A medio siglo del golpe militar

Opinión / Carlos Verucchi / En Línea Noticias (Twitter: @carlos_verucchi)
Mucho se habla y se discute sobre las consecuencias del golpe militar del que este martes se cumplen 50 años. Las discusiones giran en torno al número de desaparecidos, al destino de los hijos de muchos de esos desaparecidos que fueron secuestrados, a la complicidad de sectores civiles o al carácter sangriento con el que se perpetró una represión nunca antes vista en el país.
Detrás de todas las atrocidades cometidas por las Fuerzas Armadas durante aquellos años, muchas veces quedan en segundo plano las consecuencias nefastas que las políticas de Martínez de Hoz tuvieron sobre la economía.
Los sectores liberales del país y los miembros de la Junta Militar decidieron cambiar la estructura productiva de raíz, justamente por eso le llamaron a aquel período “Proceso de reorganización nacional”.
¿Cómo debe leerse esa definición? La Argentina moderna fue diseñada por los políticos de la generación del 80, sin embargo, por razones externas a nuestra economía (crisis mundial del año 30) en determinado momento aquella organización inicial debió reconvertirse forzadamente. El país adoptó una nueva política económica basada en la industrialización y en la sustitución de importaciones.
La “reorganización nacional” consistía justamente en dejar atrás las políticas del período 1930-1976 y volver a la Argentina agroexportadora. Los sectores liberales de la economía, liderados por Martínez de Hoz, buscaban de ese modo retornar al libre comercio y alinearse nuevamente con un mundo cada vez más polarizado y aceptando el rol que los poderes hegemónicos de la economía mundial nos asignaban.
Los militares, por su parte, veían con muy buenos ojos la desindustrialización del país. Sin industrias no habría sindicatos, sin sindicatos la lucha contra la subversión sería más sencilla. Es probable que en los cálculos de la Junta Militar tuvieran influencias acontecimientos como el Cordobazo, que había desbaratado el anterior intento del ejército de manejar las riendas del país. En ese momento los militares habían aprendido que no se puede luchar contra el pueblo cuando se atrinchera en las calles. Justamente por esa razón habían permitido el regreso de Perón, para aislar a los sectores más radicalizados de manera tal de que fueran presa fácil del aparato represivo.
Un cambio estructural tan importante como éste sólo podía sostenerse contrayendo deuda. La deuda externa de 7.800 millones de dólares que tenía el país en el 76 aumentó a 46.500 millones en 1983. Es decir, se multiplicó casi por 7, pasó de niveles bajos a más del 40% del PBI y llegó a representar hasta el 50% de las exportaciones.
Durante el período 1930-1976, la componente del PBI proveniente de la producción industrial había llegado al 30 %. En el año 80, es decir a mediados del Proceso de reorganización nacional, esa fracción del PBI se había reducido al 10 %. Esto es equivalente a decir que de cada tres industrias se fundieron dos.
En esos años, industrias emblemáticas como la General Motors, Peugeot, Chrysler, Siam, entre muchas otras, cerraron sus puertas en el país contribuyendo al incremento de la desocupación y a la proliferación de las denominadas “villas de emergencia”.
El cambio en la orientación del modelo promovía la apertura de importaciones, la liberalización financiera, la eliminación de regulaciones, la orientación hacia sectores primarios. Es decir, una “reinserción” de Argentina en la economía mundial basada en ventajas primarias (agro, recursos naturales).
Muchos consideran que una de las razones de la caída del Proceso fue la crisis económica. Esta afirmación es muy discutible ya que no se trató de una crisis económica sino, más bien, de una transformación estructural del modelo productivo argentino. Transformación que, por otra parte, hoy, cincuenta años después, queda a la vista que resultó irreversible.
Los gobiernos posteriores que intentaron revertirla apenas si pudieron recuperar la competitividad industrial perdida en algunos sectores específicos seleccionados estratégicamente. En la actualidad, el porcentaje de participación industrial en el PBI es de aproximadamente 18-20 %, es decir, mejoró respecto al piso alcanzado durante la dictadura, pero aún permanece lejos del 30 % de las décadas del 50 – 70.
Con el golpe, Argentina dejó de ser el país más industrializado de Latinoamérica y quedó definitivamente relegado frente a Brasil y México.
A la luz de la política económica del actual gobierno, me veo tentado a decir que los autores del Nunca Más debieron haber incluido en su famoso manifiesto un nunca más a la sumisión incondicional al poder económico global.