ir a la par de los demás en todo, en muchas cosas tal vez los va a superar, pero cuando llega el momento del aprendizaje, por más fuerza de voluntad que tenga la docente, no le puede dedicar ese espacio que ese chico precisa”. Ella lo vivió con su hijo cuando tuvo que ir a anotarlo al jardín y la directora le dijo que no porque “los padres iban a hacer problemas y sus hijos iban a copiar las cosas que hacía mi hijo”. “Yo no quise demandarlos, le respondí que lo lamentaba por ellos, porque no sabían las cosas que tenían para aprender de él y de otros chicos como él”, contó la directora de Talleres Protegidos. Y con su característica firmeza agregó: “yo pienso que la inclusión se va a lograr el día que en un aula haya 15 chicos y haya 2 maestras para atenderlos, ahí sería una integración. Se ha progresado mucho, 53 años atrás no había nada, pero faltaría también que se cumpla el 4% de cupo laboral de personas con discapacidad”.

Camino a la puesta en funcionamiento del Hogar

Se inauguró oficialmente en octubre del año pasado, pero se empezó a gestar durante el gobierno de Helios Eseverri, en el año 2004. Durante el gobierno de José Eseverri recibieron la donación de dos hectáreas frente a La Rural, y ahí se hizo el moderno edificio, específicamente en Ituzaingó N° 250. En 2016 fue iniciada la obra y se dio por terminada en octubre de 2017, es decir que transcurrió durante tres gobiernos municipales distintos y después de mucho tiempo se hizo efectiva su creación. “Es un edificio único en la provincia, tiene todo, los baños grandes adaptados con rampas, duchador de mano, sillas adecuadas”, comentó con mucha satisfacción Muia.

La idea es que allí vivan aquellas personas que, ya adultos, no tienen familia o un espacio donde vivir, una realidad que ha crecido en los últimos tiempos. Si bien el hogar ya tiene la habilitación provincial de salud que faltaba, ahora están tratando con las mutuales porque muchos de los chicos que van a ir al hogar no tienen obra social. Están esperando respuestas del intendente Ezequiel Galli que según Rosita, mucho antes de las elecciones dijo que iban a ver la manera de que la municipalidad se haga cargo de los chicxs que tienen esa condición.

Un sueño a futuro es poder continuar la construcción y hacer un Centro de Día a la par. “Hay chicos que no pueden venir a los talleres, que egresan del centro severo de Corim y terminan sentados en la cocina de la casa, entonces en un centro de día, lo que se logra es hacer que continúen viviendo, con música, con juegos, etc.”, comentó Muia. No sólo eso sino que construirlo les daría una ventaja porque el gobierno otorga más dinero a los Centros de Día y eso permite mantener al hogar también. “Cumpliríamos dos roles: que el hogar esté en mejores condiciones y también ayudar a toda la gente que queda marginada, porque el único centro de día en la actualidad es Ilusiones”, finalizó.

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