Van a primer año de la FIO y diseñaron ascensores automatizados a escala

En un cuatrimestre, 25 estudiantes de la carrera Ingeniería Electromecánica utilizaron herramientas, máquinas, pusieron a prueba sus conocimientos y habilidades, tomaron decisiones y realizaron un trabajo que superó las expectativas académicas. La propuesta, a cargo de un quinteto docente, se dicta por primera vez en el marco de la reformulación del plan de estudios.

“Todos querían venir, todos esperaban que llegara el jueves”, cuenta el Ing. Matías Meira sobre el final del cuatrimestre mientras exhibe cinco maquetas de ascensores automatizados hechas por sus alumnos de primer año de Ingeniería Electromecánica. Maderas, instrumentos de medición, herramientas, máquinas, un puñado de cables y un soldador de estaño fueron parte del “equipamiento” académico propuesto por los cinco docentes responsables del Taller de Ingeniería Electromecánica de la FIO.

La iniciativa germinó con el nuevo plan de estudios y fue orquestada por los ingenieros Guillermo Santillán (coordinador), Fernando Benger, Matías Meira y Leonardo Ferreira da Silva más el diseñador industrial Lucas Chiesa.

“Ha sido una experiencia innovadora porque los estudiantes están en contacto con la tecnología o las destrezas que debe tener un ingeniero electromecánico. Integrados en grupos heterogéneos, alumnos con o sin experiencia previa, en un espacio de aprendizaje donde toman contacto con una experiencia que se aproxima a la realidad profesional”, destaca el Ing. Benger, poniendo en valor aprendizajes que funcionan como un imán ya desde el tramo inicial de la carrera.

Incorporaron tecnicismos que desconocían, usaron instrumentos que jamás habían visto y asumieron un protagonismo que resultó determinante desde el día uno. “Hicieron todo, desde trazar, cortar las maderas, tomar contacto con máquinas y herramientas, hasta llegar a resolver la automatización del dispositivo planteado”, describe con sensación de misión cumplida el Ing. Santillán.

Arrancar de cero

La antesala de esta propuesta fue un seminario introductorio que los docentes comenzaron en 2002 pero se dictaba en primer año y no traspasaba las fronteras de lo teórico. El propósito, ahora, es “adentrarlos en la automatización y mostrar una partecita de su profesión, posiblemente una de las más atractivas. Les damos un pantallazo y les ayudamos a que puedan, a través de esa experiencia, darse cuenta en forma temprana si eligieron bien la carrera acorde a su vocación”, cuenta con entusiasmo el equipo docente.

TALLER ELECTROMECANICA 6 crop

El eje central del taller es que cada estudiante pueda afrontar temas vinculados con instalaciones y equipos de funcionamiento electromecánico. “La idea era que pudieran integrar la mayor cantidad de recursos, aprendieran a manejar herramientas, máquinas, hasta un torno y soldador de estaño, llegando inclusive a realizar el cableado del sistema propuesto. La experiencia fue excelente. La prueba piloto salió muy bien”, valora el coordinador del equipo.

Llegaron al último día de clases con el ascensor funcionando. “Salían de Física o Matemática y acá venían con ganas. Fueron conociendo la parte eléctrica desde cero. No sabían de tensión ni de corriente. Se armaron los grupos y fueron muy compañeros, asumieron responsabilidades, roles y hubo trabajo en equipo”, observa el Ing. Benger, destacando las habilidades blandas de los/as 25 estudiantes que empezaron y terminaron la cursada.

Resignificar ese proceso de enseñanza-aprendizaje también fue un gran desafío a nivel docente. La apuesta estuvo centrada en el “saber hacer” y pudieron “meter mano para desarrollar habilidades que no necesariamente verán luego como profesionales. Nadie les va pedir que usen una amoladora o pelen cable, pero se necesita de esa experiencia táctil, manual, sensorial para entender la dinámica desde otro lado. No es lo mismo calcular una tensión cuando jamás se utilizó un tester”, ejemplifica Lucas Chiesa.

Más recursos, más proyección

Aprendieron trabajando y aplicaron los conocimientos en un proceso concreto. Por eso, ver los resultados fue gratificante para cada estudiante pero también para este quinteto docente que decidió ir por más. Hubo momentos únicos, como aquel día en que “había que meter mano y las primeras en hacerlo fueron las chicas… En 5 minutos estaban con una máquina en la mano”, graficó el Ing. Fernando Benger.

Cada jueves, durante tres horas, se fueron especializando en el diseño y “fabricación” de ascensores. “Hicimos automatizar en lógica dura, con componentes no tan vistos en automatización industrial. En la próxima edición vamos a incluir un componente que sí van encontrar el primer día en su vida profesional, una computadora de proceso (Controlador Lógico Programable) existente en el control de un montacargas real, sobre el cual los alumnos podrán experimentar las primeras nociones y aprender a programar”, adelanta el Ing. Guillermo Santillán.

Este puntapié académico no solo entusiasma sino que además sirve para proyectar y ampliar los objetivos de base. “Será un desafío conseguir recursos para comprar insumos” y “la expectativa es que si alguna empresa que tiene instrumentos, cables o materiales en desuso no tenemos problemas en recibirlos. Quizá no es un salto importante desde lo empresarial pero sí para nosotros”, explica Benger.

La premisa siempre fue y sigue siendo disponer de “equipamiento didáctico que asemeje lo más posible al ámbito industrial. En el Departamento de Electromecánica disponemos de Laboratorios donde los alumnos pueden estar en contacto con máquinas reales, así como una celda robotizada que dispone, aplicando el mismo concepto, de un robot industrial asociado a componentes y dispositivos didácticos”, precisa Guillermo Santillán.

“Buscamos acercar a la situación real. Acá se enseña excelente teoría pero planteamos ir a una línea intermedia donde se logre potenciar ese conocimiento básico yendo de la teoría a la práctica”, añade Lucas Chiesa.

Otro enfoque

No hay dudas de que ampliar los recursos materiales y contar con más insumos los habilitaría a tener otra proyección. No obstante, sienten que este cuatrimestre vale oro. “El entusiasmo y la voluntad de los chicos es algo que nos motiva a todos”, señala en el cierre de la charla el Ing. Matías Meira.

Los cinco coinciden y celebran. Sienten que recuperaron energías y recrearon la pasión por la docencia además de poner a prueba su capacidad de asombro. “Rompen con lo duro. Una de las soluciones para la automatización se le ocurrió a un grupo y nosotros no lo habíamos pensado así. Fue sorprendente. Tuvieron otro enfoque que se sale del mundo industrial, generaron una solución particular que resolvía la lógica de funcionamiento del montacargas didáctico, pusimos en valor dicha iniciativa, aceptamos y permitimos que lo apliquen, pero siempre complementando con conceptos que les deje claro qué es lo que industrialmente se aplica”.

En la última clase se activaron los cinco ascensores, luego de que cada grupo realizara una exposición oral junto con un Power Point, maquetas, gráficos y terminología ingenieril, contando el paso a paso de este Taller de Ingeniería Electromecánica que superó las expectativas docentes, el cual muy gratamente cierra con un aprobado tanto para los/as 25 estudiantes como para el quinteto docente.

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