Legisladora peronista quiere cobrar una tasa por el metano que emiten las vacas en la provincia
La diputada bonaerense Lucía Lorena Klug (UxP), cercana a Juan Grabois, presentó un proyecto para crear una “Tasa Ambiental sobre el Metano” que grave las emisiones del ganado. E

Un proyecto de ley presentado en la Legislatura bonaerense desató una inesperada tormenta política y un rechazo fulminante del sector agropecuario.

La diputada Lucía Lorena Klug, de Unión por la Patria y alineada con el espacio Patria Grande de Juan Grabois, propuso crear una “Tasa Ambiental sobre el Metano en Buenos Aires (TAMBA)”, dirigida a los productores ganaderos por las emisiones de gas generadas en el proceso digestivo del ganado.
La iniciativa, que en la práctica funcionaría como un impuesto ambiental asociado a los kilos de dióxido de carbono equivalente producidos por cada establecimiento, se transformó de inmediato en un foco de controversia.
El metano responsable de la contaminación
Klug, cuyo mandato concluye la próxima semana, presentó la propuesta bajo el argumento de enfrentar “los desafíos del cambio climático”, citando inventarios nacionales que atribuyen a la Provincia de Buenos Aires un cuarto de las emisiones totales de gases de efecto invernadero del país.

Respuesta del campo
Pero el texto, que no fue acompañado por ningún otro bloque, generó una reacción inmediata del campo. La Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP) emitió un comunicado durísimo contra la propuesta. Su presidente, Ignacio Kovarsky, sintetizó el rechazo con una frase que rápidamente se viralizó: “Cobrar por respirar a las vacas no reduce emisiones, reduce producción”. Para la entidad, la tasa no solo carece de sustento técnico, sino que agrava una presión impositiva que ya consideran desmedida.
“Sumar una tasa al metano de las vacas no reduce emisiones, reduce producción, competitividad y empleo”, afirmó CARBAP en un extenso comunicado publicado en redes sociales, donde acusó al proyecto de “improvisación legislativa” y cuestionó la falta de diálogo con el sector.
Críticas opositoras
La oposición también se sumó a las críticas. El diputado provincial Luciano Bugallo (Coalición Cívica) calificó la iniciativa como un “impuesto a los pedos de las vacas”, denunciando que el proyecto es “un disparate” desde el punto de vista técnico. Según el legislador, actualmente no existe ningún método práctico ni económicamente viable para medir en forma individual las emisiones de metano de cada animal, algo que requeriría sensores permanentes, tecnología de laboratorio y estructuras de monitoreo imposibles de implementar en establecimientos ganaderos.
“En lugar de generar incentivos para producir más, se sigue inventando nuevos sujetos imponibles”, lamentó Bugallo, quien aseguró que el proyecto “se derrumba solo” por su inviabilidad.
En los pasillos legislativos, la propuesta tampoco encontró respaldo. Varios diputados de distintos bloques coincidieron en que el texto tiene “futuro parlamentario casi nulo” y algunos incluso deslizaron que Klug lo presentó como una forma de “despedida” antes del fin de su mandato. La iniciativa, aseguran, no tiene consenso político ni viabilidad técnica para avanzar.
Mientras tanto, el revuelo público ya está hecho. El debate dejó al descubierto una grieta profunda entre las demandas ambientales y la realidad productiva de la provincia. Y, en el centro, un proyecto que disparó uno de los capítulos más insólitos de la discusión legislativa bonaerense reciente.