La vuelta a clase y porque el subir fotos de nuestros hijos es un riesgo real


Autor: Lucas Moyano, Auxiliar Fiscal Federal. Especialista en Ciberdelitos y Evidencia Digital. Autor del Libro Ciberdelitos Como Investigar en Entornos Digitales, Editorial Hammurabi.

​La vuelta a clases siempre llega cargada de esa mezcla de orgullo y emoción que nos empuja a querer compartir cada hito de nuestros hijos. Es lógico: queremos que el mundo vea cómo crecen. Pero como sociedad, debemos madurar y entender que en el entorno digital, una simple foto en la puerta del colegio puede dejar de ser un recuerdo tierno para convertirse en un mapa detallado para el delito.

​Esta práctica, conocida técnicamente como sharenting —la sobreexposición de menores en redes por parte de sus padres—, va mucho más allá de un gesto de afecto; es, en realidad, regalar un pasaporte con información crítica de nuestros hijos a desconocidos.

La anatomía de un posteo peligroso:

​Al publicar esa imagen, no solo mostramos un guardapolvo blanco o una sonrisa nueva. Estamos exponiendo, sin filtro, datos que son oro en polvo para la ingeniería social:

  • ​El escudo de la institución: Identifica el lugar exacto donde el menor pasa 8 horas al día.
  • ​Geolocalización implícita: La fachada, el cartel de la calle o los comercios de fondo permiten triangular la ubicación en segundos a través de herramientas gratuitas como Google Maps.
  • ​Rutinas expuestas: Al postear «8:00 AM, primer día», estamos entregando el horario preciso de entrada y los accesos que utiliza el niño.

​Este fenómeno es el combustible principal para que un delincuente monte, por ejemplo, un «cuento del tío» contra un abuelo o familiar. Les basta ver el nombre del niño bordado en su mochila o los útiles marcados para generar un relato de falsa autoridad o una supuesta emergencia. Peor aún, esta información facilita maniobras de grooming, permitiendo que un acosador se gane la confianza del menor simulando conocer a sus amigos o los lugares que frecuenta a la salida del colegio.

La huella digital que no pidieron

​No se trata de vivir con miedo o de demonizar la tecnología, sino de ejercer una responsabilidad digital que priorice el derecho a la privacidad del niño por sobre el deseo de aprobación social (el «like») de los adultos.

​Debemos reflexionar sobre la huella digital que estamos construyendo por ellos: datos actuales indican que la gran mayoría de los niños ya tienen una identidad en la red antes de los dos años. Estamos creando un historial de vida sin su consentimiento, lo que puede tener repercusiones impensadas en su futuro social e incluso laboral. La intimidad del menor no es propiedad de los padres; es un derecho del niño que nosotros debemos custodiar.

Guía de «Primeros Auxilios» en Ciberseguridad Escolar

​Si vamos a capturar el momento, hagámoslo con inteligencia y conciencia forense:

  • ​Enfocá el detalle, no el entorno: Una foto del niño de la cintura para arriba, con un fondo neutro (una pared lisa dentro de casa), es mucho más segura que una en la vereda.
  • ​El uniforme es un dato: Si la foto es con el uniforme, usa herramientas de edición para pixelar o tapar el escudo del colegio.
  • ​Respeto por terceros: Jamás compartas fotos donde aparezcan otros compañeritos sin el permiso expreso de sus padres. No todos quieren que la imagen de sus hijos circule por servidores ajenos.
  • ​Cerrá el círculo: Revisá quiénes ven tus historias. Tener el perfil «público» es dejar la puerta de tu casa abierta de par en par.

​La seguridad de los chicos en el mundo físico empieza, hoy más que nunca, por el cuidado absoluto de su intimidad en el mundo virtual. Nuestra responsabilidad como adultos es ser su primer gran escudo y línea de defensa.

Que tengan un gran ciclo escolar.

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