La dramática agonía de los productores acosados por el abigeato frente al Barrio CECO I: «Pensamos en retirarnos»

En la franja periurbana de Olavarría, a escasos metros de las viviendas del Barrio CECO I y a lo largo de la prolongación de la calle Pellegrini hacia la zona del country, la producción ganadera se encuentra al borde del colapso definitivo. En ese rincón donde el campo se funde con la ciudad, la delincuencia nocturna impuso un régimen de terror e impunidad que no da tregua. Los ataques de abigeato, que se repiten con una precisión cronométrica a razón de al menos un episodio por mes, arrastraron a los productores a una encrucijada desesperante: abandonar la tierra que han trabajado durante años o contemplar en silencio la destrucción de su patrimonio. En el lugar de los hechos, el periodista Jorge Scotton dialogó para En Línea Noticias con Francisco Franco, Lorenzo Esteberena y Jorge Gómez, tres vecinos golpeados por una ola delictiva que parece no tener freno.

Un golpe demoledor al bolsillo y la renuncia forzada a la producción

El cuadro económico que atraviesan las familias del sector es sencillamente devastador. Las sangrientas incursiones delictivas acumulan un perjuicio que destruye cualquier posibilidad de sustento. Con la voz embargada por la impotencia, el productor Francisco Franco le puso números al desastre: «Son grandes las pérdidas y, al no parar, uno se tiene que retirar; estamos hablando de 30 a 40 millones fácil». La escalada violenta alcanzó su punto más crítico durante el último mes, mediante un raid delictivo sin precedentes en la zona. «Hace un mes, el 15 en la noche, se llevaron 10 y dejaron uno ahí en el campo. En la noche del 16 volvieron y mataron muchos, no se llevaron casi nada. Y el 16 de este mes volvieron y se cargaron animales preñados que estaban por parir, de un valor mucho más grande, sumando la totalidad de 33 animales», detalló Franco, describiendo la parálisis productiva que sufren: «Son 200 hectáreas las que hoy en día no se pueden usar exclusivamente para la ganadería».

La impunidad de la noche: cuadrillas organizadas, balazos y alambres destrozados

Lejos de responder a hurtos menores por necesidad, el modus operandi revela el accionar frío y metódico de verdaderas bandas organizadas que actúan como patrullas de asedio en la penumbra. «Estas cosas las hacen de a 4, de a 6, no es uno solo», remarcó Franco. El escalofriante testimonio de Lorenzo Esteberena expuso la logística desgarradora con la que operan los cuatreros: «Pasan por un rastrojo, medio de la tardecita se asientan, se acampan un rato hasta ver dónde se echan las vacas. En la noche, tipo las 10 o las 12, cuando está todo tranquilo, cortan los alambres, van para donde están las vacas y tiran (Tiros); si pueden voltear voltean». El rastro del saqueo queda grabado en el barro: «Son tipo cuadrilla, capaz que son como 8 por ahí; vemos los rastros claritos de los carros, la bicicleta, los de a pie y hasta las pisadas de los perros». La indignación de los vecinos frente al abandono queda en evidencia en los accesos destrozados: «Tenemos roto como 500 metros de alambre entre todo que no lo arreglamos para que vengan los periodistas a ver lo que pasa acá. De noche es una fiesta: andan todos caminando con carro, qué llevan, qué traen… nosotros no podemos saber».

Miles de kilos de carne robada y la sombra de un mercado negro impune

La cantidad de carne sustraída en cada incursión delata la existencia de un engranaje comercial clandestino de gran escala, dotado de estructura y logística frigorífica. «Se llevan las paletas y los cuartos, como 3.000 o 4.000 kilos de carne. Tiene que haber un vehículo de apoyo que en la calle no se ve, pero los carros sí los sacan», advirtió Franco. Lorenzo Esteberena coincidió de forma categórica: «Tiene que ser para venta, alguien está metido en eso. La sacan en carrito con bicicleta, pero la tienen que buscar en camión, camioneta o con carro porque son cualquier cantidad de kilos, tienen que tener una cámara frigorífica». Inconsolables por la falta de avances, los propios damnificados tuvieron que reconstruir la huella de la impunidad hasta las puertas de la zona urbana: «Yo lo llevé al mismo que me tomó la denuncia hasta donde llegan los rodados. En una cuadra y media está todo lo que es parte de la carne, entre Calle 2, el puente de hierro en la Pringles y Avellaneda», denunció Franco.

El grito de auxilio ignorado: abandono municipal, policial y judicial

Frente al constante acoso de los delincuentes, los productores sienten que las autoridades les han soltado la mano por completo. Las promesas vacías del Municipio encolerizan a los damnificados: «Tuvimos un encuentro con el Intendente, lo citamos, él no vino y mandó a su gente. El tema es poner cámaras en La Rioja y Pellegrini y en Calle 2, y un poco de luz; de parte de él no hemos tenido ni una novedad ni se ha acercado en nada, y nos gustaría que nos cite a nosotros porque acá los impuestos se pagan», reclamó Franco. El repliegue de la fuerza pública no es menor: «Antes se patrullaba y ahora han sacado los móviles, no andan; se desliga Patrulla Rural con la Comisaría Segunda y no anda ni uno ni otro». El peregrinaje burocrático rozó el absurdo cuando Esteberena intentó radicar una exposición: «Fui a hacer la denuncia y no me daban mucha importancia; me tuve que volver porque estaban los alambres rotos y se me salían las vacas para la calle. Falta más seguridad». Tampoco la Justicia ofrece respuestas: «Los allanamientos que se han hecho no han tenido éxito, no han encontrado nada», lamentó Franco, denunciando el desmantelamiento de los peritajes: «Científica ya no se encarga más de eso; lo hace el mismo que te toma la denuncia que viene y saca unas muestras».

La resignación final de los dueños de la tierra

El desgaste físico, emocional y económico llegó a un punto límite donde la continuidad de la labor ganadera se torna inviable. Apoyando cada palabra de sus compañeros de lucha, Jorge Gómez se sumó al desgarro colectivo de quienes ven morir el trabajo de toda su vida. La sentencia final de Lorenzo Esteberena resume la tragedia de la inseguridad rural en Olavarría: «Hay que pensar en retirarnos por el momento, aunque seamos dueños de los campos acá, de las vacas, del pasto y del agua, pero hay que retirarnos porque no estamos muy lejos de que la semana que viene siga pasando lo mismo y no tenemos respuesta de nada».

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