El Colegio de Nutricionista de la Provincia alertó por la crisis hídrica y seguridad alimentaria
En el Día Mundial del Agua, el Colegio de Nutricionistas de la Provincia de Buenos Aires alertó sobre la creciente crisis hídrica global y su impacto directo en la alimentación y la salud. La institución advirtió sobre un concepto que comienza a aparecer en los últimos informes de la ONU: la «bancarrota hídrica global», que implica que en muchas regiones del planeta se consume más agua de la que los sistemas naturales pueden reponer.

Desde comienzos del siglo XXI la disponibilidad global de agua dulce se redujo aproximadamente un 20% debido al deterioro de su calidad y a la gestión ineficiente del recurso. Aproximadamente el 75% de la población mundial vive en países con algún grado de inseguridad hídrica.
La licenciada en Nutrición Ana Laura Vera, del Colegio de Nutricionistas bonaerense, subrayó el vínculo entre agua y producción de alimentos: «Es fundamental destacar la relación directa entre agua y producción de alimentos, ya que actualmente alrededor del 70% del agua dulce disponible en el planeta se utiliza en la agricultura. Esto convierte al agua en un factor crítico para la seguridad alimentaria global».
Cuando el acceso al agua se vuelve limitado, disminuyen los rendimientos agrícolas, aumentan los precios de los alimentos y crece la vulnerabilidad alimentaria. A eso se suma el aumento de enfermedades infecciosas asociadas al consumo de agua no segura, como infecciones gastrointestinales, diarreas y gastroenteritis, que afectan especialmente a niños y generan un círculo vicioso entre enfermedad y malnutrición.
Argentina y sus glaciares
Argentina posee importantes reservas hídricas. Según el Inventario Nacional de Glaciares, el país cuenta con 16.968 cuerpos de hielo que cubren cerca de 8.484 kilómetros cuadrados, equivalente a unas 41 veces la superficie de la Ciudad de Buenos Aires. Estos glaciares almacenan agua dulce, alimentan ríos de montaña y sostienen sistemas de riego y producción agrícola, constituyendo la segunda mayor reserva de agua dulce apta para consumo humano del país, después del Acuífero Guaraní.
En un contexto en el que se debate la modificación de la Ley de Glaciares, Vera fue contundente: «El agua es el pilar invisible de la nutrición y de los sistemas alimentarios; y la seguridad alimentaria comienza mucho antes de que un plato llegue a la mesa, se inicia en el agua que permite producir los alimentos».
Sobre la dimensión fisiológica, la nutricionista explicó que «desde el punto de vista fisiológico, el agua es un nutriente esencial. Participa en la digestión, en el transporte de nutrientes, en la regulación de la temperatura corporal y en la eliminación de desechos metabólicos. Incluso niveles leves de deshidratación —entre el 1% y el 2% del peso corporal— pueden afectar el rendimiento físico, la función cognitiva y el bienestar general».
La profesional también aclaró que «cuando desde las recomendaciones nutricionales se sugiere consumir determinada cantidad de litros de agua por día, se hace referencia a agua segura, potable y apta para consumo humano».
Desde la institución subrayaron además que la responsabilidad sobre el uso del agua no puede recaer únicamente en las decisiones individuales. «La alimentación saludable no puede pensarse de manera aislada. Está profundamente condicionada por factores estructurales, entre los cuales el acceso al agua ocupa un lugar central», sostuvo Vera.
El Colegio cerró su pronunciamiento con una advertencia de alcance político: «Si bien cada acción cuenta, la verdadera transformación no depende solo de hábitos individuales, sino de decisiones colectivas y políticas que definan qué se produce, cómo se produce y a costa de qué recursos. Si la protección del agua como recurso se pone en discusión, lo que realmente está en juego no es el ambiente, sino el futuro de todos»